“EL VOTO SILENCIOSO SE MUEVE HACIA PALOMA Y OVIEDO”

Porque el voto silencioso entendió algo antes que muchos analistas y sectores políticos: divididos pueden perder, pero unidos sí pueden ganar. Y hoy, millones de colombianos que no viven peleando en redes sociales, que no marchan cada semana y que no convierten la política en espectáculo diario, empiezan a llegar a una misma conclusión, la única fórmula con verdadera capacidad de enfrentar y derrotar a Iván Cepeda en segunda vuelta es la de Paloma Valencia y Juan Daniel Oviedo.

Ese es el fenómeno político que muchos todavía no quieren ver. Mientras una parte del país sigue atrapada en el ruido permanente de internet, otro sector más silencioso, más prudente y mucho más grande de lo que algunos imaginan, empezó a votar estratégicamente. No desde la rabia ni desde la ideología pura, sino desde la preocupación por el rumbo del país, la seguridad, la economía y la estabilidad institucional.

Ese votante existe. Es el comerciante agotado por la inseguridad. La madre preocupada porque cada vez alcanza menos el dinero. El joven que siente incertidumbre sobre su futuro. El pequeño empresario que no sabe qué pasará con la economía. El ciudadano de centro que ya se cansó de la polarización eterna y del caos político convertido en normalidad.

Y precisamente ahí está creciendo el llamado “voto útil”.

Porque cuando una parte importante del país siente miedo frente a lo que podría venir, la forma de votar cambia. La gente deja de pensar únicamente en afinidades ideológicas y empieza a preguntarse quién puede realmente ganar. Quién tiene la capacidad de construir mayorías. Quién puede frenar un proyecto político que muchos sienten cada vez más radicalizado.

Ahí es donde la alianza entre Paloma y Oviedo empieza a tomar fuerza.

Porque logra unir sectores que hasta hace poco parecían políticamente incompatibles. Por un lado, una derecha que busca firmeza, autoridad y una oposición clara frente al petrismo. Por el otro, un electorado de centro más técnico, urbano y moderado que quizás nunca se sintió plenamente identificado con el uribismo, pero que tampoco quiere continuidad del rumbo actual del país. Y esa combinación es políticamente poderosa.

Paloma transmite carácter, liderazgo y firmeza. Oviedo transmite serenidad, preparación y confianza técnica. Ella consolida el voto fuerte de derecha. Él reduce resistencias en sectores independientes y de centro. Ella moviliza convicción. Él genera tranquilidad.

Por eso cada vez más personas que hace unos meses hablaban de candidaturas separadas hoy empiezan a hablar de unidad. Porque entendieron algo elemental: divididos, el centro y la derecha pueden perder; unidos, tienen una posibilidad real de ganar.

Mientras tanto, muchos siguen creyendo que las elecciones se definen únicamente en redes sociales. Que quien más grita representa automáticamente a la mayoría del país. Pero Colombia ya ha demostrado varias veces que internet no siempre refleja lo que termina ocurriendo en las urnas.

Las elecciones reales se definen lejos del ruido digital. Se definen en la conversación familiar, en la oficina, en la tienda, en el taxi, en la universidad, en la preocupación cotidiana de millones de personas que nunca publican nada, pero sí salen a votar.

Y ese país silencioso ya empezó a moverse.

Un país menos ideologizado de lo que muchos creen. Más preocupado por la seguridad que por los discursos. Más interesado en estabilidad que en confrontación. Un país que tal vez no haga tendencia todos los días, pero que podría terminar definiendo el rumbo de Colombia.

Y todo indica que ese voto silencioso está empezando a tomar partido por Paloma Valencia y Juan Daniel Oviedo.

Víctor Mendoza Zárate

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