Este 2026 pasará a la historia de La Guajira, no solo por lo que hemos vivido en nuestras calles, sino también por lo que estamos empezando a volar. El pasado 13 de febrero se inauguró una nueva ruta aérea entre Barranquilla y Riohacha operada por Satena, una conexión directa que permite tres vuelos semanales entre el Aeropuerto Internacional Ernesto Cortissoz y el Aeropuerto Almirante Padilla.
Es un hecho que merece ser celebrado, porque por primera vez en años una capital caribeña que parecía siempre al margen hoy recibe un vuelo regular que la enlaza con uno de los nodos más importantes del país.
En un país donde la conectividad aérea es sinónimo de oportunidades, esta ruta representa mucho más que un asiento en un avión. Es la posibilidad de acercar a nuestras familias a servicios esenciales, de facilitar que un empresario guajiro viaje por negocios sin atravesar toda la geografía en carreteras inseguras o inconclusas, y de abrir las puertas del mundo a nuestros talentos culturales y turísticos.
Pero no nos engañemos: esta noticia viene después de décadas en las que Riohacha fue la única capital del Caribe colombiano que no figuraba entre los protagonistas de las redes aéreas nacionales. Mientras ciudades como Barranquilla, Cartagena y Santa Marta se convirtieron en puntos de escala frecuentes y motores económicos regionales, nuestra ciudad quedó al margen, relegada a conexiones largas, costosas o imposibles sin cruzar media Colombia.
Hoy, Satena trae una posibilidad distinta. Esta aerolínea estatal, con más de seis décadas de historia, ha extendido por primera vez su operación comercial regular al departamento de La Guajira, conectándolo con el corazón del Caribe.
La iniciativa busca reducir brechas históricas de movilidad; un pueblo que no puede desplazarse con facilidad es un pueblo que pierde oportunidades. Esta ruta puede dinamizar el turismo, permitir que las inversiones fluyan con mayor agilidad, que las universidades se enlacen con centros académicos cercanos, y que nuestros talentos músicos, artistas, emprendedores no tengan que caminar entre largas distancias para llegar a escenarios nacionales o internacionales.
Sin embargo, no basta con celebrar el despegue de un vuelo. Tenemos que asegurarnos de que este no sea un episodio aislado, sino el primer tramo de un trayecto más ambicioso: una agenda real de desarrollo para La Guajira que incluya educación, salud, seguridad, infraestructura y oportunidades económicas sostenibles. El vuelo es un símbolo, pero la verdadera conectividad se logra cuando nuestros ciudadanos sienten que el Estado está presente y que sus vidas pueden mejorar sin necesidad de emigrar.
Riohacha ha tenido un papel discreto en la historia reciente del Caribe colombiano. Hoy, ese papel puede comenzar a cambiar. Esta ruta aérea no solo nos acerca geográficamente a otras capitales, nos acerca también a la esperanza de que esta ciudad deje de ser el punto que siempre estuvo al margen, y se convierta en protagonista de su propio destino.
Nuestro reto ahora es claro: transformar ese vuelo en un motor de crecimiento real para nuestra gente, para nuestros jóvenes, para nuestras familias que merecen no solo desplazarse, sino prosperar.
Porque el mejor vuelo no es el que despega, sino el que nos lleva más lejos.
Juana Cordero Moscote

