OPOSICIÓN CABAL

El próximo 20 de julio se instala el nuevo Congreso de la República, el mismo que se encargará de legislar y adelantar control político a la administración de Petro durante el cuatrienio 2022-2026. El escenario político nos muestra una alineación de la mayoría de las fuerzas electorales al amparo del Acuerdo Nacional promovido por el presidente electo. Un acuerdo politiquero y burocrático que pretende alcanzar las mayorías parlamentarias y hacerlas orbitar alrededor de la mermelada clientelista de la Casa de Nariño. En esa realidad, dominada por la izquierda progresista, surge una figura, la senadora María Fernanda Cabal, quien está llamada a ser la voz de medio país, del 50% que no comulga con el socialismo del siglo XXI, la internacional progresista de Foro Sao Paulo y el Grupo de Puebla, y no están dispuestos a ceder un centímetro de su libertad.

La definición de una nueva derecha, bronceada por la derrota y huérfana de liderazgo, genera las condiciones propicias para que «La Cabal» emerja en el parlamento colombiano como la «Pola» de la democracia moderna y los derechos y valores de una ciudadanía temerosa por la incertidumbre mesiánica y sus derivadas preocupaciones: improvisación en la conducción del Estado, inseguridad jurídica, aumento del riesgo país, disminución de la inversión y desmembramiento del aparato productivo.

La senadora, respaldada por casi doscientos mil votos, debe asumir su rol de salvaguarda de una oposición cabal, propositiva y reflexiva, para defender la Constitución y el Estado de Derecho del riesgo del autoritarismo y el exceso del unanimismo del congreso que danzará al ritmo del falsete llamado “Acuerdo Nacional”. En el sentido alegórico y simbólico, María Fernanda será la Virgen de la Roca de Da Vinci en el centro de la vorágine del nuevo padecimiento nacional: la izquierdopatía y su metástasis.

Tendrá otra responsabilidad la política vallecaucana, llevar a cabo la reingeniería de su partido, el Centro Democrático, una colectividad tullida por el reumatismo de Duque y el ocaso del gran colombiano, que, sumados a la debacle y la polarización de la campaña electoral, demandan una labor de orfebrería y un sacudón para interno para consolidarse como una fuerza política con vigencia y opción de poder cuando cese la oscura noche. Para lograr ese objetivo, la doctora María Fernanda deberá emprender, con convicción democrática, una cruzada en los medios de comunicación, en las redes sociales, en los territorios y en el congreso, la discusión de los grandes temas nacionales y denunciar los despropósitos y desaciertos de un gobierno riesgoso para la estabilidad del país. Si esa estrategia es liderada con la inteligencia que la caracteriza, la vehemencia de sus argumentos y la moderación de los epítetos y símiles de su discurso, se posicionará como la figura presidenciable con mayor destello en el firmamento electoral de 2026.

Para esa labor patriótica, contará con escuderos de gran talante intelectual y coherencia ideológica como los senadores Paloma Valencia y Miguel Uribe, con quienes ha de conformar la «primera línea» de la oposición en el congreso, un Cerbero que sirva de guardián de la democracia en las puertas del Hades. Si tienen éxito, estos hirsutos combatientes ideológicos aglutinarán las fuerzas de la derecha dispersas, entre otras causas, por el requiebro electoral, el abrazo de perdón social ofrecido por Rodolfo a Petro y la implosión de una Coalición de la Esperanza, diezmada además por la absorción de algunas facciones por el Pacto Histórico.

Varios temas determinarán la agenda y los retos de la oposición bajo el liderazgo de la doctora Cabal, a saber: (i) la «democratización» de la propiedad privada; (ii) la reforma de los ejes axiales de la Constitución vía constituyente como la modificación del período presidencial; (iii) la reforma tributaria para gravar el patrimonio de los colombianos y cambiar las reglas de juego a la inversión extranjera directa (IED); (iv) la reforma al sistema de salud y al régimen de pensiones; (v) el intervencionismo de Estado y la separación e independencia de las ramas de poder público; (vi) la reducción de la fuerza pública y el control territorial; (vii) acabar el ESMAD y la politización de la Policía Nacional, y finalmente una tarrea vital, (viii) ejercer férreo control político a las arbitrariedades del Acuerdo Nacional.

Unos de los grandes debates con el cual se estrenará la oposición en el congreso será el análisis del Informe de la Comisión de la Verdad y su puesta en escena como plataforma ideológica y ruta de navegación del nuevo gobierno. Un informe que, como lo ha mencionado la senadora Cabal, representa la «deconstrucción de la historia por parte de la Comisión y el enfrentamiento entre la historia y la memoria bajo el manto encubridor de la impunidad a las FARC». Un informe donde, además, se invisibiliza a las víctimas de la narcoguerrilla mediante su no acreditación ante la JEP y se disfraza la paz como el «acceso al poder de la izquierda radical y la lavandería de la memoria del conflicto como premisa para invertir la realidad y crear un imaginario que culpa al Estado de todo y por todo».

 

Arcesio Romero Pérez

Escritor afrocaribeño

Miembro de la organización de base NARP ASOMALAWI

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