CONFESIONES DEL “VIEJO MILE”

Mi homenaje hoy es en memoria de mi primo Emiliano Zuleta Baquero, quien nació un día como hoy del año 1912.El padre de una de las grandes dinastías del vallenato. El Viejo Mile nos dejó tantas enseñanzas en todo su recorrido terrenal. El folclor no lo olvida ni como acordeonero y mucho menos como compositor, donde La Gota Fría fue inmortalizada a nivel mundial. En la décima fue el gran repentista mayor. Como padre inolvidable. Como amigo incondicional. En fin, del Viejo Mile se puede escribir la mejor novela de un vallenato bien cantado.

En el año de 1996, cuando el suscrito andaba muy enamorado de una de sus nietas, siempre visitaba en compañía de ella, a mi primo querido Emiliano Zuleta Baquero en Urumita, quien compartía su vida con Ana, su última compañera y en esas tardes urumiteras de ensoñación hacíamos tertulias de su vida y de sus vivencias y parte de ellas quedaron grabadas por este columnista para la eternidad.

Bueno primo acotaba yo en ese entonces, como es el inicio de su vida y él de manera claridosa me informó: “primo, la dinastía Zuleta empezó con mi papá, Cristóbal Zuleta, quien era músico. Había nacido en La Paz, de donde son todos los Zuleta y también por los Baquero, usted sabe que vinieron tres huyendo de la dictadura española, que eran sefarditas de origen judío y usted que conoce la historia, llegaron vía Venezuela y entraron vía Cúcuta, uno de ellos era músico, también por los Salas que tienen la misma vena musical. Mi padre me dejó como de diez meses de nacido, en La Jagua del pedregal, o del Pilar, como ahora la llaman. Mi mamá y mi papá fueron hermanos de crianza, porque mi abuela materna, Santa Salas, vivió con mi abuelo paterno, Job de Las Mercedes Zuleta, y cada uno tenía un hijo por su lado. Así que mi papá y mi mamá se criaron juntos y cometieron el pecado de tenerme a mí. Por eso, en muchas ocasiones se ha dicho que era hijo de dos hermanos.

Mi abuelo fue el que me bautizó Emiliano de Las Mercedes, con su mismo segundo nombre. Mi nombre completo primo es Emiliano de Las Mercedes Zuleta, pero resulta que allá en El Plan existe un arroyo al que llaman Arroyo de Las Mercedes y yo pensé: No, van a decir que soy hijo del arroyo ese. Entonces me puse Emiliano Antonio en la cédula.

Mi papá fue músico de orquesta. Tocaba todos los instrumentos y toda clase de música, menos la de acordeón. Yo no lo veía mucho. Casi no fui su amigo. Él se vino a vivir a Valledupar y nosotros nos quedamos en Villanueva. Ya grande, lo visité poquitas veces. Como a los 70 años se enfermó de la próstata y, como antes había poca ciencia para esas cosas, murió en una operación.

Yo aprendí a tocar muy pronto guacharaca, caja, redoblante, bombo, pero lo hacía a escondidas, hasta aquella vez en que decidí irme a tocar a Manaure con unos amigos y usted sabe que Manaure y El Plan están muy cerquitas y pasamos por una finca que se llamaba “El Ceibal”. Esa tarde comimos carne asada con guineo cosido en caldero de hierro. El guineo quedaba morado porque esa era el color del agua que daba el caldero. La señora de la finca, por preferirme, me hizo un bollito, pero se le olvidó echarle sal. Y ahí saqué yo mi primer verso: señora, vengo a contarle/ lo que pasó en El Ceibal/ Pastora por complacerme/ me dio un bollito sin sal/.

