QUE NUEVA NORMALIDAD NI QUE NÁ’

Esa madrugada me levanté con Nueva energía y mucha esperanza, por fin regresábamos a clases presenciales, con un dejo de preocupación por mi salud, superado por la alegría del reencuentro con los compañeros y estudiantes, sobre todo de conocer en persona a mis pequeñitos del grupo que dirijo: 6⁰4, con los que habíamos interactuado por llamadas y videos, pero no es igual a verlos en persona.

Llegar ver a los chicos con más de media cara cubierta, fue el primer impacto, solo a algunos de los que les había dado clases años atrás les podía reconocer un poco más fácil, a otros con la voz, y a los que siempre fueron calladitos, (Es decir, la mayoría, porque son Wayuú) tocaba pedir que mostrarán por un segundo el rostro sin saber si hacía bien. Están enormes, les ha cambiado la voz a muchos varones, las chiquitas de 6⁰ hace año y medio, ahora están en 8⁰ y son unas mujercitas formadas. Algunos desordenados se aplicaron y otros se desordenaron. Pero la mayoría callados.

El segundo choque con la realidad fue encontrarnos los compañeros de trabajo y no podernos abrazar, algunos somos abrazadores y no hacerlo fue debastador, mi alma clamaba por abrazar a Yesica, Cristian Nolberto, Edson, Yoharis, Edilma, Josefa, Mirian, Danellys, a todos.

Debo decir que no había tenido tanta necesidad de abrazar a alguien, desde que moría por un abrazo de mi papá y me fui a dárselo, a él y a mis hermanos, sobrinos, cuñados.  Llegar al colegio y saludar a mis colegas de codo o puñito después de año y medio sin vernos, no fue fácil, fue aún más difícil con Yesica, Danellys y Edilma, no me contuve y las medio abracé.   Ver a Luis Enrique me sobrepasó, es mi amiguito desde que inició en 6⁰, ya está en 8⁰; quise abrazarlo y tuve que meter freno de mano, es un niño, no se ha vacunado, es wayuú, si le pasa algo no solo me va a doler en el alma, sino que habrá consecuencias.  Quise correr hacia él, halarle la oreja, sentarnos juntos, compartir merienda y agua, ver videos en  mi celular,  tomarnos selfies y subirlas de estad cómo siempre; me tocó conformarme con oírle gritar Seño Noralma Peralta Jusayú!  ¡Se me aguaron los ojos!!   Le pregunté por Zulian, su amor desde que la vió el primer día en clases de 6⁰ grado. “Extraño a Zullian seño, no quiere venir”. Vi esa miradita suspirar.  “Yo también la extraño”.  Le dije.   No pude evitar tomarnos una selfie y subirla, con todas las medidas, claro está.

Charlie, entró en recreo como siempre, a saludarme, esta vez de lejos, oh! mi corazón se rompió, él siempre llegaba, me abrazaba y me daba un beso en la mejilla. “Mi niño amado!!” le dije con emoción, no pude ver si dulce sonrisa, pero sus picaros ojos me decían que ahí estaba. Algo me dijo en wayuunaiki, que traduce: “te extrañé mucho”. Un nudo se me hizo en la garganta, creo que a él también; salió del salón de prisa.

Nunca había sido tan consciente de la realidad de la que escapamos por más de año y medio, cómo en esta semana. Volvimos a las aulas, pero no volvimos a la normalidad. Tengo solo a la mitad de los estudiantes en clases, están callados, ausentes, asustados. Mis compañeros maestros están igual que yo, asustados, pensativos, estresados. Estamos frente a un enemigo terrible, violento pero silencioso e invisible. ¿Nos preguntamos qué pasará? ¿Cómo afrontaremos está nueva realidad? La mayoría de nuestros estudiantes son Wayuú, no se han vacunado, llegan a clases con dolor de cabeza, con fiebre, con gripa, normal como si no estuviésemos en pandemia. y nos alarmamos!  Solo podemos decir: “Salvamos Dios!!”.

El tercer impacto ha sido repetir la misma clase catorce veces, en vez de siete, porque los grupos están divididos en dos, aunque por el tamaño de los salones deberíamos dividir en tres grupos para que en verdad queden con el distanciamiento que requieren, claro que así daría la clase veintiún veces. Todo se duplicó, clases, evaluaciones, todo. Realmente creí que la prespecialidad me iba a permitir trabajar más descansada, (la virtualidad es 24/7) pero ahora tengo que esperar dos semanas para poder terminar un tema y evaluarlo, las evaluaciones deben ser orales todo el tiempo, no debemos compartir papeles, no podemos hacer actividades lúdicas de movimiento, no trabajos en grupo en clase, todo debe ser individual; el tiempo se hace más corto en clases.

