En una tierra donde el abandono se volvió paisaje y la esperanza una promesa reciclada en cada campaña, una generación de jóvenes profesionales levanta la voz para decir basta.
En Riohacha, el cambio dejó de ser discurso: hoy es una decisión colectiva.
Hay regiones donde la política se convirtió en una rutina predecible: mismos apellidos, mismas prácticas, mismos resultados. La Guajira ha vivido demasiado tiempo bajo esa lógica. Aquí, la política no ha sido el arte de servir, sino el mecanismo para perpetuar privilegios. Y el costo lo pagan siempre los mismos: los niños con sed, las comunidades olvidadas, los jóvenes obligados a migrar para cumplir sueños que su propia tierra no supo sostener.
Pero algo está cambiando.
En Riohacha empieza a consolidarse una generación distinta. Jóvenes profesionales, preparados, con formación ética y visión pública, que no quieren heredar el poder: quieren transformarlo. No llegan con la arrogancia de quien cree tener todas las respuestas, sino con la convicción de que la política debe dejar de ser un negocio y volver a ser un servicio.
Ese es el espíritu de Juventud con Propósito.
No es un eslogan. Es una declaración de principios.
Porque la juventud en La Guajira ya no quiere ser espectadora de decisiones que afectan su futuro. Quiere ser protagonista. Quiere incidir. Quiere construir. Y, sobre todo, quiere hacerlo bien.
Esta generación entendió algo fundamental: no basta con indignarse en redes sociales ni con criticar desde la comodidad de la distancia. Hay que organizarse, formarse, disputar los espacios de decisión y proponer soluciones concretas.
La Guajira no necesita más diagnósticos. Necesita acciones.
Necesita jóvenes que hablen de desarrollo económico con enfoque territorial, que entiendan que la riqueza minera no puede seguir siendo una maldición para las comunidades, que promuevan una educación pertinente y de calidad, que impulsen el turismo sostenible, que fortalezcan el emprendimiento local y que defiendan, sin ambigüedades, la transparencia en el manejo de los recursos públicos.
Necesita liderazgos que no negocien la dignidad por un contrato.
Y eso implica algo incómodo pero necesario: romper con la cultura política del favor, del clientelismo y del “todo vale”. Implica decirles no a las prácticas que durante años han hipotecado el futuro del departamento.
La política limpia no es una utopía. Es una decisión.
Claro, el camino no será fácil. Enfrentar estructuras tradicionales, intereses enquistados y lógicas de poder que se resisten al cambio implica riesgos, desgaste y sacrificios. Pero también implica algo mucho más poderoso: la posibilidad real de transformar la historia.
La juventud guajira tiene hoy una oportunidad que otras generaciones no tuvieron: cuenta con formación académica, acceso a información, redes de apoyo y una conciencia crítica que no está dispuesta a callar. Lo que falta no es talento. Es decisión colectiva.
Y esa decisión se está empezando a tomar.
Juventud con Propósito representa ese punto de quiebre. Un espacio donde confluyen profesionales del derecho, la salud, la ingeniería, la educación, la administración pública, entre otras disciplinas, con un objetivo común: poner su conocimiento al servicio del territorio.
Porque hacer política también es esto: diseñar políticas públicas serias, defender el interés general, construir institucionalidad y recuperar la confianza ciudadana.
La pregunta ya no es si los jóvenes deben participar en política.
La pregunta es si la política puede seguir dándose el lujo de ignorarlos.
Hoy, desde Riohacha, se envía un mensaje claro al departamento y al país: la nueva generación no está pidiendo permiso. Está asumiendo el reto.
Y lo está haciendo con propósito.
La Guajira no necesita salvadores. Necesita ciudadanos valientes, preparados y decentes dispuestos a dar la pelea desde adentro. La historia no cambia sola: la cambian quienes se atreven.
¡La juventud ya decidió atreverse!
¡Ahora le toca a, Riohacha, La Guajira y Colombia decidir si los acompaña!
William David Ospino Quintana

