Polarización Política, Volcán de Odios

La política es el arte de servir a los demás, pero se mal interpreta en oportunismo personal, para adquirir, abarcar y apropiar; derechos y bienes, de interés general y colectivo, para desdibujar el termino democrático, que caracteriza la política pública popular, opacada con corrupciones y avaricia. Han concebido la política, contraria a sus principios, para ejercer funciones, atribuciones y facultades; en poderes e instituciones; en: contratar, ordenar, hacer y deshacer; lo que venga en ganas en procura de beneficios particulares.

La polarización política, se origina de contradiciones, disputas y colisiones; de intereses mezquinos, en la que participan de manera, sectarias, radicales y desbordas en odios; dos o más partes; con cúmulos de fanáticos, que desatan: ofensas, ataques verbales, amenazas y terrorismo. Los pensamientos políticos de los partidos, se carcomieron, están a la deriva, sin direcciones, en las rutas, caminos y metas; que transitan, sin estabilidad lógica estructural, que garanticen confianza y seguridad. Cada quien, aprovecha la ocasión, para recoger cosecha de corrupción, que se generan, en poderes y mandatos, distribuidas y esparcidas, entre participantes, de primera, segunda y demás.

La polarización política en Colombia, es la razón justificada, de las formas y condiciones, de un estado paupérrimo y desastroso, desprotegidos y al acecho, de la delincuencia, de cuello blanco, saco y corbata, bandas criminales y demás delincuencia común. Las esperanzas en las tendencias de ideología, izquierda y derecha, son ninguna, como tampoco existe en las orientaciones religiosas, cuyas iglesias están politizadas y amarradas, con los corruptos, que tienen contaminado a sus aliados y seguidores, con aportes económicos, de dudosas procedencias. De nada sirve elegir gobernantes, de una u otra, tendencia, por dedicarse más a perseguir y castigar, que a gobernar y la oposición, enfrascadas en: diatribas y denuncias, pero sin propuestas alternativas concertables. Quienes gobiernan toman el poder público, como propiedad privada, lo que resulta abusivo, atornillándose para asumirlo como poder, único y exclusivo, sosteniéndose con recursos económicos, que produce la entidad pública. Lo curioso es que cuando los opositores ganan, es muy poco lo que cambian, las expectativas y transformaciones, que pregonan y prometen, en campañas políticas, precisamente por la recuperación de inversiones electorales y las ganancias, que persiguen, con prácticas de corrupción, en el periodo de gobierno, tocando repetir mañas, irregularidades e ilícitos; que antes cuestionaba, al gobierno sustituido. De ahí, que el presidente que elijan, bien sea, entre el que diga el expresidente Álvaro Uribe, en representación de la derecha y el de la izquierda, que puede ser Gustavo Petro o cualquier otro; en polarizado ambiente odioso, no es más que pérdida de tiempo, retraso en proyecciones y desarrollo, por estar enfrascados, en “dime que yo te diere” frente a unos seguidores fanáticos ciegos, atormentados de pasiones y emociones desatinadas, oscurecidos de reflexiones, ofendiéndose e irrespetándose mutuamente, con calumnia, injurias y epítetos.

A raíz de la detención del senador y presidente, Álvaro Uribe Vélez, han explotados reacciones diversas, por quienes se consideran inmunes e intocables. Del lado contrarios, lanzan proliferaciones “memes” caricaturas y chistes sarcástico, alusivo a la contraparte, para sacarlos de casillas y hacerle, perder los estribos, por la flexibilidad y debilidad, en resistencia y comportamiento sensible, ahogados por soberbia, despistada que se transforma en irracional. La expresiones y términos, “mamertos” “Castrochavista” y “paraco” conforman parte del léxico odioso, recurrentes en confrontaciones públicas, de lo que quieren gobernar este país, atizados por fuerzas oscuras, internas y externas, que interceden e intervienen, con la venia de actores políticos nacionales, buscando apoyo internacional, para enfrentarse desde expresiones y manifestaciones verbales, hasta acciones armadas.

El pueblo en uso de la soberanía, en calidad de constituyente primario, es quien puede decidir, descolgándose de quienes no hacen, ni dejan hacer, en disputas de intereses, favorecimiento y beneficios personales. De alinearse a cualquiera de los bandos, que nos tienen atrofiados y frustrados, de por vida, durante gobiernos desde antaño o de aquellos que han tenido oportunidades y ha resultados, inferiores, a intenciones y propuestas, comprometidas, seguimos igual, de mal en peor. No tenemos novedades que esperar, seguir aguantando, las saturaciones y comentarios negativos, que alimentan y nutren, chismografía y brollos, divulgados y compartidos, en medios de comunicaciones y redes sociales. Sin lograr un gran acuerdo nacional, de partidos y organizaciones: políticas, religiosas, gremiales, social y comunitaria; con participación, indiscriminada, incluyente y libre de odios; no se podrá mejorar el ambiente polarizado y caótico, que vivimos, por causa de Partidos político, que no garantizan credibilidad, transparencia, ni eficiencia; porque están pringados de corrupción. La Constituyente, sin acuerdo previó, es un fracaso o termina en dictadura, como en Venezuela.

 

Martín Barros Choles

Abogado E Investigador Documental

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