EL AGUA NOS UNE: ARTE, CONCIENCIA Y PODER CIUDADANO EN RIOHACHA

En Riohacha, hablar de agua no es solo hablar de un recurso natural. Es hablar de dignidad, de derechos, de historia y de abandono. Es hablar de una deuda estructural que por décadas ha marcado la vida cotidiana de los Riohacheros.

Pero también y esto es lo más importante, es hablar de una oportunidad: la oportunidad de reconstruir lo público desde la conciencia colectiva, la organización comunitaria y la acción cultural.

La crisis del agua: más que infraestructura, un problema político

Durante años, la discusión sobre el acceso al agua en La Guajira ha sido reducida a tuberías, inversiones y proyectos técnicos. Sin embargo, esta mirada ha demostrado ser insuficiente.

El problema del agua en Riohacha es profundamente político y social.

Es político porque refleja desigualdades históricas, decisiones institucionales y modelos de gestión que han fallado en garantizar un derecho humano fundamental.

Y es social porque evidencia una fractura: entre la ciudadanía y las instituciones, entre el derecho y la realidad, entre lo público y su apropiación colectiva.

Sin comunidad consciente, organizada y participativa, ninguna obra de infraestructura será sostenible.

Despertar la conciencia: el agua como derecho y como causa común

Frente a esta realidad surge “El Agua nos Une”, no solo como un proyecto, sino como una apuesta ética y política.

Una apuesta por reconocer el agua como:

  • Derecho humano fundamental
  • Bien común
  • Base de la vida digna

Y, sobre todo, como un punto de encuentro para reconstruir el tejido social.

En el barrio Las Marías, en la Comuna 10, una de las zonas más vulnerables de la ciudad, esta iniciativa propone algo distinto: no empezar por las tuberías, sino por la conciencia.

Porque defender el agua implica entenderla, valorarla y asumirla como responsabilidad colectiva.

Ciudadanía activa: del usuario pasivo al sujeto político

Uno de los grandes desafíos en contextos como Riohacha es transformar la relación de la ciudadanía con los servicios públicos.

Pasar de ser usuarios pasivos a sujetos activos.

De la queja aislada a la organización colectiva.

De la desconfianza a la participación.

Este proyecto plantea justamente ese tránsito, a través de:

  • Educación popular
  • Espacios de diálogo comunitario
  • Participación de niños, jóvenes y líderes
  • Construcción de confianza con la institucionalidad

No se trata solo de enseñar sobre el agua, sino de formar ciudadanía.

Una ciudadanía que conoce sus derechos, pero también ejerce sus deberes.

El arte como herramienta de transformación política

En contextos de desigualdad, el arte deja de ser decoración y se convierte en acción.

El muralismo comunitario, propuesto en este proyecto, no es solo una expresión estética. Es una forma de ocupar el espacio público, de narrar la realidad desde la comunidad y de hacer visible lo que muchas veces se invisibiliza.

Un mural puede ser:

  • Memoria colectiva
  • Denuncia silenciosa
  • Pedagogía abierta
  • Símbolo de identidad y resistencia

Cuando niñas, niños, jóvenes y vecinos pintan juntos, no solo crean imágenes: construyen sentido de pertenencia y fortalecen vínculos comunitarios.

El arte, en este contexto, es una forma de hacer política desde abajo.

Defender lo público: una tarea colectiva

El acceso al agua no puede depender únicamente del Estado, ni tampoco puede recaer solo en la comunidad.

Se necesita una relación nueva: corresponsable, participativa y basada en la confianza.

La articulación con entidades como ESEPGUA abre una posibilidad clave: construir puentes entre institucionalidad y ciudadanía.

Pero esos puentes no se decretan. Se construyen en el territorio, con diálogo, con presencia y con procesos reales.

Defender lo público hoy implica:

  • Informarse
  • Participar
  • Organizarse
  • Exigir
  • Cuidar

Y también crear.

Una invitación a organizarse y actuar

“El Agua nos Une” no es un proyecto cerrado.

Es una invitación abierta.

A las comunidades:
A organizarse, a participar, a levantar su voz.

A los jóvenes:
A encontrar en el arte una forma de transformar su realidad.

A las instituciones:
A escuchar, a acercarse, a construir junto a la gente.

Y a toda la ciudadanía:
A entender que el agua no solo se consume… se defiende.

Porque el agua no divide: el agua une

En una ciudad marcada por la desigualdad, el agua puede ser motivo de conflicto o de encuentro.

Este proyecto apuesta por lo segundo.

Por una La Guajira donde el agua deje de ser símbolo de escasez y se convierta en símbolo de organización, conciencia y dignidad.

Porque cuando una comunidad se reconoce, se educa y se une, no solo cambia su relación con el agua.

Cambia su relación con el poder.

Luisa Deluquez

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