“Los descendientes de Judá se acercaron a Josué en Guilgal. El quenizita Caleb, hijo de Jefone, pidió a Josué: «Acuérdate de lo que el SEÑOR le dijo a Moisés, hombre de Dios, respecto a ti y a mí en Cades Barnea. Yo tenía cuarenta años cuando Moisés, siervo del SEÑOR, me envió desde Cades Barnea para explorar el país y con toda franqueza le informé de lo que vi. Mis compañeros de viaje, por el contrario, desanimaron a la gente y le infundieron temor. Pero yo me mantuve fiel al SEÑOR mi Dios. Ese mismo día Moisés me hizo este juramento: “La tierra que toquen tus pies será herencia tuya y de tus descendientes para siempre, porque fuiste fiel al SEÑOR mi Dios”. »Ya han pasado cuarenta y cinco años desde que el SEÑOR hizo la promesa por medio de Moisés, mientras Israel peregrinaba por el desierto; aquí estoy este día con mis ochenta y cinco años: ¡el SEÑOR me ha mantenido con vida! Y todavía mantengo la misma fortaleza que tenía el día en que Moisés me envió. Para la batalla tengo las mismas energías que tenía entonces. Dame, pues, la región montañosa que el SEÑOR me prometió en esa ocasión. Desde ese día, tú bien sabes que los anaquitas habitan allí y que sus ciudades son enormes y fortificadas. Sin embargo, con la ayuda del SEÑOR los expulsaré de ese territorio, tal como él ha prometido».” Josué 14:6-12 NVI
En estos días he estado sintiendo un cansancio que no es habitual en mí, falta de energía, pereza, ganas de no hacer nada y en algunos momentos, incluso desánimo. Tratando de encontrar una explicación lógica, concluí que probablemente es la llegada de la peri – menopausia y los cambios propios de esta etapa de la vida de una mujer, sin embargo, al poner esta sensación delante de Dios, recibí su respuesta por medio esta palabra.
Incluso sentí que Dios me hacía una pregunta: ¿Vas a permitir que esta etapa determiné tu actitud frente a la vida?
Porque una cosa es reconocer que nuestro cuerpo cambia, que atravesamos diferentes ciclos, que debemos cuidar nuestra salud y prestar atención a las señales de alerta; y otra muy diferente es asumir que esos cambios implican que debemos renunciar a nuestra pasión, a nuestros sueños, a nuestro propósito o a todo eso que todavía queremos lograr.
Meditando en esto pensé: ¡Esto es cuestión de actitud! El ser humano naturalmente debe enfrentar etapas en su ciclo de vida; en el caso de la mujer los cambios hormonales y demás variaciones que llegan con la edad, pero más allá de eso, la forma en cómo enfrentamos cada etapa dependerá de la actitud o postura que cada uno adopte frente a ellas.
Esta palabra habla de Caleb, uno de los 12 espías enviados a Canaán cuando tenía 40 años, diez de ellos regresaron atemorizados y desanimaron al pueblo, pero Josué y Caleb fueron capaces de mirar aquella misma tierra desde una perspectiva diferente. Aunque ellos también vieron gigantes, ciudades fortificadas, evidenciaron los obstáculos que traería conquistar ese territorio, decidieron creer que Dios era más grande que eso y esa decisión marcó su historia.
Por esta hazaña, Dios le prometió a través de Moisés: “La tierra que toquen tus pies será herencia tuya y de tus descendientes para siempre, porque fuiste fiel al SEÑOR mi Dios”.
Caleb entonces, pidió que le dieran la región montañosa de Hebrón. No obstante, a sus 85 aún no había recibido lo prometido y le recuerda a Dios su compromiso. Cuarenta y cinco años después, Caleb se presenta ante Josué con ochenta y cinco años y hace algo que me confrontó, no pidió que le asignen un lugar cómodo porque ya estaba viejo, sino que pidió una montaña para conquistar.
Me llama la atención la actitud de Caleb al decir, “Estoy tan fuerte hoy como cuando Moisés me envió a esa travesía y aún puedo andar y pelear tan bien como lo hacía entonces.”
Este hombre no usó la edad como una excusa, él se seguía sintiendo fuerte para pelear por el cumplimiento de su promesa, no permitió que su edad se convirtiera en una limitante sobre lo que todavía podía hacer. Y aquí está lo que me desafió personalmente, Caleb tenía 85 años y todavía estaba hablando de conquistar y yo tengo 45 y a veces me siento agotada antes de comenzar.
