¿PADRE MÍO? NO, PADRE NUESTRO

Padre nuestro, así comienza la oración que Cristo nos enseñó, sin embargo, aunque muchos solemos repetirla constantemente, a veces se nos olvida justo eso, que es “nuestro”, de todos, no de unos cuantos.

En Juan 3:16 dice que, de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

Bajo ese pasaje bíblico, podemos asegurar que Dios ama desde la persona más santa a la más pecadora; cuando envió a su hijo a morir por nuestros pecados, no lo hizo con la intensión de salvar a algunos cuantos, sino a todos, es ahí en ese “todos”, que estamos tú y yo, las personas que amamos y nos aman, también las personas a las que no queremos y no nos quieren, incluso aquellos que nos han herido grandemente.

Cuando alguien nos ofende, normalmente nos acercamos a Dios pidiendo justicia y, no nos mintamos, algunos acudimos a ese famoso versículo que dice: “Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor”, nos aferramos tanto a esa palabra que muchas veces no tomamos justicia por nuestra propia mano, pero sí pedimos con fervor que Él salga en nuestra defensa, avergüence a nuestros enemigos y, en efecto, que tome venganza y le haga justicia a nuestra causa.

Cierto es que Dios es justo, que avergüenza a los que se enaltecen y que pone en orden todas las cosas, eso hace parte de las tantas promesas que encontramos en Las Escrituras, pero no olvidemos que también nos llama a perdonar.

Ir a la cruz a buscar consuelo por las ofensas no está mal, implorar a Dios justica, tampoco está mal, todo lo contrario, en el Salmos 34:19, Él promete al justo librarlo de todas sus aflicciones y en Salmos 44:7, dice que nos salva de nuestros adversarios, y avergüenza a los que nos aborrecen; pero allí frente a esa misma cruz que simboliza, entre tantas cosas, el consuelo que buscamos en Jesús, también tienen acceso nuestros enemigos. Ahí, en los brazos de Jesús donde buscamos ser consolados y restaurados, podemos fácilmente encontrarnos frente a frente con nuestros ofensores, quienes también tienen acceso a Dios, a través de su Hijo para ser perdonados.

Por eso, no te afanes pidiendo justicia, deja que Dios le extienda su misericordia a tus enemigos, esa misma misericordia que le pides cuando eres tú quien ha ofendido a otros; pedir a Dios que vengue nuestra causa, pero cuando nosotros hemos sido los pecadores le pedimos nos perdone y trate con amor, es una petición egoísta. ¿Por qué pedir corrección frente a los pecados de otros, pero pedir piedad respecto de los pecados propios? Peor que eso, ¿Cómo pedir a Dios bondad cuando a veces le quitamos el control de algunas situaciones y tomamos justicia por mano propia? Cuando esta actitud egoísta y soberbia tome asiento en nuestro corazón, recordemos, primero que Dios nos ama a todos y segundo y no menos importante recordemos aquel versículo que dice: “Porque tal como juzguen se les juzgará, y con la medida que midan a otros, se les medirá a ustedes” (Mateo 7:2)

ORACIÓN: Señor sé que eres un Dios justo, pero también sé que eres bueno y misericordioso, por eso te pido que me ayudes a perdonar a mis enemigos a tal punto que yo pueda extenderles a ellos el mismo perdón y misericordia que te pido, cuando he sido yo quien ha pecado. Tú nos amas a todos, enséñame a entenderlo no solo en mi mente, sino en mi corazón. Tú tratas de manera personal con cada uno de tus hijos, sea que decidas tener misericordia o corregirnos, cualquiera, sin duda es por amor a nosotros. No solo te pido el perdón y la salvación de mi alma, también te pido un corazón que perdone y pida por la salvación de todas las almas, aun la de aquellos me han ofendido. Amén

Jennifer Caicedo

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