SANTIAGO ZÁRATE CAMPUZANO: LA HUELLA DE UN LÍDER QUE NO PASÓ EN VANO

Hay silencios que pesan más que las palabras. Barrancas lo sabe. Lo supimos el día en que despedimos a Santiago Zárate Campuzano, porque no fue solo una familia la que lloró, fue un pueblo entero el que sintió que algo se apagaba. Cuando una iglesia se llena hasta no caber un alma más, no es por protocolo ni por formalidades: es porque la vida de quien se va tocó muchas vidas.

Santiago, “Chagito”, fue de esos hombres que no necesitaban levantar la voz para hacerse sentir. Su liderazgo nacía de la cercanía, de la conversación franca, del compromiso asumido sin promesas vacías. Fue exconcejal de Barrancas y ocupó distintos cargos de impacto comunitario, pero más allá de los títulos, entendió algo esencial: el servicio público no se ejerce desde el escritorio, sino desde la calle, desde la escucha, desde el respeto por la gente.

En Carretalito, como en muchos rincones olvidados, dejó una huella que no se mide en obras visibles, sino en confianza. Defendió a las comunidades cuando era más fácil mirar hacia otro lado, y lo hizo sin estridencias, con convicción y sentido humano. Por eso hoy su ausencia duele: porque hacía falta, porque era de los que estaban.

Pero Chagito también fue un hombre cotidiano, de gestos simples y presencia constante. De esos que saben estar sin estorbar, que aconsejan sin imponer y que acompañan sin hacer ruido. Su casa, su mesa y su palabra siempre estuvieron abiertas. Quienes compartieron con él saben que su grandeza no estaba solo en lo que hacía por los demás, sino en cómo hacía sentir a quienes lo rodeaban. En un mundo acelerado, él tenía tiempo.

Fue un hermano leal para mi mamá, Fanny Zárate. Entre ellos existía ese vínculo profundo que no necesita explicaciones. Pensar que hoy la vida los reúne nuevamente es una idea que consuela, aunque no borre la tristeza. Fue esposo, y la partida de Ana Tulia Masson marcó un antes y un después en su vida. Aun así, nunca permitió que el dolor lo volviera indiferente. Siguió dando, escuchando, aconsejando, incluso cuando el corazón dolía.

Si algo definió a mi tío Santiago fue el amor por sus hijos. Diana Zárate fue su orgullo más grande, su alegría diaria, la razón de muchas de sus sonrisas. A ella le queda un legado que pesa y abriga al mismo tiempo: un nombre limpio, respetado y querido, y la certeza de haber sido profundamente amada. A Sergio Zárate, desde la distancia, le queda el abrazo sincero de un pueblo que supo despedir a su padre con el honor que merecía.

También es justo reconocer a quienes entendieron el valor de esa vida entregada al servicio. Al alcalde Vicente Berrardinelli, a la administración municipal y al presidente del Concejo de Barrancas, Jaider Soto Gámez, mi gratitud por el sentido y merecido homenaje rendido en el Concejo Municipal. Ese gesto no fue solo institucional; fue humano, necesario y profundamente justo.

Hoy Barrancas y Carretalito no solo despiden a un exconcejal. Despiden a un hombre bueno, a uno de esos que no pasan en vano. Y aunque el silencio que deja duele, también enseña. Porque su legado no morirá: vive en la gente que defendió, en las conversaciones que dejó sembradas y en el ejemplo de servicio honesto que nos corresponde cuidar.

Hay personas que, incluso después de irse, siguen marcando el camino. Y mi tío Santiago Zárate Campuzano es una de ellas.

Vuela alto, tío Chagito.

Víctor Mendoza Zárate

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