LAS MUJERES AL PODER

Así es, ha sucedido de nuevo. El país entero se dio cita en las urnas para elegir sus representantes a la máxima instancia de poder, siendo así que designó un grueso grupo de mujeres como parte del colectivo de elegidos que dirigirán desde el Congreso de la República los destinos de la Nación por los próximos cuatro años. Algo francamente inimaginable cien años atrás, porque en aquellos tiempos era el dominio absoluto del esquema patriarcal y la mujer apenas podía alzar su voz para reclamar sus derechos para salir del recinto de la cocina y desempeñarse en su vida en plenitud de sus capacidades y aspiraciones legítimas.

Un siglo después, el panorama político y económico para ellas se viene tornando completamente distinto, aunque no del todo satisfactorio. Puede parecer que esté lleno de avances que cambian paulatinamente sus vidas, mejorando para ellas significativamente el día a día, aunque no es ni de cerca suficiente desde el momento en que el país sigue adormecido bajo la tutela de los hombres. Uno de tales aspectos es la vida política.

Y no sólo ha comenzado a mostrarse proclive para componer un Congreso con alta participación de la mujer, hecho que viene a ser extremadamente saludabe para la vida de la Nación, sino que en medio de las consultas interpartidistas permitió la  elección de dos mujeres de altísimo perfil político para competir en igualdad de condiciones por la Presidencia de la República, una de ellas  con razonables posibilidades de lograr ese objetivo nunca antes conseguido: ser Presidenta de una Nación en la que las mujeres ya son mayoría significativa.  De este modo se instala en el ambiente un nuevo anuncio –que también puede ser advertencia -.  que las mujeres vienen por el poder, y que es ese un fenómeno moderno que no podrá ser detenido ni aquí ni en los países en donde la Democracia es la norma superior de vida.  La cuestión en lo que falta de campaña estará centrada en quién, si hombre o mujer, tiene una mejor propuesta para ganar el voto popular de igual a igual, y de ese modo gobernar en equidad y justicia. Así de simple.

Las elegidas para ir a primera vuelta son dos mujeres que representan ideologías políticas distintas, claramente, pero que coinciden en su aspiración de llegar al más alto cargo del Estado para desempeñarse a plenitud de sus capacidades y virtudes. Incluso hay una tercera que ya había conseguido el aval de un colectivo político de tendencia de izquierda y también entra en la contienda. Entonces podrán, si todo sale bien en la urnas, encabezar gobiernos distintos, de derecha de centro o de izquierda, para un país que le duele todo: le duele su seguridad, quebrantada por multitud de fuerzas que actúan fuera de la ley y generan más daño y víctimas que cualquier tragedia convencional; le duele su economía, hoy concentrada en pocas manos y orientada a favorecer a los más poderosos, condenando a los demás a vivir en la estrechez de la pobreza y la vergüenza de la miseria; le duele su gente, sus jóvenes, que no encuentran oportunidades de educación y de trabajo digno, y sus hombres y mujeres trabajadores, que no ganan suficiente para sostener sus familias,  y los adultos mayores, que sufren abandono, pobreza y miseria; le duelen sus instituciones, penetradas por infinidad de formas de corrupción y permeadas por la ineficiencia y la mediocridad; y le duele su territorio, abandonado por el Estado y sometido por la inseguridad y por increíbles prácticas de deterioro; y el duele el campo, abandonado a su suerte y desamparado frente a avasallante dominio de los mercados externos; y le duele su industria, en retroceso desde los  años setenta y desprotegida frente a los TLC y la voracidad de los mercados externos. La lista de dolores puede seguir aún, pero se puede dejar allí para que nuestros lectores tengan oportunidad de auscultar un poco más allá.

Habría que buscar señales en el Congreso que llamaran nuestra atención y pudieran confirmar lo que hemos afirmado al respecto de la avanzada de la mujer hacia el poder. Fijaríamos un punto de partida razonable, que no es otro que lo establecido en la ley de Participación Electoral (Ley 1475 de 2011) que establece la obligación de garantizar al menos el 30% de participación a la mujer en las listas de candidatos y candidatas para cargos de elección popular, de donde se admitiría derivar el principio que al menos la tercera parte de las sillas en el Senado y la Cámara de Representantes estuviesen ocupadas por mujeres. Implicaría ello que, idealmente, un número de al menos treinta mujeres en el Senado de la República y sesenta en la Cámara de Representantes se presentarían a abrir la nueva legislatura el próximo 20 de julio. Casi cien mujeres ocupando la máxima instancia de poder democrático de la Nación no sería una utopía ni un propósito fantasioso, sería mejor un propósito político comprometedor que colocaría la sociedad entera en una campaña de enorme significado histórico para colocar más y más mujeres en el primer pilar político del Estado. Naturalmente que se debería aspirar a que la mitad de las curules, o más, fuesen ocupadas por mujeres, siendo que representan ellas un porcentaje de población que se acerca vertiginosamente al 52%.

El caso es que el resultado de este 8 de marzo ofrece señales sobre las cuales es dado tomar posturas, sean de preocupación como de consuelo, según el caso, sin llegar a perder de vista que el punto crucial de observación es la cuota de poder que ya ostenté la mujer y hasta dónde se quiere llegar.

