EL REGRESO DEL LUCHADOR

Siempre hablo de política, de temas jurídicos, de ordenamiento territorial, de asuntos constitucionales o de educación. Esos son, digamos, los terrenos donde habitualmente me muevo y donde también me gusta meterme en esos charcos que otros prefieren bordear. Pero hoy quiero hablar de folclor y creo que es justo, porque uno también necesita hablar de esas cosas que le despiertan recuerdos, que le conectan con personas y momentos, que le permiten pensar en la vida desde un lugar distinto al de las leyes, los decretos, las controversias políticas y los problemas de nuestras ciudades. Esta vez la excusa es musical: el nuevo trabajo discográfico de Peter Manjarrés.

Debo confesar que me congratulé de no haberlo escuchado antes y sí, suena extraño congratularse por no escuchar algo, pero tenía una razón. Quería escucharlo sin las referencias de otros, sin comentarios previos y, sobre todo, sin compararlo con lo que Peter había hecho en los últimos años.

Cuando finalmente lo escuché, tuve una sensación conocida; sentí que estaba encontrándome nuevamente con ese Peter Manjarrés que recuerdo de sus épocas de mayor popularidad, cuando su música tenía una identidad muy marcada y uno podía reconocer su sonido casi desde los primeros acordes, es claro que, durante muchos años Peter experimentó, cambió sonidos, exploró propuestas y compartió diferentes etapas con distintos acordeoneros y no tengo nada contra eso, todo artista tiene derecho a buscar, a reinventarse, a probar caminos y hasta a equivocarse. De hecho, todos hacemos lo mismo.

Hay momentos de nuestra vida en los que nos cansamos de lo que tenemos, sentimos que necesitamos cambiar de ambiente, de trabajo, de amigos, de proyectos o incluso de la manera en que hemos construido nuestra propia vida. Nos convencemos de que lo nuevo necesariamente será mejor y algunas veces lo es, pero otras veces descubrimos, después de caminar bastante, que aquello de lo que estábamos huyendo no era tan malo. Que quizás no necesitábamos destruirlo todo para comenzar de nuevo, que tal vez necesitábamos distancia para entender el valor de lo que teníamos.

Eso fue lo que pensé mientras escuchaba este regreso de Peter a su sonido que marca la diferencia y al folclor que, para mí, siempre ha sido parte importante de su identidad.

Además, aparece en esta etapa Luis José Villa, a quien conocí en aquellos tiempos de Héctor Arturo y mi amigo de infancia, Juan Carlos Vargas, “Mogoya” en la primera versión del Festival Francisco El Hombre. Son esas conexiones que tiene la música con la memoria: uno escucha un acorde, reconoce una voz o un acordeonero y de inmediato aparecen personas, épocas y momentos que parecían guardados en algún rincón de la cabeza y entonces pensé en algo que aplica mucho más allá de la música, volver también es una opción. Nos han vendido la idea de que siempre tenemos que avanzar, cambiar, reinventarnos y mirar hacia adelante y claro que hay que hacerlo, pero pocas veces hablamos de la posibilidad de regresar.

Regresar no necesariamente significa fracasar, a veces significa haber aprendido porque uno no vuelve siendo la misma persona que se fue. Regresa con experiencias, con golpes, con aciertos, con decepciones y, sobre todo, con una capacidad distinta para reconocer lo que realmente vale la pena. Eso también ocurre en nuestras relaciones, en nuestras familias, en nuestras profesiones y hasta en nuestra vida espiritual; hay cosas a las que uno necesita volver, como a una conversación pendiente, a un amigo que dejamos de llamar, a compartir con la familia sin tener el teléfono en la mano o a un sueño que abandonamos porque la vida se puso complicada y también, para quienes creemos, volver a Dios.

A veces uno se pasa demasiado tiempo buscando respuestas en todas partes y termina descubriendo que aquello que necesitaba estaba mucho más cerca de lo que imaginaba por eso este disco me produjo algo más que una opinión musical, me produjo una reflexión personal. Quizás crecer no siempre consiste en llegar a un lugar nuevo, sino que consiste en tener la humildad de regresar a un lugar conocido y hacerlo mejor; en ese sentido, recomiendo escuchar “Luchador”, el nuevo trabajo de Peter Manjarrés, y particularmente “Rey de Papel”, una canción de mi cuñado Chema Moscote, la menciono no solamente por el vínculo familiar, sino porque me parece justo reconocer el trabajo de quienes siguen apostándole a escribir y construir canciones dentro de nuestro folclor, al final, la música también tiene esa capacidad de ponernos frente a nosotros mismos pues uno cree que está escuchando una canción y termina escuchando un recuerdo, no se dan cuenta que uno cree que está hablando de un artista y termina hablando de su propia vida.

De allí sacó la enseñanza que me dejó este regreso de Peter: no siempre tenemos que seguir buscando otro camino, algunas veces necesitamos volver al nuestro, pero hacerlo con todo lo que aprendimos mientras estuvimos lejos porque volver no siempre es retroceder, a veces volver es simplemente reconocer que todavía hay algo de nosotros esperando ser recuperado y quizás, después de todo, volver también sea una forma de crecer.

¡Sea un éxito Luchador, Manjarrés!

 

Adaulfo Manjarrés Mejía

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