CHINA PIERDE PRESENCIA EN AMÉRICA LATINA

En al menos cuatro países de la región, Pekín ha enfrentado decisiones contrarias a sus intereses. Mientras que en Panamá y Perú dejó de administrar los puertos más importantes, en Chile se estancó un cable submarino transpacífico. ¿Es solo fruto de la presión de Trump o algo más? ¿Qué está pasando?

Cuando se habla del “Escudo de las Américas”, la mayoría considera que se trata de una iniciativa que se enfoca esencialmente en la mejora de la seguridad en América Latina. Esta aproximación es parcialmente cierta, pues también tiene un capítulo geopolítico en el que Washington, aparte de lanzar una alianza contra las economías ilícitas, busca contener la presencia de China en toda la región. Un objetivo que, si se mira con detenimiento, está empezando a lograr.

Desde marzo, Pekín ha enfrentado una serie de decisiones en contra de sus intereses comerciales y estratégicos en países como México, Chile, Perú y Panamá.

Los reveses de Pekín en América Latina pueden ser vistos de distintas maneras. Una es que los países se están alineando con Estados Unidos, tomando decisiones que, a pesar de su posible ilegalidad o inconveniencia comercial, son más convenientes para sus intereses a mediano y largo plazos que seguir cooperando con China.

Desde la llegada por segunda vez a la presidencia, Donald Trump le ha dedicado más atención y recursos a América Latina que cualquier presidente en 40 años. Así lo dice un reporte de la revista norteamericana Foreign Affairs escrito por Brian Winter, uno de los mayores expertos en la región. Según Winter, América Latina “resulta fundamental para algunas de las prioridades nacionales más importantes de Trump: frenar la inmigración irregular, reducir las muertes por sobredosis de drogas y garantizar la seguridad a largo plazo de Estados Unidos en materia de suministro energético y de minerales críticos”.

La alineación entre los actuales intereses de Washington en América Latina con la coincidencia ideológica y la necesidad de más cooperación en seguridad y desarrollo, explican porque tantos países están prefiriendo cooperar más con EE.UU. y limitar sus alianzas con China.

Aun así, esto no responde a una condición de alineación total. Los casos de Argentina o Chile son ideales, si se quiere ver cómo un país puede tener enormes coincidencias con Washington y continúa, al mismo tiempo, cooperando con Pekín, al seguir siendo su principal socio comercial de lejos.

Mejor dicho: Buenos Aires puede estar alineado ideológica y políticamente con Washington, pero la soya y la carne -sus principales productos de exportación- siguen viajando a Pekín.

La estrategia de Pekín en América Latina ante la iniciativa de Trump, sin embargo, va más allá de su posicionamiento favorable en materia comercial. Según un análisis de Infobae/DEF, China está implementando una táctica de adaptación y no de repliegue, que le permite focalizarse en algunos países y tomar distancia de otros, sin que esto signifique abandonar las más de dos décadas de posicionamiento estratégico en la región. 

“Está pasando de una era de grandes préstamos e infraestructura genérica hacia un compromiso más selectivo y de mayor valor agregado (minerales críticos, energías limpias, nueva infraestructura digital), mientras absorbe los golpes tácticos en los enclaves donde Washington decidió pelear directamente (canales, puertos, cables). Es coherente con la lectura de Ryan Berg (CSIS): Pekín no cede espacio voluntariamente, solo cede terreno donde pierde el pulso judicial o político puntual, y ahí responde con coerción económica asimétrica, no con retirada”, dice el informe. 

Ni repliegue, ni táctica

Si bien la táctica de adaptación de China en América Latina está expuesta en el documento sobre la “Política de China hacia América Latina y el Caribe”, publicado el 10 de diciembre de 2025 en Beijing, en Perú, Chile y México además del Canal de Panamá-, los escenarios en contra de los intereses chinos parecen más complejos de lo que habría esperado.

El caso más paradigmático es la concesión del Canal de Panamá. En febrero, el control de los puertos de Balboa y Cristóbal en el Canal pasaron al control de un contratista aliado del gobierno panameño luego de una decisión de un tribual local que argumentó que la administración de Panama Ports, de capital chino, era ilegal. Desde entonces, los puertos vienen siendo operados por Maersk, la multinacional danesa, aliada de Washington.

Con algunas diferencias, pero en el fondo bajo condiciones similares, el desenlace de la trama sobre quién administra el megapuerto de Chancay en Perú demostró un patrón similar. Inaugurado en 2024, Pekín obtuvo la administración del megapuerto por medio de la gigante Cosco, pero luego, tras la llegada de Trump, la justicia peruana decidió que el puerto debía ser administrado por las autoridades locales.

Para Washington esta decisión, como la de Panamá, ha representado una victoria estratégica, ya que la administración de Chancay por parte de los chinos representaba una amenaza a su seguridad nacional ante un eventual conflicto militar en el océano Pacífico, según su estrategia de seguridad nacional.

Sin embargo, el asunto no es tan sencillo. Si bien Estados Unidos ha logrado focalizar los esfuerzos en recuperar un activo estratégico como Chancay -o el Canal de Panamá-, la alineación política de Lima con Washington no se ha dado. La entrante presidenta de Perú, Keiko Fujimori, aunque ha apoyado la decisión institucional de que Chancay pase a manos de los peruanos, no ha dejado de cooperar con Pekín, con quien su padre tuvo una cercana relación tras hacer cuatro viajes oficiales cuando era presidente.

Mientras que, en Panamá y Perú, Washington habría presionado para evitar que Pekín continuara con las concesiones, la Casa Blanca logró detener parcialmente la construcción de un cable submarino -Chile China Express- que conectaría Valparaíso con Hong-Kong evitando que transite por zonas de influencia de Estados Unidos.

Durante los últimos dos meses del gobierno de Gabriel Boric, Estados Unidos le quitó la visa a tres funcionarios chilenos que participaban en la implementación del cable submarino. Con la llegada de José Antonio Kast, que se enfrentó durante el empalme con funcionarios del gobierno saliente por el cable, el proyecto se estancó y no se conocen nuevos detalles.

Washington poco a poco va recuperando la influencia que fue perdiendo durante tres décadas frente a Pekín, que se convirtió en el principal socio de la gran mayoría de países de América Latina.

Aunque, como muestran los casos de cada uno de estos países, la Casa Blanca ha logrado decisiones favorables a sus intereses, una cosa es pensar que esto se debe a un repliegue táctico de China en la región y otra creer que simplemente la región se alineó completamente con Washington y no volvió a mirar hacia Pekín.

   

Abel Enrique Sinning Castañeda

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