LA FRAGILIDAD DEL HOMBRE FRENTE A LA PERMANENCIA DE DIOS

El mismo día, el rey Asuero dio a la reina Ester la casa de Amán enemigo de los judíos; y Mardoqueo vino delante del rey, porque Ester le declaró lo que él era respecto de ella. Y se quitó el rey el anillo que recogió de Amán, y lo dio a Mardoqueo. Y Ester puso a Mardoqueo sobre la casa de Amán.

En este capítulo del libro de Ester no solo vemos un traspaso de bienes y autoridad; sino también un gran principio espiritual: Dios puede revertir en un instante aquello que parecía inamovible. Amán dedicó su vida a construir prestigio, influencia y poder, sin embargo, todo aquello en lo que basó su identidad terminó en manos de otros.

Esto está estrechamente ligado con la enseñanza de Salomón en Eclesiastés: “Pues ¿qué obtiene la gente de tanto trabajar y preocuparse en esta vida?… Todo es absurdo, ¡como perseguir el viento!” (Eclesiastés 2:22-23, NTV)

Salomón no estaba promoviendo la pereza ni la irresponsabilidad, más bien, se refería a la ilusión de creer que el sentido de la vida está en controlarlo todo, acumular o asegurar lo temporal, pero el problema no es tener cosas, sino dejar que esas cosas sean el centro de nuestra vida. Amán es un ejemplo claro de cómo el apego destruye al hombre, Él lo tenía todo, sin embargo, no disfrutaba de nada, porque estaba obsesionado con algo que no podía controlar, las acciones de Mardoqueo.

Lo vemos en Ester 5:13 dice: “Pero nada de esto me satisface mientras vea al judío Mardoqueo sentado a la puerta del palacio”. Esto muestra un corazón esclavo, porque, aunque tenía riqueza, reconocimiento y poder, vivía consumido por el orgullo y la necesidad de validación. Y ahí hay otra verdad profunda, cuando el corazón se apega a lo temporal, nunca encuentra descanso. Esto se confirma con las palabras de Jesús en Evangelio según Mateo: “No acumulen tesoros aquí en la tierra, donde la polilla y el óxido los destruyen… Acumulen tesoros en el cielo”. (Mateo 6:19-20) Y unos versos después: “¿De qué sirve ganar el mundo entero si se pierde la vida?” Marcos 8:36)

La escena de Ester 8 es impresionante porque muestra lo rápido que cambian las cosas en la vida. Apenas había muerto Amán y ya sus bienes estaban siendo administrados por otros, esto también se menciona en el Salmo 49: “Porque al morir no se llevará nada, ni su gloria descenderá tras él”. (Salmo 49:17)

Ahora bien, los apegos no son solo a las cosas materiales, sino también emocionales. La Biblia enseña que no solo el dinero puede esclavizar; también el dolor, la amargura y el pasado pueden convertirse en cadenas, por ello en la Carta a los Hebreos se nos enseña: “Desháganse de todo peso y del pecado que los asedia”. (Hebreos 12:1)

Y es que hay personas que, aunque físicamente son libres, viven cautivas de heridas, resentimientos, soledades o la necesidad de aprobación, tal como Amán que vivía cautivo de su orgullo. En este sentido, debemos comprender que todo en esta vida es pasajero y que solo Dios es eterno.

El apóstol Pablo lo expresó así en Primera carta a Timoteo: “Porque nada trajimos a este mundo, y nada podremos llevarnos”. (1 Timoteo 6:7) Y luego añade: “Los que quieren enriquecerse caen en tentación y quedan atrapados por muchos deseos necios y dañinos”. (1 Timoteo 6:9) El contraste hermoso en Ester 8 es que mientras Amán perdió todo por vivir para sí mismo, Mardoqueo recibió todo sin haberlo perseguido. Esto nos recuerda un principio que vemos en toda la Biblia: “Dios se opone a los orgullosos, pero da gracia a los humildes”. (Santiago 4:6)

En conclusión, la verdadera libertad no está en poseer mucho, sino en vivir con el corazón rendido a Dios y no esclavizado a lo temporal, porque todo aquello a lo que nos aferramos fuera de Dios tarde o temprano se vuelve inestable. Comprender que El apego nace cuando comenzamos a creer que necesitamos “algo más” para sentirnos completos, y olvidamos que ya tenemos lo esencial en el eterno Dios.

Y mientras más dependemos de aquello que es temporal, más ansiedad, vacío y esclavitud experimentamos.

Pero quien aprende a descansar en Dios puede disfrutar las bendiciones sin convertirse en esclavo de ellas. Porque al final, la vida fluctúa, las posiciones cambian, las personas pasan, los bienes se pierden… pero solo Dios permanece para siempre

Preguntémonos hoy es: ¿a qué nos estamos aferrando?

¿Qué es eso que no nos permite ser libres y vivir en plenitud?

¿Qué se ha convertido en una obsesión silenciosa que ocupa nuestros pensamientos, nuestras emociones y nuestras fuerzas? ¿Qué estoy sosteniendo tan fuerte que me está impidiendo abrazar la paz de Dios? ¿Qué ocupa el lugar que solo le pertenece a Él?

Dios no quiere que vivamos gobernados por obsesiones, sino un corazón libre de la necesidad de aparentar, de competir, de acumular o de retener aquello que ya cumplió su ciclo.

Porque cuando Dios es suficiente, el alma descansa y entiende que la plenitud no viene de poseer más, sino de confiar más.

 

Vicky Pinedo 

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