CUANDO EL CORAZÓN REGRESA ANTES QUE EL TRABAJO

“No todo regreso comienza con una mudanza. A veces vuelve primero una idea, una asesoría, una inversión, una clase o una conexión.”

 Recientemente una amiga me contó que tenía unas ganas a menudo desvelo por volver a su tierra. Tras más de quince años de crecimiento profesional lejos de su ciudad natal, llegó a un punto de inflexión. No regresa porque le haya ido mal. Quiere estar cerca de su familia, vivir tranquila y devolverle a su tierra algo de lo aprendido. Está dispuesta a desprenderse de comodidades e ingresos.

Pero al convertir el deseo en una decisión aparecen las preguntas: ¿en qué podría trabajar?, ¿su experiencia sería reconocida?, ¿tendría que empezar de nuevo?, ¿regresar sería también retroceder? Entendí que su corazón, de alguna manera, ya regresó. El problema es que después de construir una trayectoria y alcanzar beneficios difíciles de encontrar en el sur de La Guajira o el norte del Cesar todavía no encuentra cómo hacerlo.

Aunque parece una conversación íntima, revela un problema de economía regional. Las regiones no pierden su talento solamente cuando este se marcha. Lo pierden por segunda vez cuando, después de formarse y acumular conocimiento, quiere regresar y no encuentra dónde aplicarlo. Esa segunda pérdida es la que debemos empezar a reconocer y corregir.

  

Irse también puede ser una inversión

 Solemos llamar fuga de cerebros a la salida de personas calificadas. Conviene precisar el concepto ya que la expresión sirve, pero cuenta apenas una parte de la historia. Quien se va no desaparece ni deja de pertenecer. En muchos casos, migrar permite acceder a mejores universidades, empleos, instituciones y redes profesionales.

Irse también puede ser una inversión en capital humano. Afuera se aprenden métodos, se conocen tecnologías y se desarrollan capacidades difíciles de adquirir permaneciendo en el mismo lugar. Además, quienes migran pueden seguir aportando mediante inversiones, contactos o colaboraciones a distancia. El problema no es exclusivamente que la gente se vaya, sino que el viaje termine en una salida sin retorno ni conexión. Cuando una persona aprende afuera y logra regresar o vincularse productivamente con su lugar de origen, debemos hablar de circulación del talento, y con esa distinción clara el territorio puede recuperar conocimiento, redes y experiencia adquiridos en otros lugares.

Pero ese beneficio no ocurre por nostalgia. Necesita empresas, universidades, instituciones públicas, organizaciones sociales y proyectos capaces de recibirlo. El conocimiento puede volver en una maleta, pero requiere un lugar donde abrirla.

  

La economía emocional del regreso

La decisión de mi amiga como la de muchos tampoco cabe en una hoja de cálculo. Al quedarse, conserva estabilidad, ingresos y relaciones profesionales. Al regresar, podría recuperar cercanía familiar, identidad y una tranquilidad que no aparece en el desprendible de pago. Una lectura seria del desarrollo debe reconocer ambas dimensiones.

Esto lo podríamos llamar la economía emocional del retorno. Aquí se comparan bienes que tienen precio con otros que poseen valor, aunque el mercado no sepa medirlos el poder acompañar a los padres, volver a las conversaciones conocidas, sentirse parte de una comunidad y vivir en un lugar que no necesita explicación. Por eso, regresar también tiene un costo de oportunidad. La persona acepta ganar menos o asumir más incertidumbre a cambio de bienestar afectivo y sentido de pertenencia.

No se trata de romantizar el regreso. El amor por la tierra no paga las obligaciones ni reemplaza una carrera profesional. Tampoco sería justo pedirles a quienes migraron que sacrifiquen lo construido como prueba de identidad. En consecuencia, no podemos llamar política de retorno a una decisión sostenida únicamente por el sacrificio personal. Una región que exige renuncias excesivas para recuperar a sus profesionales tiene una deuda con ellos.

  

¿Cuánto cuesta el que no vuelve?

