AGRADANDO A DIOS Y NO A LOS HOMBRES

Colosenses 3: 23 – 24, dice: “Hagan lo que hagan, trabajen de buena gana, como para el Señor y no como para nadie en este mundo, conscientes de que el Señor los recompensará con la herencia. Ustedes sirven a Cristo el Señor.

Una de las cargas más pesadas que podemos tener en la vida es querer agradar en todo tiempo a los demás. No, no estoy diciendo que no sirvamos a las personas, que no seamos generosos o no demos lo mejor de nosotros si alguien lo demanda, me refiero a la carga de agradar a los demás por encima de nuestras propias convicciones, a hacer lo que no queremos hacer por la necesidad de ser aceptados.

La necesidad de ser aceptados y aprobados por otros, nos hace esclavos de sus deseos, el día que no podamos o no queramos hacer lo que esperan de nosotros, seremos objeto de su enojo o rechazo. Es preciso mencionar que eso no nos hace honestos, sino mentirosos, porque no nos estamos mostrando tal cual somos, porque vamos a lugares que no queremos ir, hacemos cosas que no queremos hacer y decimos cosas que no queremos decir; en lugar de ser sinceros, optamos por ser como otros quieren, hacer lo que otros quieren que hagamos y decir lo que otros quieren escuchar, buscando su felicidad y sacrificando la nuestra.

¿Es eso justo? No. ¿Es eso lo que realmente quiere Dios? Tampoco. Cuando en Gálatas 5:13 se nos manda a servir los unos a los otros, nos dice que lo hagamos por amor, no por ninguna otra motivación.

En Colosenses 3:9 se nos dice: Dejen de mentirse unos a otros… Dios quiere que seamos sinceros el uno con el otro en todo momento.

En ese sentido, bien podemos decir “NO”, cuando nuestra motivación sea cualquier otra, excepto la del deseo genuino de complacer a los demás, hacer cosas porque nos sentimos obligados a hacerlas, porque tenemos miedo a causar enojo, porque queremos evitar ser rechazados o porque tenemos un interés de por medio, son motivaciones equivocadas.

Ahora bien, tampoco se trata de irnos al extremo porque hay cosas que debemos hacer, aunque no lo deseemos, ya que hacen parte de nuestras responsabilidades laborales, legales, personales o familiares.

De igual manera, así como no estamos en la obligación de complacer a nadie, tampoco estamos en la posición de obligar a los demás a que hagan cosas por nosotros. Debemos encontrar un equilibrio con el fin de que cada cosa que hagamos, la hagamos para complacer a Dios y conservar relaciones sanas con los demás donde no nos usen y abusen, donde no usemos ni abusemos.

Oración: Señor, hoy te pido que revises mis motivaciones a la hora de servir a los demás, anhelo que cada cosa que haga sea por amor a ti y por amor a los demás. Enséñame a ser honesto y decir “no”, sin temor al rechazo y, si esto llegara a suceder, dame un corazón que perdone, que no se ofenda fácilmente, pero también un corazón que no se doblegue solo por buscar ser aprobado o aceptado por los demás. Ayúdame a tener relaciones sanas para no abusar de los demás ni ser abusado, tampoco permitas que mi corazón se llene de orgullo, pues si Jesús vino a servir al mundo, yo también anhelo hacerlo, pon en mi un corazón generoso, bondadoso y amable, siempre dispuesto a hacer el bien con las motivaciones correctas. Amén

Jennifer Caicedo

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