Realmente, esto me hizo pensar, que, aunque debemos reconocer nuestras necesidades físicas y cuidar nuestro cuerpo, mente y emociones, también necesitamos revisar qué está pasando con nuestra actitud, disciplina, enfoque y determinación. Porque, aunque podamos atravesar una etapa difícil, siempre podemos decidir que no vamos a rendirnos.
Hay que reconocer que, todas las etapas de la vida inevitablemente traerán cambios, el cuerpo, las responsabilidades, nuestras prioridades, todo cambia. Entonces, tenemos dos elecciones: podemos dejar que una etapa nos haga creer que ya no somos capaces o más bien preguntarnos ¿Qué podemos lograr con las fuerzas que aún tenemos?
Tal vez, no tengamos las mismas condiciones de hace diez o veinte años, pero eso no significa que no podemos seguir creciendo, aprendiendo, sirviendo, trabajando, creando, soñando y conquistando.
De hecho, la madurez también puede traer algo que no teníamos antes, experiencia, discernimiento, conocimiento, sabiduría y una mayor conciencia de quién es Dios. Por eso, no podemos concebir las etapas desde aquello que estamos perdiendo, sino, más bien preguntarnos ¿Qué podemos construir desde aquí?
Lo cierto es que, levantarnos cada mañana, avanzar, seguir trabajando por nuestro propósito con entusiasmo y pasión, no rendirnos ante el cansancio, volver a intentarlo después de una decepción, mantenernos enfocados cuando las circunstancias nos dicen que abandonemos, requiere determinación y no estoy hablando de una actitud positiva, sino de una actitud de confianza basada en saber quién nos da la victoria.
Caleb no pensó: “La montaña es fácil.” Él sabía que los Anaquitas estaban allí, que las ciudades eran grandes y amuralladas, pero dijo: “Con la ayuda de Dios, voy a conquistarla.”
Esa es la diferencia, nada es fácil en esta vida, ¡todo requiere esfuerzo! Las cosas no se dan simplemente con que desearlas, para conquistar algo necesitamos disciplina, enfoque y pasión.
Disciplina para hacer lo que debemos incluso cuando no tenemos ganas.
Enfoque para no desperdiciar nuestra energía y tiempo en aquello que nos aleja del propósito.
Y pasión para seguir creyendo que todo es posible, porque cuando perdemos la pasión, comenzamos a vivir en automático, nos levantamos, cumplimos obligaciones, resolvemos problemas y volvemos a empezar al día siguiente.
Por supuesto, hacer pausas, descansar y pedir ayuda también es sabio, cuidarnos forma parte de administrar bien la vida que Dios nos ha dado. Porque, indiscutiblemente, la determinación no significa maltratarnos ni ignorar nuestros límites; significa no rendirnos.
También implica reconocer que no caminamos con nuestras propias fuerzas, Dios ha depositado en nosotros su poder a través de su Espíritu Santo, para avanzar hacia su propósito. No se trata de negar el cansancio ni de ignorar los procesos, sino de no permitir que esto tenga la última palabra.
No por nada, en Job 22:28 encontramos esta promesa: “Determinarás asimismo una cosa, y te será firme.” Qué lindo es entender que, determinarse no es solo desear algo; es tomar decisiones y sostenerlas con fe, acción y perseverancia, porque cuando decidimos avanzar, aun en medio del cansancio, Dios puede fortalecer nuestras manos para seguir construyendo eso que ha puesto delante de nosotros.
Entonces ¿Cuál es nuestra excusa para conquistar?
Si Caleb hubiese convertido sus ochenta y cinco años en una excusa, probablemente habría pedido una tierra más fácil de conquistar o no hubiera reclamado nada. Caleb me recuerda que todavía podemos tener algo que conquistar por delante.
Tal vez nuestra montaña hoy no sea una ciudad amurallada, tal vez sea comenzar a ser disciplinados, volver a soñar, comenzar un proyecto, cuidar nuestro cuerpo, fortalecer nuestra relación con Dios, restaurar una relación, terminar algo que dejamos a medias o simplemente volver a levantarnos con ilusión cada mañana.
No permitas que una etapa se convierta en una barrera, si Dios hoy te ha dado vida, es porque todavía hay propósito, sueños que perseguir y hay algo que esperar. Hoy te invito a que, como Caleb, podamos decirle a Dios: “Dame mi montaña”

