DONDE LA HISTORIA BAILA CON NOSOTROS

El pasado viernes bailé. Bailé con mis hijas, bailé junto a mi tía, bailé con la memoria de esta ciudad latiendo en cada golpe de tambora. Y entendí que el desfile Francisco J. Brito no se recorre: se siente, se honra y se vive con el cuerpo entero.

El nombre que lo inspira tiene raíces profundas. Francisco J. Brito fue una de las figuras más representativas del Carnaval de Riohacha a comienzos del siglo XX. En 1918 tuvo la idea de escribir un bando cargado de sátira y crítica sobre los acontecimientos del año, y en febrero de 1919 lo leyó públicamente recorriendo las calles con su atuendo característico. Así nació una tradición que, más de cien años después, sigue marcando el inicio de nuestras fiestas.

Brito entendió que el carnaval no era superficialidad. Era identidad. Era una forma de decir quiénes somos, incluso cuando las circunstancias son difíciles.

Hoy no fueron acordeones los que marcaron el ritmo. Fueron las bandas y las tamboras. El sonido profundo del tambor no solo marcaba el compás; marcaba pertenencia. Cada redoble era un llamado a la memoria, una afirmación de nuestra raíz caribe y guajira.

Mientras bailaba, miraba a mis hijas sonreír, descubrir, apropiarse de una tradición que ahora también les pertenece. A mi lado, mi tía testigo de tantos carnavales llevaba en sus pasos la experiencia de quien ha visto a Riohacha transformarse sin perder su esencia.

En medio de tiempos complejos, cuando tantas veces hablamos de miedo e incertidumbre, salir a bailar nuestra cultura es un acto poderoso. No es negación de la realidad. Es afirmación de identidad.

Porque un pueblo que baila su historia no está vencido.

Un pueblo que honra a quienes sembraron tradición no está perdido.

Francisco J. Brito nos dejó más que un desfile. Nos dejó la convicción de que la cultura es resistencia alegre, es memoria que se mueve, es comunidad que se reconoce.

Hoy no caminé la historia. La bailé.

Y mientras lo hacía, comprendí que La Guajira sigue teniendo algo que ningún miedo puede arrebatarle: su identidad viva, transmitida de generación en generación.

Hoy bailó la memoria. Bailó la tradición. Bailó Riohacha.

Y yo tuve el honor de hacerlo con ella.

 

Juana Cordero Moscote 

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