¿Pobreza mental o sinvergüenzura?
De los máximos líderes y los de arriba en la pirámide comunista es sinvergüenzura, de los que están en lo más bajo es pobreza mental.
Los de arriba con riqueza monetaria, y pobres de mentalidad, los de abajo condenados a la pobreza en lo absoluto, en el bolsillo, el ser y la mente.
Estamos hablando de algo qué pasa en el mundo petrista día a día como si fueran una IA programada con datos sesgados, errados y equívocos.
Lo que nos hemos encontrado en estos primeros días del gobierno de Abelardo de la Espriella es la proliferación de una enfermedad ideológica que parece haber sido programada en la mente de algunos sectores de la sociedad: odio, rencor, tergiversación y mentira como herramientas permanentes de los que hoy son oposición. Todo coordinado por su máximo líder, hasta la proliferación de lo más bajo de este gráfico explicativo en forma de pirámide.
Como si fueran una inteligencia artificial bajo un patrón instalado en un ser humano que alimentada con datos sesgados, falacia y mentira. Petristas repiten exactamente las mismas consignas de forma coincidente con los mismos argumentos y las mismas acusaciones, el patrón se repite a la misma hora, mismo día. Todo les llega de forma de cadena por WhatsApp y otra app de mensajería o su algoritmo. Ninguno de ellos tiene la capacidad de detenerse a comprobar si aquello que están viendo, leyendo y oyendo corresponde con la realidad.

El arte de mentir en su máxima expresión.
Entonces aparece una pregunta inevitable: ¿es pobreza mental o es sinvergüenzura?
Para intentar responder claramente a este análisis que llevo estudiando hace mucho tiempo, propongo la construcción de una pirámide de ocho niveles. Una pirámide que representa, desde mi perspectiva y mi punto de vista, cómo una narrativa delictiva puede ser construida, difundida, amplificada y finalmente convertida en “verdad”.
Primer nivel: el líder supremo
(Gustavo Petro)
En la cima de la pirámide se encuentra quien, desde esta interpretación política, tiene la mayor responsabilidad en la construcción de la narrativa.
Aquí ubico a Gustavo Petro, quien, desde mi perspectiva, representa la cabeza de un destruido proyecto político que necesita mantener vigente un determinado relato incluso después de abandonar el poder. A Petro no le importa que es mentira ni que es verdad, simplemente mide el impacto y la causa para cubrir su desgraciado afán de vivir en un mundo cubierto de mentira.
La mentira, cuando es deliberada, no nace espontáneamente. Se diseña, se construye y se pone a circular. Quien está arriba sabe qué quiere conseguir y conoce el efecto que puede producir aquello que decide comunicar.

Segundo nivel: el círculo político
Debajo del líder aparecen los dirigentes, ex funcionarios, ministros y personas que hicieron parte del círculo político del anterior gobierno. A ellos solo le importa el lucro, mientras Gustavo Petro sea un generador de dinero ilícito y tenga la atención mientras ellos roban serán difusores y protectores de las locuras de Gustavo Petro cada día.
Ellos son quienes tienen mayor capacidad para conocer los hechos desde adentro. Por eso, cuando participan en la difusión de una información cuestionable, resulta difícil pensar que todo se debe simplemente a desconocimiento.
Aquí comienza la maquinaria política de repetición: una afirmación sale de arriba y encuentra personas dispuestas a reproducirla, defenderla y convertirla en bandera de oposición.
A todos les sirve defender ese proyecto falso mientras les sirve para tener poder.
Tercer nivel: medios y espacios de opinión
En el tercer escalón encontramos medios de comunicación, portales, periodistas, comentaristas y espacios de opinión.
No todos necesariamente actúan de la misma manera pero sí por los mismos intereses. Cuando un medio decide amplificar una determinada narrativa sin contrastar suficientemente, contribuye a darle legitimidad y alcance. Gustavo Petro ha tenido de su lado todo tipo de medio, público o privado.
Una mentira repetida por una persona puede ser solamente un rumor. Una mentira repetida por miles puede convertirse en una narrativa. Y cuando esa narrativa aparece permanentemente en los medios, termina adquiriendo apariencia de verdad. Recordemos que a los medios solo les importa la financiación y para eso Petro ha tenido suficiente apoyo de grupos terroristas y no terroristas que les abundan dólares.
