BECCASSINO: EL ÁNGEL DE RODOLFO

Una máxima del marketing político es que detrás de un candidato político exitoso siempre hay un gran estratega. En la actual campaña presidencial ese estratega tiene nombre: Ángel Beccassino, un experto publicista que, a partir de la creatividad, la innovación y la disrupción llevó en pocos meses a un competidor, casi desconocido, a la segunda vuelta con alta probabilidad de convertirse en el nuevo presidente del país.

La consolidación del fenómeno Rodolfo se les atribuye a sus principales fortalezas: autoridad fuerte, mentalidad enfocada al hacer, y el desparpajo santandereano para comunicar sus ideas y convicciones. El millonario «outsider», desde marzo y luego de visitar a su santidad, encontró su ángel estratégico, un visionario gladiador del arte de la guerra en los nuevos campos de la batalla política: las redes sociales. Así, a partir de la potencialidad del candidato, el asesor reafirmó el estilo directo de Rodolfo, sin maquillajes ni discursos enarbolados por las lentejuelas de la demagogia, y recurrió a una herramienta poderosa: la verdad y la autenticidad. Con esa premisa definida le apostó a la antisolemnidad como expresión pura de la antipolítica, cimentada, entre otras expresiones, en la sinceridad y en el lenguaje común para posicionar a la corrupción como eje central de un discurso expresado de forma directa y repetitiva sin caer en la retahíla perniciosa del candidato del Pacto Histórico.

EL ingeniero Rodolfo, como se le conoce, por su profesión y nombre y no por los abolengos y patronímicos de la élite colombiana, rompió con todos los esquemas y formas de hacer política en el país, precisamente por medio de «no hacer pactos con los políticos». Ese no convencionalismo, la espontaneidad, el humor y la mano consejera de un experto publicista coadyuvaron para que «el viejito» transmitiera alegría, aceptación y cariño en los electores a pesar de cometer errores y desavenencias en su exuberancia verbal. Por esto último, el candidato de la Liga Anticorrupción representa un desafío permanente para el estratega; siempre tiene un momento complicado, una rueda que sacar del fango de la ansiedad y un lapsus que corregir. Por fortuna, esas dificultades han sido superadas de manera orgánica por alguien que habla como la gente, en un lenguaje castizo, a quien se le sobresaltan las malas palabras, se equivoca y pide perdón como cualquier Juan o José de Puerto Carreño, Ciudad Bolívar o Quibdó. En conclusión, un candidato tan de verdad como cada uno de los colombianos, muy distante de los actores de la política construidos con falsedad cosmética.

Rodolfo Hernández es consciente de su desconocimiento de todo el andamiaje del Estado, pero reemplaza esa falencia con la sabiduría de la experiencia, la generosidad de su intuición y la inteligencia emocional de un hombre de negocios hecho a pulso, al amparo de las dificultades que afrontan todos los colombianos en el día a día. En un plano más humano, representa el espíritu «zapatocas» de la austeridad e inspira los valores relegados al siglo xx por una Colombia hastiada de la política del siglo xxi y los bemoles de los privilegios y saqueos de pocas familias.

La mejor estrategia de Beccassino fue recurrir a la autenticidad de Rodolfo para contar una historia de verdad y mostrarlo como lo que es: «el más humilde y sincero de los colombianos» y no como debe ser según la doctrina proselitista: «posar del más sabio y mesías de la hecatombe nacional». El santandereano siguió ese consejo sin caer en el despeñadero populista y el «todo vale» del candidato de la izquierda, evitó «incorporar dimensiones a su personalidad en función de los objetivos estratégicos de la campaña» y se concentró en guardar coherencia entre los que dice y lo que hace.

Según Beccassino, la fórmula matemática del ingeniero se resume en una idea sencilla y creíble por parte de los electores: «Si limpiamos al estado de la corrupción, del sobrepeso de las cuotas burocráticas y somos austeros con el gasto público, no es necesario realizar grandes reformas tributarias y endeudar más al país». Esa ecuación básica y su tenacidad despertó una ola de emoción en los colombianos, que de seguro llevará al septuagenario piedecuestano a la presidencia de la república. Desde allí, desde la Casa de Nariño, de seguro establecerá un nuevo sentido en la política y en el relacionamiento entre los poderes públicos: el sentido común del respeto, la sencillez y la independencia al servicio de los propósitos nacionales.

Confiemos que el ingeniero Rodolfo, como bien lo expresa en sus redes sociales, no le falle a los colombianos en la gran responsabilidad que están a punto de encomendarle.

 

Arcesio Romero Pérez

Escritor afrocaribeño

Miembro de la organización de base NARP ASOMALAWI

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