El inicio de la primavera en el mundo esta semana es al mismo tiempo el inicio del otoño, dependiendo de nuestra ubicación en el globo. Para los ecuatoriales, es un paso más tranquilo, con algunos cambios evidentes y otros imperceptibles.
Del lado político, se ha denominado la primavera a un levantamiento popular que busca un cambio significativo en el régimen que gobierna a un país, cuando las gentes, en una reacción que refleja el enorme cansancio por la opresión y la fatiga irritante por las limitaciones de sus libertades individuales y colectivas, buscan deponer al tirano, superan el miedo, se sobreponen al silencio obligado y castrante para sacar a todo costo la cáfila de torturadores, explotadores de la realidad de un país, arropados con las cobijas de monarquías o totalitarismos dictatoriales. Algunas veces no lo han logrado. La Europa de 1848, la Praga de 1968 y la Beijing de 1989 fueron reprimidas. Algunas otras, al norte de África en este siglo, dejaron huellas profundas en la visión general sobre el abuso del poder y la capacidad de colectividades sociales para parar un sufrimiento general. No necesariamente tienen fundamentación en la propia capacidad de los nacionales para sus alzamientos; a veces, la “colaboración” de potencias mundiales brinda un respaldo sin el cual no se atreverían a actuar.
El otoño, por otro lado, se asocia a la decadencia de un régimen. Retratado en una descomunal obra del Nóbel Gabriel García Márquez, ofrece las razones por las cuales se da en el mundo un compulsivo despotismo que termina por empujar a la primavera. Visto de otra manera, no hay primavera política sin un simultáneo otoño, en el mismo lugar, paradójicamente.
¿Está la Colombia de hoy entrando a la primavera? ¿Optará por declarar el otoño del régimen?
¿Entrarán en su otoño Petro y Cepeda (PC, algo así como Partido Comunista), impulsadores de la jornada de continuidad? Se pervierte la vida nacional de manera significativa cuando la proclividad de la dupla PC es estar del lado delincuencial, que brindan garantías a criminales y narcotraficantes, en vez de situarse del lado de los desprotegidos ciudadanos, víctimas del delito y la extorsión. Amén de otras fracturas de la convivencia, i.e. corrupción descontrolada, desconocimiento de las limitaciones que impone la Constitución para participar en política, desangre fiscal por mal uso de recursos del erario, en fin, el recuento no se agota, ya que cada día buscan un resquicio adicional para ahondar el caos en el que han hundido al país. El otoño del régimen deja caer todas las hojas de los árboles que alguna vez dieron buenos frutos.
La disyuntiva se evidencia, del lado primaveral, frente a la disputa creciente por el favor de los opuestos, Paloma Valencia y Abelardo De La Espriella. Tienen la atención de país. Recogieron las banderas de la oposición, alzaron la voz contra todo lo abusivo del gobierno actual y su continuidad de alteración del orden público.
A muchos colombianos dispuestos a sacar al PC del gobierno les surge hoy la pregunta de por cuál de ellos optar. Es un indispensable análisis, si se quiere acertar, no solo desde el punto de vista estratégico sino, por supuesto, desde la mayor conveniencia para dirigir al país en la reconstrucción nacional que tendremos que iniciar el 7 de agosto de 2026.
Necesariamente tenemos que determinar de entre ellos nuestra preferencia basados en lo que los diferencia, dado que ya se sabe qué los une: la disposición de cambiar lo actuado por PC, con la firmeza para actuar frente a la delincuencia, con el carácter para ajustar el proceder del ejecutivo a las reglas constitucionales, la supremacía de la libertad de empresa como compañera de la acción estatal para el progreso y el desarrollo social, las relaciones internacionales basadas en socios diferentes a los de PC, entre otros aspectos de política pública.
Intentar destapar las diferencias no busca herir susceptibilidades, hasta donde sea posible, ya que necesariamente tendremos que poner en una balanza el peso específico de cada uno. La crispación abunda hoy en día. Los partidarios de uno y otro descalifican, agreden, inventan y hasta se vuelven agresivos contra quien no debe ser. Cosas de la realidad nacional.
En mi caso, encuentro una enorme distancia en términos de preparación para gobernar: Paloma ha cursado y aprobado las asignaturas requeridas en esta materia. Estudiosa del país, debate con elocuencia, profundidad y firmeza las variantes de la operatividad nacional, cuando durante 3 períodos en el senado ha dejado claro su punto de vista, contrapuesto cuando toca a aquel del ejecutivo PC y su grupo parlamentario. Consistente, reafirma sus convicciones en cada debate y alberga en su espíritu la sensibilidad social indispensable para acabar con las diferencias sociales que tanto nos agobian. No basta con hacerlo bien, hay que hacerlo con justicia social. Su arribo a la contienda presidencial con tanta contundencia ha ofrecido a los colombianos la confianza en su estructura política. Sin estridencias, pero con estructura, brinda en cada sonrisa la buena fe que la mueve, la condición de madre que la guía y la esperanza de que llegue un toque femenino firme al gobierno. Su decisión de participar en una consulta con un abanico de aspirantes de variadas propuestas y triunfar en ella, la hizo merecedora de una apertura hacia otros sectores de opinión diferentes al de su partido político. Ha sabido sumar, en vez de restar. Ha sabido conciliar en vez de confrontar. Ha sabido apartar lo insustancial en favor de lo aglutinante. Incluso, temas sobre los que los colombianos tenemos visiones tan diferentes, como el aborto, la adopción por parejas del mismo sexo, entre otras, su referente ha sido la vigencia y supremacía de la ley, que indica el marco de acción, frente a creencias religiosas, más o menos ortodoxas.
Experta en asuntos públicos, con personalidad conocida sin oportunismos, aguerrida cuando toca, conciliadora si es necesario, Paloma Valencia es hoy en día la más indicada para darnos la primavera en Colombia.
Del lado contrario, puedo observar cualidades y defectos. la inexperiencia como elemento de mayor criticidad. Firme también frente al PC, carece del trasegar en temas públicos que son indispensables para no improvisar. No creo que la condición de ajeno al mundo político sea algo favorable. En la vida se aprende haciendo, y se opta por una buena línea de conducta o por una mala, pero sobre la base de haber estado en el barro, de haber conocido de cerca qué es lo bondadoso y qué lo perverso del accionar político. Y esa es Paloma, mi voto indiscutible para la presidencia.
Nelson Rodolfo Amaya

