Hemos dicho hasta la saciedad, que nuestros pueblos no son ricos porque tengan riqueza, sino sabiduría. No se trata de estar condenados a vivir en territorios que tengan el subsuelo preñado de riquezas naturales, sino que sus hombres y mujeres se hayan preparado para administrar esas riquezas. Nuestras entidades territoriales requieren tener buenos gobernantes, pero también buenos ciudadanos y buenos contribuyentes. Es decir, nuestros pueblos para alcanzar el desarrollo y la prosperidad tan anhelada necesitan la concurrencia de los tres niveles del gobierno, pero también se requiere además del estado, los gremios productivos, la sociedad civil y la academia. Pero además de todo esto, se requiere sabiduría para gobernar, porque el arte de gobernar es el arte de administrar vidas, recordando que, para ser un buen gobernante, además de la educación de un buen líder, se requiere ser buena persona.
Siempre escuchamos decir que en nuestros pueblos de provincia estamos por debajo de la media nacional en indicadores de desarrollo. También se dice que los mandatarios no cierran las brechas históricas que encuentran. De igual manera, no se dinamiza la economía ni se produce un valor agregado desde lo público para resolver las necesidades y problemas estructurales que se encuentran al inicio del mandato. Hay municipios y departamentos en Colombia por donde pasan y pasan mandatarios y no se ven cambios que impacten la imagen del territorio ni la calidad de vida de su gente. Porque las administraciones son convencionales con un modelo ortodoxo y no se hacen inversiones en obras sociales y de infraestructura de carácter extraordinario y estratégico para trascender hasta la posteridad. Eso ocurre porque a veces, encontramos mandatarios que no están preparados para administrar ni la nómina, ni el presupuesto y mucho menos conocen el régimen municipal o departamental y dejan a sus regiones y municipios sumidos en el atraso por falta de gestión y conocimiento de lo público.
Este escenario es muy recurrente y no se aprende de las experiencias del pasado y se repite la historia. En cada pueblo se encuentra un territorio sobre diagnosticado porque los mandatarios de turno muchas veces no saben que hacer dejando una gran frustración en la ciudadanía que espera los avances y el progreso de sus entidades territoriales. El clientelismo con los favores al detal prima cuando de escoger un administrador se trata, los demás criterios como la preparación, conocimiento, trayectoria y experticia de la función pública pasan a un segundo plano. Muchas veces las inversiones solo se focalizan en las ciudades capitales mientras que los corregimientos viven en pobreza extrema sin que les llegue la mano del estado. Así encontramos muchas regiones del país donde reina la pereza intelectual y los mandatarios elegidos popularmente no logran conectarse con la ciudadanía ni con la administración pública que tienen la obligación constitucional de dirigir. Sin embargo, hay municipios de sexta categoría que logran sanear sus finanzas y alcanzan soberanía tributaria y logran cambiar la cara y la imagen de su territorio. Otros hacen uso racional y eficiente de las asignaciones locales de las regalías y de los programas de desarrollo con enfoque territorial y las regalías para la paz y cierran brechas rurales y atienden las víctimas del conflicto.
Además, se salen del convencionalismo administrativo y alcanzan un destacado nivel de desempeño fiscal e institucional y un buen avance de las metas de su plan de desarrollo apoyados en un banco de proyectos muy fuerte técnicamente como es el caso de los municipios PDET, entre ellos San Juan del Cesar. La gerencia pública en el nivel ejecutivo demanda mandatarios territoriales con un alto grado de competencias y bien rodeados con equipos de gobiernos que lo ayuden no solo a apagar los fuegos del día a día de lo urgente, sino también de lo estructural y lo estratégico. Así alcanzaremos administraciones con buenos indicadores de desempeño y una dinámica económica y tributaria que se refleja en obras de infraestructura física y tecnológica para mostrar como pieza de trofeo de la administración pública.
Todo aquel que aspire a gobernar a su municipio debe prepararse no solo académicamente sino en cuanto a la función pública para que la oportunidad lo encuentre preparado y que su gestión pueda avanzar hacia la excelencia con características de éxito. Diciendo y haciendo y gestión pública con resultados efectivos son slogan que deben enorgullecer a los mandatarios que se preparan y entregan a sus entidades territoriales transformadas para que sirva de ejemplo a las próximas generaciones de gobernantes.
Rafael Humberto Frías