Cuarto nivel: figuras públicas
Después aparecen artistas, actores, cantantes, deportistas, músicos y otras figuras públicas.
Su poder no está necesariamente en su conocimiento político, sino en la enorme audiencia que poseen.
Una persona que tiene millones de seguidores puede publicar una afirmación en segundos y conseguir que miles de personas la reproduzcan antes de que alguien haya tenido tiempo de comprobarla.
Lamentablemente muchos no tienen influencia suficiente y sus carreras al ir en descenso deciden ir por el dinero de los contribuyentes y de fondos oscuros que maneja la izquierda para ese tipo de apoyo que no es gratis.
La fama, cuando se convierte en herramienta política sin responsabilidad, puede terminar funcionando como un enorme amplificador.
Quinto nivel: influenciadores e intelectuales militantes
En este escalón aparecen influenciadores, creadores de contenido, académicos y personas con formación intelectual que defienden determinadas posiciones ideológicas. Aunque los “inteligentes» de la política están identificados con el Centro para parecer correctos, su destino es la izquierda que les paga.
El problema no es tener una ideología. Todos tenemos derecho a pensar diferente. El problema es venderla y apoyar mentiras.
Cuando la ideología reemplaza la capacidad de cuestionar, investigar y reconocer incluso aquello que contradice nuestras propias convicciones.
Cuando una persona deja de buscar la verdad y comienza únicamente a buscar argumentos que confirmen lo que ya piensa, deja de analizar y empieza a militar.
Sexto nivel: redes sociales y algoritmos
Aquí aparece uno de los elementos más importantes de toda la pirámide: las redes sociales.
TikTok, Facebook, YouTube, Instagram, X y otras plataformas funcionan mediante algoritmos que buscan mantener al usuario conectado. Y aquello que provoca indignación, miedo, rabia, sorpresa o enfrentamiento suele generar más interacción.
Ese es el gran cambio de nuestra época.
Antes una mentira podía tardar días en propagarse. Hoy puede hacerlo en minutos.
El algoritmo no necesariamente pregunta si algo es verdadero. Pregunta, en términos prácticos, si genera interacción. La izquierda lo sabe y lo utiliza a la perfección.
Por eso una mentira emocional puede viajar mucho más rápido que una verdad aburrida. Y cómo ejemplo es bueno recordar la verdad aburrida que representa el partido de Álvaro Uribe Vélez con su partido Centro Democrático.
Séptimo nivel: organizaciones y colectivos sociales
Aquí ubico a sindicatos, organizaciones de derechos humanos, colectivos LGBTIQ+, organizaciones de comunidades negras, movimientos feministas (anti mujer) y otras organizaciones sociales o sectores que representan a distintas comunidades y poblaciones vulnerables, todas llenas y lideradas por seudos comunistas que terminan liderando e ideologizando las organizaciones.
El punto de esta pirámide es analizar cómo determinados dirigentes, voceros o colectivos pueden convertirse, cuando toman una posición política partidista, en canales adicionales para amplificar una narrativa.
Cuando una causa social legítima termina mezclados con propaganda política, el debate se vuelve mucho más difícil, porque cualquier crítica puede ser presentada como un ataque contra la comunidad que esa organización dice representar.
Y allí la política vuelve a encontrar una poderosa herramienta de difusión.
Octavo nivel: la base de la pirámide
Finalmente llegamos a la parte más grande: los ciudadanos.
Millones de personas que reciben información todos los días y que, muchas veces, no tienen tiempo, interés o herramientas para comprobar cada afirmación que aparece en sus redes sociales.
Aquí es donde la mentira alcanza su máximo poder.
Alguien publica una información. Otro la comparte. Un tercero la manda a un grupo de WhatsApp. Alguien más la convierte en video. Otro la transforma en meme. Y, después de miles de repeticiones, la afirmación termina siendo aceptada como verdad simplemente porque “todo el mundo la está diciendo”.
Al petrista ya fanatizado poco le interesa saber si es verdad o mentira, lo importante es defenderla.
Ese es el verdadero peligro.
No investigar. No contrastar. No preguntar. No aceptar la posibilidad de estar equivocado.
A eso es a lo que llamo, en esta columna, pobreza mental.
No necesariamente falta de inteligencia, sino falta de voluntad para ejercer el pensamiento crítico.
Luis Alejandro Tovar

