PELEA DE GALLOS

Guardo especial admiración y reconocimiento por aquellos paisanos de mi Provincia que tienen la capacidad de reinventarse, especialmente cuando la vida les ha mostrado un túnel oscuro como única salida. Y entonces se ven precisados a tomar decisiones vitales, como inevitable medida de supervivencia.

Muchas familias de La Guajira no lograron salir de la vorágine de violencia que se impuso de manera intensa y salvaje en las décadas del 60 y 70. Para entonces, la costumbre atávica de resolver los conflictos por cuenta propia en un entorno de absoluta ausencia de justicia y una generalizada conducta de reacciones primarias, nos hizo vivir una época de terror y zozobra que nunca quisiéramos que se volviera a repetir. Para entonces, resultaba común observar a muchos hombres de buen corazón y proceder transformarse en guardianes de su propia honra e integridad, por conflictos que muchas veces no tenían origen claro y que algunos recibían de sus mayores como un ineludible legado de odio y venganza.

El caso de Pedro Segundo Mendoza, mejor conocido en la región como “El Joven” Mendoza, ilustra muy bien la situación descrita. Un hombre con herencia de trabajo y de modales decentes, de repente se ve envuelto en conflictos que le signaron su destino. Fueron muchas las emboscadas que la muerte le hizo a Pedro Segundo, quien con una sorprendente habilidad y proverbial sentido de supervivencia logro evadirlas en muchas ocasiones, hasta que, en 1985, en su finca de La Pena, en el sur de La Guajira, sus enemigos lograron su cometido. Allí termino la leyenda del ultimo pistolero de renombre que hizo valer la defensa propia como un mecanismo de supervivencia.

Su familia tenía la opción de continuar la furia depredadora de la extinción y la venganza o de rectificar el rumbo de la vida. Mirando el balance de la decisión tomada, hoy vemos complacidos que el poblado de El Hatico de los Indios, hermoso paraje enclavado en las laderas de la Sierra Nevada de Santa Marta, en jurisdicción de San Juan del Cesar, ya no es la inexpugnable fortaleza de algunas familias que la usaban como guarida para preservar sus vidas, sino que se ha convertido en un bucólico y apacible asentamiento de gente trabajadora, pacifica, honrada y hospitalaria.

La decisión de sus hermanos Helda, Dasai, Aristides y Aurora de emigrar a la ciudad de Providence, la capital del Estado de Rhode Island, el más pequeño de los 50 Estados que conforman la Unión Americana, le cambio la vida a toda la familia. Allí se radicaron para transformar de manera positiva el rumbo de una familia marcada por las huellas de la violencia, pero con los suficientes arrestos de decencia, honor y empuje para desmarcarse de ese pasado tiznado de muerte y de dolor.

Entre tanto Reyita, la mujer de Pedro Segundo Mendoza, no desmayo en la tarea de educar a sus 4 hijos.  Ana María se hizo Administradora Financiera, Claudia estudio Instrumentación Quirúrgica, María Ángela obtuvo su Título de Doctora en Medicina y Álvaro, el menor, se fue con sus Tíos a explorar el mundo en los Estados Unidos, con quienes obtuvo el apoyo para montar, entre otros negocios, una empresa de Servicios de Construcción con mucho éxito. Y para completar la faena, Álvaro se propuso, después de varios años de trabajo en Estados Unidos, estudiar en Colombia y obtener su título de Abogado. Una autentica oda a la superación.

En diciembre de 2008 Álvaro Mendoza llego de Estados Unidos a disfrutar sus vacaciones en Colombia. Se reunió con sus amigos de siempre, les conto sus experiencias de vida, sus logros empresariales y muchos otros aspectos de la cotidianidad. Sus amigos estaban extasiados, escuchando sus historias. Para un Provinciano, siempre es motivo de curiosidad imaginar a otro Provinciano viviendo en esas lejanías. Le hacían muchas preguntas. Que si era verdad que en Estados Unidos las casas eran de cartón. Que si comían sancocho de chivo y de gallina, que si las hamburguesas de allá eran iguales a las de aquí… etc, etc.

De repente uno de sus amigos le pregunta:

  • ¿Y tú hablai Ingles…?
  • Si, le contesto Álvaro.
  • ¡Habla pue…!
  • ¡No hoooombe…! Que me voy a pone a habla yo solo. ¡Coge juicio…!
  • Yo creo que tu no hablai na de Ingles. ¡Nos estai es metiendo cana…!