Según la Registraduría Nacional, se inscribieron en todo el país cerca de mil trescientas mujeres frente a más de mil ochocientos hombres. Significa que, en conjunto, el 42% de los aspirantes fueron mujeres, superando de facto la cuota obligatoria de ley, lo cual viene a ser una noticia que alienta. Como caso general se diría que no se limitaron los partidos a “cumplir por cumplir”, sino que dejaron que las cosas fluyeran más allá y que, de este modo, la presencia de la mujer en las listas de candidatos ha dejado de ser un simple trámite de relleno. Buena noticia.  

Se sabe además que al menos treinta y dos mujeres irán al Senado en este período. Lástima, equivale escasamente a la cuota obligatoria que establece la ley, pero se puede afirmar que el número hubiera podido ser muy superior si los partidos hubiesen hecho mejores esfuerzos para impulsar convenientemente la participación de la mujer, todo con el propósito de conseguir votaciones masivas en favor de sus candidaturas.  De tal modo, quizás, hubiese sido posible contar con más ganadoras.  

El caso que merece atención es el del Pacto Histórico que registra trece mujeres para el Senado dentro de un total veinticinco curules conseguidas, lo cual da una señal inequívoca de ascenso femenino a posiciones relevantes dentro del partido, y por ende a posiciones de poder.  Ejemplo que debe seguir el país. Mientras tanto, en la Alianza Ahora Colombia las mujeres llegan a ocupar tres de los cinco escaños conseguidos; una victoria significativa para ellas que llegan por primera vez al Senado.  Y en la Circunscripción Indígena, uno de sus dos escaños lo ocupará una mujer.  Al final significa que, dentro del total de colectividades aspirantes al Senado, solo estos tres aspirantes lograron participación femenina por encima del 50%; los demás se acercaron, si acaso, al 30%.

En la Cámara de Representantes, un total de cuarenta y ocho mujeres ocuparán curul en el presente período frente a ciento trece hombres, representando escasamente el 30%. Bogotá con nueve y Antioquia con cuatro, colocaron el mayor número de mujeres. El Pacto Histórico colocó catorce mujeres (36% de su bancada), el Centro Democrático nueve (31% de la bancada) y el Partido Liberal ocho (26% de su bancada), siendo estos los aportantes mayoritarios de género femenino.

La visión política también tiene mucho que ver para este apretado análisis. El Pacto Histórico es el gran campeón en este nuevo debate electoral de enfoque territorial: en ambas corporaciones tiene la mayoría de curules, aunque ello no significa que automáticamente establezcan una tendencia de izquierda, como es en efecto la tendencia ideológica del partido. No es así. En el Senado la posición del Pacto llega hasta el 24 %, lo cual quiere decir que ni es la mayoría ni arrastra las tendencias de derecha y centro que conforman el resto. Igual escenario en la cámara, en donde, considerando sólo las representaciones territoriales, el Pacto histórico, aun siendo mayoritario, ocupa el 22%.

Así están las cosas en el nuevo congreso que tenemos para los próximos cuatro años. ¿Sangre y mentalidad renovada? No es posible saberlo, especialmente cuando se ha de tomar en cuenta que, por norma general, los partidos tradicionales lograr reelegir sus congresistas., procurando así un posible efecto de continuidad. Los congresistas nuevos provienen, casi en mayoría, de movimientos alternativos y nuevas configuraciones políticas, lo cual presenta para ellos una especie de desafío que bien puede tener éxito en cuanto a la apertura de nuevos enfoques e iniciativas, o terminar opacado en las trincheras de los partidos tradicionales que están blindados en torno a la experiencia de sus congresistas más veteranos. De allí que la apertura de un nuevo cuatrienio de legislaturas sea toda una incógnita, sobre todo cuando no se tiene certeza de quién ganará la Presidencia y cómo será su gobierno.

En resumen, las mujeres en el Congreso tienen fren a sí un desafío representado en la deconstrucción de patologías paternalistas muy arraigadas de tiempo atrás y naturalizadas en la práctica, muchas de ellas promovidas por los propios congresistas de esquemas tradicionales. Para las mujeres es este un desafío que puede llegar a costar lágrimas pero que debe asumirse con valentía y coraje, porque es así como se ganan las posiciones de poder. Nadie va a regalar a nadie un solo metro de espacio, y menos un solo centavo de ventaja. Los espacios hay que conquistarlos con trabajo serio y sistemático, algo para lo cual las mujeres no son menos que nadie. Por esta razón, cuando se dice que están llegando más mujeres al Congreso y que la representación se eleva cada vez, hay un sentimiento de optimismo que nos invade.

Con las mujeres en pie de lucha será cierto que podremos transformar las costumbres políticas de este país para beneficio de todos.

 <<En honor de las mujeres que luchan y nunca se dan por vencidas…>>

 

 

Arturo Moncaleano Archila

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Un comentario de “LAS MUJERES AL PODER

  1. Luisa V.O dice:

    Heroísmo femenino en el poder… ¿y cuál poder? Aquí todos seguimos igual de JODIDOS, hombres y mujeres por igual. Lo único que falta es respeto, pero claro, eso no da titulares.

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