Hay gente que tiene una relación muy complicada con la muerte, a Elvis Presley lo declararon muerto hace casi medio siglo y todavía aparece alguien diciendo «Yo no sé, pero mi tío lo vio en una estación de gasolina»; a Juan Gabriel lo declararon muerto y todavía hay quienes están convencidos de que un día aparecerá diciendo «¿Pero qué necesidad? ¿Para qué tanto problema?»; a Michael Jackson murió y, desde entonces, cualquier señor flaco que camine con sombrero por una calle oscura de Hollywood termina siendo objeto de investigación internacional; a Pablo Escobar lo mataron en un techo, pero todavía aparece algún primo, vecino, excompañero o experto en conspiraciones asegurando que vive en una finca secreta criando gallinas y ahora, señoras y señores, Colombia ha estrenado su nueva teoría ¡Bendito Menor no cayó… porque políticamente no conviene que haya caído!
¡TAN PUN DAM! ¡Cayó el Menor! pero no, para algunos eso no puede ser tan sencillo porque resulta que el hombre que durante años fue perseguido por las autoridades, que tenía órdenes de captura y era señalado como cabecilla de una estructura criminal, terminó muerto en un operativo en Riohacha y ahora viene la parte más entretenida de todo esto porque en Colombia hay quienes han desarrollado una capacidad mental digna de estudio científico.
Cuando el gobierno que apoyaron capturó algún delincuente decían «¡ESTAMOS HACIENDO HISTORIA!» como hicieron con su propio amigo Olmedo López, pero como si lo captura el gobierno que no apoyo «Eso ya estaba planeado desde el gobierno anterior», ¡joda, que vaina! Si el delincuente cae «No es para tanto», si no cae «¡El Gobierno es un fracaso!» como ya lo vienen diciendo las granjas de bots sobre la política de seguridad del nuevo gobierno, es decir, el resultado tiene que pasar primero por la calculadora ideológica porque ya no basta con preguntar «¿Qué pasó?» ahora hay que preguntar «¿Quién estaba gobernando cuando pasó?» ¡Y dependiendo de la respuesta, cambiamos de opinión!
Si un criminal se burla del Estado durante años, reta a las instituciones, se vuelve famoso en redes sociales y nadie logra capturarlo, entonces tenemos un problema, pero si finalmente cae, también tenemos un problema. El problema, al parecer, es que cayó en el momento políticamente incorrecto ¡Qué vaina tan complicada!
Usted puede ponerle encima una tonelada de hechos, documentos, fotografías, informes, testimonios y hasta traerle al propio delincuente para que le diga «Compadre, estoy muerto», y él responderá «Sí, pero hay que mirar el contexto» ¿QUÉ CONTEXTO? ¡El hombre cayó! ¡TAN PUN DAM! claro, yo entiendo que la situación es emocionalmente difícil, es apenas obvio que algunos seguidores del gobierno anterior están atravesando las famosas cinco etapas del duelo.
Primera etapa: la negación. «Eso no pasó»; Segunda etapa: la duda «Bueno, sí pasó, pero no sabemos exactamente qué pasó»; Tercera etapa: la explicación creativa «Eso ya estaba listo desde hace cuatro años»; Cuarta etapa: la rabia «¡Pero no le den crédito al nuevo Gobierno!»; Quinta etapa: la aceptación, esa todavía está en trámite posiblemente fue radicada, pero está pendiente de revisión y uno entiende la situación porque reconocer que algo ocurrió después de varios años sin conseguirlo puede producir una molestia terrible, una especie de urticaria ideológica, un dolor en el ego, una inflamación del argumento, ¡Una Petroalergia política!
Lo que está ocurriendo con la llegada de Abelardo De La Espriella al poder representa, más allá de la controversia política, un cambio de concepción frente a la seguridad, su gobierno parte de una premisa sencilla pero contundente, el Estado no puede renunciar al ejercicio legítimo de la fuerza cuando organizaciones criminales desafían su autoridad, extorsionan a la población, controlan territorios y convierten la violencia en una herramienta de poder. La caída de alias Bendito Menor, a menos de un mes del inicio de esta administración, no demuestra por sí sola que la nueva política de seguridad sea exitosa, porque ningún gobierno puede resolver en 26 o 28 días un problema que lleva décadas incubándose, pero sí constituye una señal política inequívoca, cambió la prioridad, cambió el lenguaje y, sobre todo, cambió la relación que el Estado pretende establecer con quienes utilizan las armas para desafiarlo. El propio Presidente ha dicho que la seguridad no es un asunto accesorio, sino una condición indispensable de la libertad, y que el Estado tiene la obligación de recuperar los espacios que el crimen pretenda arrebatarle a la ciudadanía.
Con lo anterior se puede dilucidar lo que está pasando, pues precisamente allí es donde aparece el contraste con la llamada Paz Total del gobierno de Gustavo Petro; después de cuatro años, la Fundación Ideas para la Paz concluyó que esta política dejó más costos que ganancias y señaló fallas importantes en su diseño institucional y jurídico, además de advertir que los grupos armados llegaron a fortalecerse y fragmentarse durante el proceso. El problema no fue querer buscar la paz; nadie sensato puede estar en contra de la paz, sino que, en demasiados momentos, la negociación pareció avanzar mientras los grupos armados conservaban capacidad para extorsionar, reclutar, asesinar y controlar territorios; la Paz Total terminó enfrentando una paradoja difícil de explicar, mientras el Estado ofrecía espacios de conversación, algunos criminales parecían interpretar la conversación como tiempo adicional para fortalecerse.
Ahora, tampoco nos volvamos locos, que un nuevo gobierno obtenga un resultado no significa que todos los problemas de seguridad de Colombia desaparecieron por arte de magia, tampoco significa que el país ya se convirtió en Suiza, que los criminales van a entregar las armas voluntariamente o que mañana podemos dejar el carro abierto con las llaves puestas ¡No exageremos! pero tampoco cometamos la estupidez contraria, pretender que un resultado no es un resultado porque no nos gusta quién estaba sentado en la silla presidencial cuando ocurrió; eso es lo verdaderamente preocupante, pues estamos tan divididos políticamente que ya ni siquiera celebramos los hechos, solo se hacen dependiendo de quién pueda sacar provecho de ellos.
Quizás lo más curioso es que estamos repitiendo la historia de aquellos personajes que oficialmente murieron y que algunos se niegan a aceptar, Elvis Presley, Juan Gabriel, Tupac, Pablo Escobar siguen vivos y ahora parece que algunos quieren crear el club colombiano de los muertos que políticamente incomodan porque para ellos no es que Bendito Menor esté vivo, no, es que su caída todavía no puede ser reconocida oficialmente por el Ministerio de la Conveniencia Política, entonces habrá que esperar tal vez dentro de unos años aparezca una nueva teoría que no murió sino que fingieron su muerte, que está en una finca con Juan Gabriel o que Elvis es el encargado de la música en el baile que organiza Michael Jackson y en el que Pablo Escobar está a cargo de la logística.
Mientras tanto, en el mundo real, ocurrió un operativo en Riohacha y murió un despiadado criminal, eso está confirmado ¡TAN PUN DAM! ¡CAYÓ EL MENOR!
Adaulfo Manjarrés Mejía