Los datos ofrecen un punto de partida, no una conclusión. Según el DANE, en 2025 la tasa de desocupación fue de 12,3 % en La Guajira y de 9,9 % en Cesar. La tasa de ocupación alcanzó 54,4 % y 53,1 %, respectivamente. La Guajira quedó entre los departamentos con mayor desocupación del país.

No podemos conformarnos con esas tasas. Las cifras no dicen cuántos empleos corresponden a la formación, son estables o permiten investigar, innovar y dirigir. El desempleo mide la falta de trabajo, pero no captura la falta de trabajo pertinente. Alguien puede estar ocupado y mantener buena parte de su capacidad profesional subutilizada.

El Banco de la República ha señalado que la migración interna ha contribuido a concentrar el capital humano colombiano en las ciudades grandes y prósperas. Las regiones con menos oportunidades no solo pierden población suelen perder precisamente a quienes tienen mayor formación y más posibilidades de marcharse. La migración ayuda a la persona a superar ciertas limitaciones, pero no corrige por sí sola las brechas territoriales; incluso puede profundizarlas.

 

Un mercado laboral que no cuenta toda la historia

El costo más visible es la producción que esa persona genera en otra ciudad. Su trabajo mejora procesos, resuelve problemas, dirige equipos y crea valor donde encuentra oportunidades. Allí consume, paga impuestos, compra vivienda, contrata servicios e invierte.

La pérdida más importante puede ser la que no aparece en las cuentas. Quince años de experiencia contienen conocimientos difíciles de enseñar como son el criterio para decidir, errores que no necesitan repetirse, contactos, reputación y capacidad para conectar el territorio con mercados, universidades o inversionistas.

Cuando esa persona no regresa, también pueden quedarse afuera una empresa que no nació, empleos que no se crearon, jóvenes que no encontraron una mentoria e instituciones que no incorporaron nuevas prácticas. No significa que todo retornado produzca automáticamente esos resultados. Significa que el territorio pierde la posibilidad de intentarlo con mejores capacidades.

Ponerle una cifra exacta sería difícil y, sin información suficiente, irresponsable. Un análisis riguroso tendría que estimar valor agregado, conocimiento transferido, emprendimientos, impuestos y aportes comunitarios, descontando lo que ya se aporta desde afuera. El costo del no retorno no es un salario; es un conjunto infinito de posibilidades que no llegaron a realizarse.

  

Construir la puerta de regreso

En estos días, una propuesta volvió a plantear la posibilidad de gobernar desde las regiones y reconocer a Barranquilla como capital alterna. Es una aspiración valiosa, pero debe traducirse en resultados. ¿Qué significa llevar el Estado a los territorios? No basta con trasladar reuniones o escritorios. Descentralizar debe mover capacidad de decisión, inversión, empleos calificados y proyectos capaces de convocar al talento que se fue.

Si esa intención se convierte en oportunidades verificables, puede abrir una puerta para el retorno. La tarea convoca a gobiernos, universidades, empresas y organizaciones sociales a identificar la diáspora profesional, crear redes, facilitar el trabajo remoto, promover emprendimientos y establecer convocatorias transparentes, ya que no todo regreso comienza con una mudanza primero pueden volver una idea, una asesoría, una inversión, una clase o una conexión.

La historia de mi amiga no tiene final. Quizás vuelva, quizás permanezca donde está o encuentre una forma de vivir entre ambos lugares. Pero su dilema deja una pregunta que muchas regiones colombianas deberían hacerse: ¿de qué sirve formar talento local si las oportunidades para utilizarlo siempre se encuentran en otra parte?

El desarrollo de un territorio también se mide por la distancia entre querer regresar y poder hacerlo. Este es un llamado a sus dirigentes, empresarios, rectores y líderes sociales a que no esperemos que el talento vuelva únicamente por amor. Construyamos condiciones para que regresar no sea un acto de renuncia, sino una oportunidad compartida de transformar la región.

 

Fabián Dangond Rosado

DESCARGAR COLUMNA

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *