TIENES EL EGO MUY ELEVADO

Esas fueron las palabras que recibió Paola en una conversación que tuvo con su amiga Luz, Paola estaba muy molesta que por poco le cuelga. ¿Cómo así que tengo el ego muy elevado? ¿Acaso me has visto mirar a otros por encima del hombro? ¿Alguna vez me has escuchado alardear por mis logros? ¿Alguna vez has notado que me jacto de algo en esta vida? ¿Cómo dices tú eso? Reprochó Paola.

Luz es de esas amigas honestas que muchos quieren tener, pero que casi nadie valora porque a la hora de mostrarse honestas se ofenden. Cuanto necesitamos rodearnos de personas que nos hablen de frente y no a nuestra espalda, que nos digan la verdad en la cara y no solo aquello que queremos escuchar.

Aun molesta, Paola decidió seguir hablando con Luz, pero a medida que fue escuchando los argumentos de su amiga, toda su molestia se fue convirtiendo en reflexión. Sus palabras fueron las siguientes:

“Jamás te he visto mirar a otros por debajo del hombro, nunca te he escuchado alardear ni que te jactes de nada en esta vida, pero si te he escuchado hablar de lo mucho que te ofende el actuar o el decir de otras personas, guardas resentimiento y te cuesta mucho perdonar. Eso es así porque tienes un alto concepto de ti misma, crees que, porque das lo mejor de ti, los demás están obligados a hacer lo mismo y eso no es así. Los demás tienen el derecho de ser como quieren ser, de decir lo que quieran decir, pero solo tú puedes decidir cómo sentirte. No digo que seas de piedra y no sientas; cuando tú quieres a alguien es apenas lógico esperar que te quieran; cuando tú estás siempre para otro, te gustaría que ese otro también esté siempre para ti cuando lo necesites. Tu lealtad, amistad, amor, generosidad, todo lo bueno que eres y/o das quizás merezca ser correspondido; pero no siempre será así. Quien hoy te quiere, mañana puede dejar de hacerlo, los amigos no siempre son leales, los favores no siempre se pagan con favores. Sí, te va a doler; pero si Dios habita en ti y tú en Él, comprenderás que todos somos libres de ser y hacer lo que queremos, que Dios no nos llamó a guardar rencor sino a perdonar. No se perdona de un día para otro, pero si puedes evitar resentimientos mientras tu corazón sana, que tu corazón ofendido esté por encima del llamado que todos tenemos a perdonar es justo lo que te hace tener el ego elevado, cuando entiendas que toda tu ofensa se debe a tu ego lastimado, dejarás de culpar a los demás por cómo te sientes y créeme, sufrirás menos”.

Rodaron lágrimas por las mejillas de Paola y pensó que quizás su amiga tenía razón. No podemos controlar lo que hacen, piensan o sienten los demás. Dios nos dio libre albedrío, libertad con la que muchas veces lo ofendemos, no correspondiendo a su amor y fidelidad y dándole la espalda siempre que queremos, a veces hasta sin darnos cuenta; sin embargo, Él siempre está ahí, dispuesto a ayudarnos cuando lo pidamos, a acompañarnos cuando nos sentimos solos, a consolarnos cuando lo necesitamos. Esa libertad de decidir cómo ser, cómo comportarnos, qué decir, qué callar, qué querer y qué omitir, es de todos. Si alguien decide darnos la espalda y no corresponder a nuestros sentimientos, eso nos dolerá, así como a Dios le duele cuando nosotros lo hacemos con Él; pero perdonar a esas personas como Él lo hace con nosotros, no insistir en la ofensa, es lo que muestra que nuestro ego está sano.

Debemos tener claro quiénes somos, cuánto valemos, nuestras virtudes y nuestros defectos y ser felices con ello. Debemos reconocer que, así como a nosotros nos han ofendido, nosotros también hemos ofendido a otros, todo ofendido alguna vez ha sido ofensor. Las ofensas hacen parte de la vida sea que se hagan involuntariamente o con toda la intensión y estamos llamados a perdonarlas para que Dios perdone las nuestras (Lucas 6:37).

Dar una respuesta suave puede calmar el enojo, pero una respuesta áspera puede subir el furor (Proverbios 15.1)

Si la ofensa es muy grave, buscar ayuda no está de más, una ofensa grave incluso una pequeña ofensa puede terminar en una tragedia si no se sabe manejar ni se le pone alto desde el principio.

La historia contada es real, los nombres fueron cambiados para proteger la intimidad de las protagonistas.

Oración: Señor, quiero ser de esas personas que no se ofenden con facilidad, ayúdame a pasar por alto las ofensas y de esa manera evitar contiendas, discusiones, pleitos o divisiones. Enséñame a responder con suavidad o no responder en caso de ser ofendido (a). No permitas que mi corazón se endurezca en contra de nadie, ni que mi corazón espere nada de nadie, que todo lo que yo haga sea de corazón sabiendo que la recompensa viene de ti. Hoy decido perdonar a (digo sus nombres), me duele, pero no quiero insistir en esa ofensa, por tanto, te pido que me sanes y que pronto, si vuelvo a recordar, eso ya no me afecte. Amén

Jennifer Caicedo 

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2 comentarios de “TIENES EL EGO MUY ELEVADO

  1. Alexander Maestre dice:

    Excelente escrito. Con un lenguaje liviano que invita su lectura hasta el final y a la vez con una reflexión profunda sobre el significado del ego y el perdón.

    A pesar de su juventud la columnista muestra sabiduría de vida. De esa sabiduría que muchos hoy necesitamos.

    Son articulos que dejan un mensaje, una enseñanza, un significado que vale la pena apreciar e interiorizar.

    Gracias por la nota.

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