FUISTE CREADO CON UN PROPÓSITO ETERNO

Escribo estas líneas para aquellos que han perdido la esperanza… para quienes hoy sienten que no tienen fuerzas, esos que tal vez se están preguntando cuál es el propósito de vivir.

Todos en algún momento de nuestra historia hemos tenido que afrontar situaciones complejas, de las que tal vez pensamos que nunca íbamos a salir y seguramente en nuestros momentos más oscuros nos hemos preguntado ¿cuál es el sentido de nuestra existencia?, ¿cuál es nuestro propósito?, ¿para qué estamos en este mundo? ¿De qué sirve vivir si algún día vamos a morir?”

Son preguntas que vale la pena hacernos, porque la respuesta puede cambiar el rumbo de nuestra vida, por que como dice un refrán: “quien no sabe para dónde va, cualquier bus le sirve”. Y algo de razón hay en ello. Cuando no tenemos claro hacia dónde vamos, terminamos caminando sin dirección, tomando decisiones según las circunstancias, dejándonos llevar por lo que otros opinan o simplemente viviendo por inercia.

Con el tiempo, esa falta de dirección puede producir frustración, desánimo y una sensación profunda de vacío. Y es justamente allí donde necesitamos detenernos y preguntarnos qué sentido tiene nuestra existencia, porque cuando perdemos toda esperanza podemos llegar a tomar decisiones irreversibles.

Yo también me hice estas preguntas, durante un tiempo medité sobre el sentido de mi existencia, hasta que encontré en mi interior una respuesta que transformó mi manera de entender la vida: Fui creada para alabar y glorificar el nombre de Dios.

La Biblia dice en Isaías 43:7: “Todos los llamados de mi nombre; para gloria mía los he creado, los formé y los hice.” Esta verdad cambió mi manera de concebir la existencia humana, porque es cierto que, no estamos aquí simplemente para nacer, crecer, reproducirnos y morir como las plantas, tampoco para luchar por acumular cosas, alcanzar metas, construir una carrera, formar una familia o cumplir sueños, aunque Todo eso puede ser bueno, valioso y formar parte de nuestra historia, pero ninguna de esas cosas constituye nuestro propósito real.

Jesús nos enseñó: “Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo 6:33). En otras palabras, cuando ponemos a Dios y su voluntad en el primer lugar, lo demás encuentra su lugar.

¿Y qué es “lo demás”? Para algunos puede ser el carro, la casa, una beca, los sueños, una pareja, el trabajo, los proyectos, los logros y tantas otras cosas que anhelamos, y no digo que esté mal desearlas ni trabajar por ellas, simplemente que no debería ser el motivo principal de vivir. Si nos limitamos solo a esto, tarde o temprano nos encontraremos con un vacío que ninguna de esas cosas puede llenar.

Tal vez alguien podría pensar ¡Qué exageración! Ya esto se volvió demasiado religioso. Y entiendo que cada persona puede tener su propio punto de vista, pero, para quienes creemos en Dios, esto no es una postura religiosa; se trata de reconocer una verdad que transforma nuestro enfoque y nuestra manera de vivir.

El apóstol Pedro lo dice claramente: “Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable.” (1 Pedro 2:9)

Fuimos diseñados para reflejar a Dios y anunciar con nuestra existencia, las bondades, atributos, cualidades de aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable. Y que cada cosa que logremos y poseamos se convierta en un pretexto para manifestar lo maravilloso que Dios ha hecho en y por nosotros.

Anunciar las virtudes de Dios parece algo mas complejo de lo que es, no significa convencer a otros con grandes discursos o con muchas palabras, sino más bien, trasmitir su amor en la manera de tratar a otros, su paz en medio de las dificultades, compartir su gozo cuando alguien necesita una razón para sonreír, actuar con sabiduría cuando sería más fácil responder con enojo; extender una mano cuando alguien necesita ayuda o abrazar a quien está pasando por un momento difícil.

Por eso hoy, en un momento en el que tantas personas caminan en medio de la incertidumbre, el dolor y la desesperanza, quiero que mi vida se convierta en una pequeña ventana por la que alguien pueda ver la luz de Dios. No porque sea perfecta, ni porque tenga todas las respuestas, sino porque puedo dar testimonio de algo que sí conozco: he experimentado la gracia de aquel que me rescató de las tinieblas y me mostró su luz, y ¡si Él pudo hacerlo conmigo, también puede hacerlo contigo!

Por eso, si estás atravesando un momento difícil, quiero decirte algo: tu situación actual no define el propósito de tu vida, el dolor que estás viviendo no es toda tu historia, el fracaso que experimentaste no determina quién eres, la puerta que se cerró no significa que todas se hayan cerrado. Y este momento, por difícil de creer que parezca, no tiene la capacidad de borrar el propósito para el cual Dios te creó.

Hoy es un nuevo día, una nueva oportunidad para volver a mirar hacia Dios, para recordar quién eres en Él y para permitirle mostrarte el camino, por que tu propósito no desaparece porque estés cansado, confundido o viviendo una temporada dura, Dios sigue siendo Dios aun cuando nosotros no entendemos lo que está sucediendo, por eso, no necesariamente debes tener resuelta toda tu vida para seguir adelante, basta con dar el siguiente paso y confiar.

Todo lo que necesitas llegará en el tiempo y de la manera que Dios determine, solo necesitas tomar la decisión de creer y permanecer fiel al propósito para el cual fuiste creado mientras aun tengas aliento, confiando en aquel que conoce tus necesidades y es capaz de hacer cosas más grandes de lo que anhelas o entiendes (Efesios 3:20 Dios es poderoso para hacer mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos).

Entonces la pregunta ya no será: ¿De qué sirve vivir si algún día vamos a morir? sino, ¿Qué haré con la vida que Dios me ha regalado mientras esté aquí?

Y la respuesta es simple:  vive para Él, camina con Él y permite que, a través de tu vida, otros puedan descubrir que todavía existe esperanza.

 

Vicky Pinedo 

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