Y ahí empecé primo. Antes del acordeón había aprendido a tocar también carrizo o gaita. La gaita se fabrica de un palito hueco al que se le hacen diez hoyitos. Se da forma a una pelota de cera, a la cera se le hace otro hoyito y se pone en la punta del palo hueco. En esa misma cera se mete el hueso de una pluma de gallina. Después fue que aprendí a componer decimas: una composición rimada, compuesta por un verso de cuatro frases, o sea la cabecilla, y cuatro versos de diez frases. La última frase de cada uno de los cuatro versos de diez es, en orden, una de las cuatro frases de la cabecilla.

Mi primo Emiliano Zuleta Baquero, me contó en el año de 1996, para mí y los amantes del folclor vallenato es relevante y placentero conocer su historia. ¿Primo y esas salidas jocosas de donde le salen? Primo, el humor me viene en parte de mi madre. Y también la bebedera. Me explico. Antes había un vicio muy agreste: La gente, joven y vieja, comía barro. Y creo que yo comía más barro que todo el mundo. Casi me muero. Mi mamá me preparaba unas tomas, con unas botellas de chirrinche el ron de entonces y con quina rayada. Y me las daba a beber. Al principio, me obligó a hacerlo. Yo le hacía mofa al remedio, pero me lo bebía y le fui cogiendo el gusto. Tanto que después me tomaba el que me daba ella       y otro a escondidas. Así me acostumbre a beber. Mi mamá compraba el chirrinche para venderlo en la casa. Un día me pilló tomándome un trago y me regañó. Yo le dije que ya me había agarrado, que me diera una botellita. “Unos pencazos es que te voy a dar”, me respondió. Y eso me causó mucho sentimiento. Me puse a llorar y después eché para el monte y me estuve tres días perdido. Yo quería volarme, irme lejos de ahí, pero no tenía un centavo. Mamá me fue a buscarme con dos hermanas mías y me halló débil, muerto de hambre. Entonces me dijo: -ay hijo. Allá está toda la cantarita pa´que te la bebáis. Y así fue. Yo le compuse una décima al episodio.

Mi madre compuso versos inolvidables. Una vez, siendo ya íntima de Escalona, unos amigos de Valledupar fueron con él a El Plan y allá dijeron: -Vamos a asustar a la Vieja Sara. Llegaron dejaron a Escalona en una pieza cerca de allí y entraron a la casa de mi mamá. –hola, doña Sara, ¿qué tal? –ombe, bien ¿y ustedes? –caramba, Vieja Sara, ¿usted supo de la muerte de Rafael Escalona? –¡NO! ¿Qué me están diciendo? –No que Rafael Escalona murió ayer. Cuando eso, no había carretera de El Plan para Manaure, y ella dice: -yo me voy para Manaure a pie y en Manaure cojo carro. Y cuando los amigos ven que mi mamá se está alistando para irse, deciden traer a Escalona. Escalona llega, pasa el quicio de la puerta y cuando la Vieja Sara lo ve, su rostro se ilumina y lanza ella este verso: Llegó el agraciado al puerto/ y en la tierra firme pisó/ y vi que resucitó/ al que nombraban por muerto.

Con todo y sus virtudes heredadas, la Vieja Sara no quiso nunca que yo fuera músico, porque los músicos eran bebedores, irresponsables, no prometían nada en la vida. Casi todos mis hijos se hicieron también músicos solos, porque yo tampoco quería que lo fueran. El acordeón no era sino para parrandear y vagabundear con los amigos. Mi madre no quería ni que me enamorara ni que tocara acordeón. Yo vine a conseguir mujer fue después de ser hombre porque, de joven, mamá no me dejaba. Me celaba con todas.

Nunca aprendí a leer ni escribir. Nuestra vida era muy pobre. No había plata y, cuando los niños estábamos en edad de ayudar al trabajo, las mamás nos “concertaban”, como decían antes. Nos ponían a trabajar en fincas o casas de familias con dinero. Así que uno no tenía tiempo de estudiar. Yo vine a aprender a firmar mi nombre con la primera muchacha que me saqué, Pule Muegues. Las pendejaditas que yo sé de lectura y escritura me las enseñó ella.

 

HERNAN BAQUERO BRACHO

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