La charla continuaba girando sobre temas misceláneos y uno de los amigos salió a proveerse de Whisky, pues la interesante tertulia había logrado agotar el lubricante etílico con el que amenizaban su encuentro.

En otro extremo del pueblo, mi hijo Carlos Orlando Cuello también disfrutaba una noche de tertulia decembrina en pleno corazón de la Plaza de Bolívar de San Juan del Cesar con sus amigos Jesús Lamus, Nicolás Daza, Jose Daniel Cuello y Luis Jaime Acosta. Era un “combo” diferente al “combo” de amigos que acompañaba a Álvaro Mendoza. Pero al reconocer amigos comunes, el encargado del abastecimiento etílico se detuvo a saludar. Carlos Orlando también habia emigrado a Estados Unidos nueve años antes, cuando tenía 9 años de edad. Allí ha vivido y estudiado desde entonces. Y fue presentado al visitante ocasional. Se brindaron un trago y luego de una corta charla, se percató que Carlos Orlando residía en Estados Unidos y que estaba en Colombia de visita. La coincidencia lleno de emoción al nuevo amigo y la pregunta siguiente fue directa y sin ambages:

  • ¿Y tu hablai Ingles bien…?
  • ¡Si claro…!
  • Bueno… No se vayan a move de aquí, porque ya mismo es que les vamos a cae aquí en la Plaza. ¡Ya vengo…!

El muchacho arranco a toda velocidad con la intención de cumplir su promesa lo antes posible. Y cuando llego donde su “combo” de amigos, quienes esperaban ansiosos la nueva botella de licor que remplazaría a la extinta, desafío directamente a su amigo Álvaro:

  • ¡Bueno…! Ahora mismo es que se va a ve la fruta que purga al Mono. Ya mismo es que vamos a sabe si tu hablai o no hablai Ingles. ¡Ya te tengo tu Gallo…! Ya mismo nos vamos pa’ la Plaza, que alla nos está esperando.

El “combo” de Carlos Orlando seguía tranquilo en la Plaza de Bolívar en amena tertulia de amigos y ya se habían olvidado del visitante reciente que media hora antes los había dejado con la promesa de volver. De repente, dos automóviles estacionan cerca del Parque y se bajan 10 personas presurosas de ambos vehículos. Eso parecía un desembarque con intenciones avasallantes. Se acababa de producir una verdadera invasión repentina y bulliciosa.

Los invasores venían armados con dos botellas de whisky y de un temple tuqueco dispuesto a dirimir una duda calcinante. Rápidamente tomaron una posición envolvente para no perderse ningún detalle del colosal encuentro que iban presenciar de inmediato. El amigo de Álvaro Mendoza lo increpo y le dijo de manera contundente:

  • ¡Bueno… Aquí está el hombre…! ¡Ahí tenei tu Gallo…!
  • Salúdense, preséntense y hablen. ¡Pero que sea en Ingles…!

Todos los presentes guardaban expectante silencio, esperando que los contertulios comenzaran su charla en idioma anglosajón. Carlos Orlando rompió el hielo y le sirvió un trago a su nuevo amigo:

  • ¿Do you want a drink…?
  • ¡Yes, of course. Nice to meet you…!

Ambos dejaron discurrir un trago por sus gaznates…y siguieron su charla en Ingles, como querían sus amigos.

  • ¿Qué dijeron ahí…? Ahora los que estamos perdios somos nosotros. ¡Y no va a habe manera de sabe lo que estan hablando…!

La charla se prolongó por más de una hora. Carlos Orlando y Álvaro charlaban en Ingles y los otros contertulios especulaban sobre los temas tratados. A los quince minutos de estar escuchando la conversación ya no decían “Échalo ahí” … sino que brindaban el trago a sus amigos diciendo: “Do you want a drink…?”

La Luna Sanjuanera que iluminaba esa noche decembrina hizo el milagro de sellar una amistad que aún se mantiene indeleble con la impronta característica de la lealtad que se practica en la Provincia. Ellos constituyen la nueva generación de Guajiros que le hacen honor a su territorio y a sus ancestros.

¡Que Dios siga bendiciendo a Colombia…!

Orlando Cuello Gámez

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