SEIS AÑOS DE OJO PELA’O MAGAZINE, EL PENSAMIENTO CONSTRUCTIVO FRENTE A LOS GIROS DE LA HISTORIA

Sostener un medio de comunicación independiente en Colombia no es solo un ejercicio de resistencia, sino un verdadero acto de fe democrática. Hoy, Ojo Pela’o Magazine a la cabeza de nuestro director José Ramiro Celedón, celebra seis años desde que puso a circular sus primeras líneas, abriéndose paso en un entorno digital complejo y competitivo. Nació en Barrancas (La Guajira) en el ya lejano y desafiante año 2020 y, desde entonces, he tenido el enorme privilegio de acompañar su crecimiento como columnista, aportando publicaciones dedicadas a debatir, proponer y desmenuzar la realidad nacional y regional. Recuerdo claramente las palabras de José al inicio “Nuestra meta a mediano plazo está trazada con claridad: queremos consolidarnos como el referente periodístico y de opinión indiscutible del Caribe”; por eso para entender hacia dónde vamos, resulta imperativo mirar el retrovisor y repasar la densa bitácora de acontecimientos que nos ha tocado analizar en este septenio, una época marcada por quiebres profundos en la Guajira, en el país y en el planeta entero.

Desde aquel julio de 2020 en que se inició este viaje, el mundo se aceleró de una forma impresionante, pasamos del confinamiento global por la pandemia a una velocidad vertiginosa que reconfiguró el orden internacional. Les tocó narrar la llegada de las vacunas, pero también el estallido de la guerra en Ucrania y las tensiones en Medio Oriente que terminaron golpeando con fuerza la economía mundial a través de la inflación y el encarecimiento de la energía, así como documentar cómo la tecnología daba un salto cuántico con la inteligencia artificial y asistimos a virajes políticos determinantes en Occidente, como el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca.

En paralelo, Colombia vivía su propia ebullición interna, nos estremecimos con el estallido social del Paro Nacional en 2021, un fenómeno que transformó la conciencia de los jóvenes y sembró la semilla para el histórico cambio de rumbo de 2022, cuando la izquierda llegó por primera vez al poder con Gustavo Petro. Vivimos años intensos de debates sobre reformas sociales, los tropiezos de la búsqueda de la paz y tensiones institucionales cotidianas; sin embargo, la historia de nuestro país no se detiene, y hoy presenciamos otro giro de timón radical con el triunfo de Abelardo de la Espriella en las urnas, un hito que marca el regreso de la derecha a la Casa de Nariño y plantea una agenda completamente nueva para la opinión pública.

Nuestra amada Guajira no se quedó al margen; por el contrario, se convirtió en el gran laboratorio de las crisis y las promesas del país, en las páginas de la revista se han analizado las complejidades de una transición energética que caminó a paso lento entre las consultas con las comunidades Wayuu y la salida de multinacionales, ha sido testigos de cómo el Gobierno nacional despachó desde nuestro territorio declarando una emergencia económica que luego frenó la Corte, y sufrir junto a la gente la profunda indignación ética que provocó el escándalo de los carrotanques de la UNGRD, pero también les ha correspondido registrar la otra cara de la moneda, el inicio de inversiones históricas en educación pública e infraestructura de salud que representan un respiro de dignidad para nuestra gente.

Precisamente, hablando de educación en nuestro departamento, me viene a la mente una anécdota que hoy me causa gracia, pero que en su momento fue puro malabarismo periodístico. Recuerdo una columna en la que denunciaba con vehemencia las peripecias de una escuela rural donde los estudiantes debían turnarse los tres únicos pupitres buenos bajo un árbol de trupillo, con el afán de meterle drama y realismo al texto, terminé elevando el árbol a la categoría de ‘rector honorario’ de la institución por ser el único que proveía sombra y estabilidad. La columna causó revuelo, risas y más de un jalón de orejas institucional; sin embargo, el destino tiene un sentido del humor bastante particular, pues, poco tiempo después de desatar mis rayos y centellas contra las falencias del sistema educativo, la vida me puso del otro lado del escritorio y me nombraron secretario en la administración departamental.

Ese nombramiento marcó el inicio de mi largo silencio en esta revista, ya que pasé de ser el francotirador de la pluma al blanco de los dardos; de exigir soluciones inmediatas a enredarme en los laberintos de la burocracia, los presupuestos recortados y los trámites eternos que hacen que un solo pupitre tarde meses en llegar a su destino. Luego de mi regreso a estas páginas como columnista, despojado del cargo y con la libreta en la mano, me vi obligado a hacer una autoevaluación crítica y con total honestidad, es muy fácil arreglar el departamento desde la comodidad de un teclado, pero la realidad del servicio público te aterriza de golpe. Este tiempo fuera de las canchas de la opinión me enseñó a madurar la crítica, a entender que la gestión pública requiere más que buenas intenciones y que el verdadero cambio social es un engranaje lento y complejo.

Recordar todo este camino es vital porque demuestra que, ante la inmediatez y el ruido de las redes sociales, la sociedad necesita con urgencia espacios de decantación y autocrítica ponderada y eso ha sido Ojo Pela’o Magazine, una mirada despierta, libre y en constante evolución desde la provincia; por todo lo que hemos vivido, y muy especialmente por los enormes desafíos que se vislumbran en este nuevo panorama político, la revista seguirá firme ampliando su impacto en la sociedad.

De mi parte, como Adaulfo Manjarrés Mejía, mantengo intacto el compromiso de seguir aportando reflexiones constructivas, ahora con la sensatez de quien ya conoció las entrañas del monstruo burocrático y sobrevivió para contarlo. Al final del día, la pluma sigue siendo mi mejor trinchera, aunque ahora la empuño con la humilde certeza de que es mucho más fácil redactar un párrafo perfecto que pavimentar una calle o dotar una escuela, por ello prometo solemnemente no volver a postular a ningún árbol de trupillo a cargos directivos, y seguir buscando provocar el mejor escenario de pensamiento posible, convencido de que las ideas bien argumentadas tienen la fuerza necesaria para influir en el cambio positivo y en el progreso que tanto reclama nuestra región y el país entero.

Le pido a Dios que nos conceda a todos la sabiduría para entender los tiempos que vienen, la paciencia para soportar los trámites de este mundo y la bendición de mantener siempre la mente clara, la palabra libre y la salud intacta para seguir encontrándonos en estas páginas. Gracias a los lectores por estos seis años de complicidad, paciencia y agudeza visual ¡Que el Todopoderoso bendiga a Ojo Pela’o Magazine, a nuestra amada Guajira y a cada uno de ustedes!

 

Adaulfo Manjarrés Mejía

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