ARTESANAS DE VIDAS

ARTESANA

Poema

 ¿Cómo estás?

Te he recordado tantas veces que he perdido la cuenta.

Tímida en mis memorias, intentando esquivar mi mirada, el día que te conocí.

Me acerqué, me presenté y sonreíste.

Luego, de amigos a amantes del amor y ahora enemigos.

¿Que te sucedió artesana?  ¿En que momento decidiste cambiar? ¿Por qué te volviste áspera? como yo.

Acaso, ¿no sabes que los hombres somos toscos? y es natural.

¿Desde que momento te volviste mi competencia?

Si gritar un gol y ser histriónico en un carnaval, es mi esencia.

La tuya, antes, era la paciencia.

Antes de nacer viviste tantas vidas, en los genes de tu familia.

¡Joyera! ¡pulidora de piedras!

Sobre tus hombros se soportaban mis ancestros.

Descubrieron la luna, inventaron el fuego y sangraron en batallas eternas, ¡por el trofeo de tu cuerpo!

¿Acaso, no has comprendido que seguimos siendo niños y solo un amor materno, nos da consuelo en esta crisis existencial que enfrentamos desde los abuelos?

Por eso, nos laceramos con canciones y tragos, cual bohemio.

Y volvemos a sentir ganas de vivir intensamente cuando nos sentimos queridos, cuando una mercedes cree en nosotros y nos motiva a ganar un Nobel o un sueldo de obrero.

Luis José Romero Maestre

Leyendo el poema, ARTESANA que me envió para corregir, el autor Maicaero, que reclama de vuelta, la “esencia femenina”, que “los pone a salvo” cómo hombres, me choqué con necesidades opuestas entre hombres y mujeres, los hombres nos necesitan como antes y nosotras los necesitamos a la vanguardia, ultra-modernos. Creo que vivimos en un tiempo que hace bien difícil complacerlo.   El despertar del feminismo, como una respuesta al machismo, ha llegado tan lejos y tan rápido, que dar marcha atrás es meramente imposible.

Yo fui feminista en mis años mozos, y me devolví, ahora solo soy femenina. Entendí, que no necesito pelear derechos que me pertenecen igual que a todo ser humano, son míos, no me los tienen que dar.   Entendí, que no quiero ser igual a los hombres, solo quiero ser MUJER con sus 5 letras. Amo la diferencia. Somos exactamente complementarios, lo que no soy yo, lo es el y al revés. Ellos tan pragmáticos, nosotras tan soñadoras, ellos tan unifocales, nosotras tan holísticas, ellos tan concentrados, nosotras tan multifuncionales. ¡Es fantástico!!

En cuanto a derechos, ningún hombre puede respetarme, a menos que yo me respete y lo respete, tampoco nadie va a valorarme, si no lo hago yo. No debo exigir que me den lo que merezco, es algo que sucede natural, cuando yo lo asumo, lo tomo. El estado debe garantizarme los mismos derechos que a todos los ciudadanos, por constitución, quien debe asumirlos sin temor, seguro de que es mi derecho, soy yo.

Jamás he vivido maltrato físico, de las dos parejas con las que he convivido, no elijo maltratadores, saben que no pueden tocarme, sino con el pétalo de una rosa (suficiente con los 21 manguerazos que me dio mi papá a los 9 años, los conté, los sufrí, y dije nunca más nadie me vuelve a maltratar.  Santo remedio) Viví maltrato emocional (Infidelidad), hasta que decidí amar de forma correcta, amándome más a mi y primero a mi.  Decidí no aceptarle a nadie menos de lo que merezco, Tampoco doy menos de lo que los demás merecen, que es, lo mismo que yo.

Pienso igual de todas las segmentaciones llamadas minorías, para ganar respeto a través de leyes. Soy mujer, soy líder, soy indígena, soy negra y jamás he pedido un trato diferencial por eso. Ni para bien, ni para mal. Reconozco mi valía integral como persona. Punto. Y los demás lo hacen. Nadie tiene que reconocerme o darme espacio, yo los tomo, porque se que me pertenecen.

No estoy en contra de las luchas sociales, hemos logrado mucho con ellas, pero para todos, por igual, sin segmentarnos como diferentes o minorías.   Para mí, eso es aceptar que somos diferentes, y no lo somos.   Somos seres humanos preciosísimos, con el mismo valor y eso no nos lo da una ley, eso o lo creemos o no, si lo creemos lo vivimos y nada podrá impedirlo, porque nada es más poderoso que la convicción.

Puesto mi punto de vista y respetando los puntos de vista de los demás, traigo de nuevo la solicitud del poeta, en Artesana.   Motivada, además, por la conversación que sostuvimos después de leerlo. Me reí de su posición y sus pretensiones.  “Las mujeres guajiras han formado hombres inútiles, lisiados emocionales, incapaces de construir hogares sólidos. Somos prepotentes, exigentes, arrogantes, desconsiderados, infieles, creemos que, porque llenamos la nevera, pagamos los servicios y el techo, somos dueños de nuestras esposas; esos mismos hombres al mismo tiempo somos débiles, no sabemos tomar decisiones que protejan nuestra familia, creemos que podemos ir por el mundo viviendo de manera irresponsable, no asumimos con verdadero compromiso la unión conyugal, la crianza de los hijos, la autoridad cómo jefe de hogar.  Aprendimos a reposar sobre nuestras mujeres (madres, abuelas, tías, hermanas, y luego, también sobre nuestras esposas) y claro, cuando nos encontramos con mujeres que no quieren ser nuestras madres, mujeres plenas, evolucionadas, felices, nos frustramos, no sabemos cómo afrontar, como actuar, no tenemos un modelo a seguir y fallamos, porque nos enseñaron fue a perder”. Anotó Luis José

-Y qué, de la parte que les toca a los hombres, ¿en la crianza?

