DEJANDO DE FINGIR

La mayoría de nosotros hemos aprendido a ser cortés, hablar con gentileza, hemos desarrollado la habilidad de fingir que alguien nos importa, incluso fingir compasión ante la necesidad ajena, desconociendo que lo importante no es lo que hacemos, sino lo que nos motiva.

La aprobación de Dios no está en las acciones, sino en el amor real, que va más allá de las apariencias y de la cortesía. Romanos 12:9-10, nos dice que el amor debe ser sin fingimiento, que aborrezcamos lo malo, sigamos lo bueno, nos amemos los unos a los otros con amor fraternal y que honremos a los demás.

¿Qué me motiva a honrar a mi prójimo? Una recompensa, un favor o el simple hecho de ver a los demás como personas hechas a imagen y semejanza de Dios. Honremos a las personas por lo que son, no por lo que pueden hacer por nosotros.

Puede resultar muy fácil honrar a quien nos honra, pero ¿cómo honrar a una persona que me maltrata, humilla, desprecia, traiciona, calumnia? No es tan difícil, es asunto de acordarte cuando tú maltrataste a tu empleado, cuando tú humillaste a tu pareja, cuando tú le faltaste a tu jefe, cuando tú calumniaste a tu vecino, cuando tú le mentiste a tu amigo, cuando tú insultaste al peatón mientras manejabas… No estoy diciendo que debemos encontrar gozo ante las acciones injustas que muchos tienen hacia nosotros, estoy diciendo que, nosotros también hemos fallado y esperamos perdón, compasión, compresión y nuevas oportunidades, en tal sentido bien podemos hacer lo mismo con los demás y si se presenta la ocasión de hacerles el bien a esas personas, no nos neguemos a hacerlo.

En Mateo 5:44, Jesús nos invita a amar a nuestros enemigos, a bendecir a los que nos maldicen, a hacer el bien a los que nos aborrecen, y a orar por los que nos ultrajan y nos persiguen.

El problema que tenemos muchos a la hora de hacerle el bien a quien nos ha hecho mal es que decimos “voy a hacerlo para demostrarle que soy mejor persona, para que aprenda y se dé cuenta que yo no soy igual”, pero la verdad es que no tenemos que demostrarle nada a nadie de esa manera, pensar así es ser altivo, creerse superior a los demás y eso, para nada nos hace mejor persona y volvemos nuevamente a las intenciones del corazón.

Ahora, hacer el bien a quien nos ha hecho mal, cuando aún nos sentimos heridos o molestos no es ser hipócrita como muchas personas lo creen, la hipocresía oculta las malas intenciones y eso es muy diferente a obedecer la palabra de Dios, ser sinceros con Él, con nosotros mismos y decir: “Aún me duele, aún estoy enojado (a), pero no quiero darle lugar al orgullo, a la venganza o a la indiferencia, me niego a obrar conforme a mis deseos para obrar de la manera en que Cristo lo haría”, pensar de esta forma no nos hace mejores personas, ni mucho menos superior a nadie, pero sí nos hace hijos de Dios (Mateo 5:44:45).

Mentiría si digo que nunca vamos a fallar en el intento de doblegar nuestra carne, nuestro orgullo o los sentimientos heridos para darle lugar a la bondad, la amabilidad, la gentileza, al perdón, pues somos seres humanos, frágiles, emocionales, pero también mentiría si digo que es imposible pagar bien por mal, porque como ya sabemos “todo lo podemos en Cristo que nos fortalece”, versículo que ya va siendo hora de pasar de nuestro simple conocimiento, para llevarlo a la práctica y es que con todo lo que le hemos fallado al Señor, Él, por gracia, nos sigue tratando con bondad, amabilidad, gentileza y siempre está dispuesto a perdonarnos, por eso lo mínimo que debemos hacer es dar por gracia, lo que por gracia hemos recibido.

Patricia, una adolescente alegre, ingenua, hogareña, vivía con sus padres y su hermano en un hogar, que, si bien no era perfecto, había armonía, hasta que Mateo, su padre, abandonó el hogar para formar uno nuevo con Ángela, con quien le había sido infiel a su madre desde mucho tiempo atrás. Patricia vio llorar a su mamá muchas veces; ver crecer a su hermano sin la figura paterna, aunado con su propia sensación de abandono, la hizo odiar por mucho tiempo a Ángela; un día decidió no seguir llevando esa carga y resolvió perdonar a su padre y a aquella mujer que tanto la hizo sufrir, a ella y a su familia, indudablemente no fue fácil, fue un proceso que tardó muchos meses, pero Patricia confiaba en que Dios sanaría su corazón y se encargaría de traer paz, en efecto, así fue. Hoy, Patricia es adulta y nunca le ha faltado a Ángela, por el contrario, comparte con ella tiempo, conversa, ríe, llora, el día de la madre y el día del cumpleaños, siempre tiene un detalle, sea o no material, para honrar a Ángela, Patricia no conoce los sentimientos de la actual pareja de su padre, pero está feliz de que al menos los suyos son sinceros, que en su corazón ya no hay rencor y que cada gesto que tiene con ella es genuino.

 

Oración: Señor, examina las intenciones de mi corazón, cambia el odio por amor, el rencor por perdón, el orgullo por humildad y la indiferencia por empatía. Enséñame a pagar bien por mal, no es fácil, tú conoces mi fragilidad, mi humanidad y sé que lo entiendes, pero yo también sé de tu poder para cambiar mis motivaciones, por eso hoy te las entrego, para que hagas de mí una persona conforme a tú corazón, que los actos de bondad que yo tenga no sean fingidos, ni para creerme superior a nadie, sino que sean genuinos para reflejar el amor que tú me has dado a mí. Amén

 

Jennifer Paola Caicedo Cantillo

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