El viernes pasado entramos en shock, dos estudiantes con fiebre y malestar, nos dijeron que su cuñada, que las había visitado la semana anterior, estaba en la clínica bastante mal con Covid-19, las enviamos a casa y les explicamos el protocolo qué debían seguir, encendimos las alarmas, les hicimos seguimiento el fin de semana. El lunes al saber que seguían igual, les instruimos para que se hicieran las pruebas, llamamos a su EPS, y les ofrecimos recursos para viajar a hacerse las pruebas, la respuesta fue que sus padres no se lo permitían y que más bien las regañaron por haber dicho en el colegio que se sentía síntomas, según ellos eso era pura flojera para no ir a clases. Cundió el pánico, estamos a expensa de una cultura que ignora los riegos, que no sigue los protocolos.  Otra vez clamamos: ¡Dios mío guardamos!! Y es la frase recurrente en nuestros labios, porque cada día nos toca llamar a los padres para que vengan por sus hijos con síntomas.  Preocupados por la situación reunimos a los padres para sensibilizarlos e instruirlos, con la esperanza que el comportamiento cambie.

El impacto más grande lo sufrí el miércoles en la reunión con los padres de familia, con el cuerpo directivo y docentes. Dirán que soy una llorona, pero no pude evitar las lágrimas en varias ocasiones.  ¡Oh por Dios!! Mi alma se conmovió al escuchar a Patricia, la mamá de Yaelis: “Yo no he perdido un familiar en la pandemia, cómo le he escuchado a varios de ustedes, pero si se lo que es perder un hijo y no quiero cargar de nuevo con ese dolor que nunca se supera, no quiero que mi hija enferma se contagie. El gobierno nos está obligando a que enviemos a nuestros hijos a las aulas, no hay más opción que la presencialidad, ¿pero quiero que se pongan la mano en el corazón y me digan si aquí hay garantías para mi hija que sufre de plaquetas bajas? Yo amo a mis hijas porque son dos, pero tengo que cuidar más a la tiene una enfermedad que la hace débil, ante ese maldito virus.   Esté que es mi colegio, porque yo estudié aquí, ya puso su cuota de muerte por Covid, con la Seño Olga, Dios la tenga en su gloria, y con ella basta, porque aún nos duele. Esos del gobierno como que no tiene hijos, y si los tienen no les importan, ¿Cómo van a exigir regreso a la presencialidad sin garantías? ¿Cómo nos ponen entre la espada y la pared, o viene o no estudian?  Me da mucho miedo enviarla, si mi hija se contagia, puede que no aguante el virus, y ya yo sé lo que duele perder un hijo.”  Dijo Patricia, mientras todos los asistentes dejábamos correr las lágrimas por nuestras mejillas.  “No sé qué hacer, el gobierno está obligando a que nuestros hijos vengan al colegio, pero ni en los buses, ni en los salones hay distanciamiento, aquí no hay agua, ni condiciones biosanitarias, los niños son niños y es difícil evitar que se acerquen.   También me duele mucho oír a mi hija decir que quiere venir a reencontrarse con sus amigos y profesores, ella me dice que no quiere perder su año, yo quiero pedirles que me ayuden, no quiero que mi hija se enferme o peor aún, que se muera. A mí el gobierno no me va a devolver a mi hija si le pasa algo, Dios me la guarde, y también quiero que estudie.” Suplicaba Patricia, mientras nos preguntábamos ¿Qué hacer? Hemos decidió seguir manejando esos casos especiales de manera virtual.

Seguramente este año seguiré imaginando la cara sonreída de José Enrique y Charlie, quizá seguiré asustada junto a mis compañeros, desarrollando estrategias y tácticas para cuidarnos los unos a los otros. No sabemos que traerá el tiempo, la vida ya no es igual y me temo que ya no lo será más. Estamos ante una nueva normalidad, que jamás nos parecerá normal. “Que nueva normalidad ni que na’!!” digo yo cuando pienso, que no puedo abrazar al profe Acisclo, el más asustado de nosotros por sus comorbilidades, que, a sus 62 años, pide gritos cariño, me tengo que conformar con responderle el saludo de puño y decirle “Yo también lo quiero mucho Profe” al escucharle está mañana decir “La quiero mucho profesora Noralma, usted sabe que es mi novia en silencio”.

Noralma Peralta Mendoza

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7 comentarios de “QUE NUEVA NORMALIDAD NI QUE NÁ’

  1. Rosa Paulina Peralta Mendoza dice:

    Mi negra… cada vez que te leo afloran sentimientos, risa,nostalgia, alegría 😂hoy sentí dolor, impotencia 😢ruego a Dios por tu protección, las de todos los docentes ,estudiantes y la del mundo 🌎 entiendo lo que vives al no poder abrazar, lo vivo con frecuencia , no es nada fácil. Te amo 💖

  2. Victoria Dolores dice:

    Una columna que refleja la realidad del sector educativo, de obliga lectura para el MEN Gobernaciones, Municipios, Directivos Docentes Padres de Familia … ojo a la jugada

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