– “Imagínate, a ellos los crían enclencos y son nuestro modelo a seguir.  Ellos no saben, que deben ser, los hombres que esperan que nosotros seamos, los hombres, con los que desean que se casen sus hijas, no saben que son nuestros héroes. Con su ejemplo, ¡nos enseñan a vivir! En muchos casos el modelo indica vivir bajo las enaguas de nuestras esposas, a beber ante la impotencia, el dolor o el enojo, a ser infieles, como aparente muestra de hombría, sin decirnos que, al contrario, ese es el camino a nuestra perdición. Por imitación nos convertimos en unos “Pachá”.  Lo peor de todo es que hemos normalizado todos esos comportamientos, ¡los traemos a nuestros matrimonios y Zaz!! ¡Fracasamos!!  volvemos a intentarlo y volvemos a fracasar a menos que… nos hagamos responsables de nosotros mismos. Ve Noralma, a los hombres guajiros nos terminan de criar los fracasos”. Soltó la risa, pero fue la frase que inspiró este escrito.

El tiene razón, fuimos criados por mujeres sexistas, que también fueron criadas así, y que influenciaron negativamente, en la vida de sus hijos (mujeres y hombres) sin saber y sin querer.  En La Guajira, tenemos un agravante:  por cultura, somos matriarcales, lo que representa para los hombres una ambivalencia, que los deja en el limbo, crecen creyendo que la autoridad de la casa es la mujer, y así es, pero no debe ser así. El hombre debe ser la cabeza del hogar.

Si bien es cierto que la influencia del entorno familiar, durante los primeros 5 años, es definitiva en el desarrollo de nuestro temperamento y en la formación de nuestro carácter, también es verdad que, solo es así, hasta algún punto de nuestras vidas.   Crecemos y es nuestra responsabilidad adueñarnos de nuestra felicidad.  Los padres no pueden dar lo que no recibieron, por experiencia les digo, ellos solo están asustado, tal como nosotros; CRIAR NO ES FÁCIL.

Mi santa madre que reposa en la paz de nuestro Dios, como decía ella, era una mujer machista (sexistas) y al mismo tiempo la más feminista que haya conocido. Yo la vine a descifrar cuando crecí.  Ella crio 3 hombres machistas, con dos intentos fallidos de hogares y orando para que el tercero se mantenga; creo que sí, doy fe que decidieron mejorarse a sí mismos y han logrado bastante. Crio también 6 disparates de mujeres, cabales, felices, emprendedoras, luchonas, amorosas, hogareñas, hacendosas, buenas madres, pero “Jodidas” cómo decía ella. Dos de ellas en su único matrimonio, tres (incluyéndome) en segundas nupcias y la menor separada y en espera, pero felices. Joajana y según la máxima, todos somos unos vencedores, exitosos, porque hemos caído, ¿pero las mismas veces nos hemos levantado y quién nos enseñó?  Nuestros padres que sacaron fuerza y valentía para volver a empezar cada vez.

Temperamento, carácter, actitud, conducta, acciones, pueden y deben ser moldeadas por nosotros, una vez somos conscientes que nos hacen daño.  Es deseable que los padres hagan un buen trabajo en la temprana edad, que garantice hombres y mujeres sanos, libres fuertes, felices. No obstante, no nos podemos pasar la vida excusándonos detrás de la malacrianza de nuestros padres, que dieron de lo que tenían y no tenían, para que seamos lo que somos.

Quisiéramos que las madres Tengamos el manual del hijo perfecto, para ser como escribió el poeta: “Las madres Guajiras tienen la obligación de normalizar la educación integral en sus hijos, sobre todo en los varones. Que barran, cocinen, sepan planchar, ayudar en lo quehaceres de la casa.  Deben enseñarles que los dolores son parte de la vida, que van a ganar y que hay veces que van a perder, negocios, casas, carros, hogares, novias, amigos; que no siempre, el alcohol es la única manera de hacer catarsis, que llorar no les hace perder su hombría, mas bien la ratifica.  Deben enseñarnos, que quizás seremos traicionados, y que los hombres justos se levantan, dan gracias a Dios y siguen luchando por sus proyectos, y si estos fracasan se inician proyectos nuevos. Las madres deben orar para que sus hijos no lleven sus dolores a las cantinas y billares, porque la perdida es doble, moral y económica, por eso es que morimos limpios.  Nos crían machistas por que ellas lo son.  Deben revisar el método y mejorarlo”.

No es así la vida, no hay manual, no hay procedimientos estandarizados, no hay métodos, que indiquen como criar a los hijos, máxime cuando cada ser humano es diferente a el resto.  Dios es muy sabio y sabe bien lo que hace, nos coloca en la familia y con las personas que necesitamos, para pulirnos unos con otros; como piedras.

Disfrutar el viaje, es la clave de esta vida. No se trata de ser perfectos, se trata de ser felices.

Noralma Peralta Mendoza

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