¡DESMOVILÍZATE, ENTREGA LAS ARMAS!

Todo lo que somos y decimos proviene de lo que hay en el corazón, Mateo 12: 33-34, dice que, si un árbol es bueno, producirá frutos buenos; si un árbol es malo, producirá frutos malos… lo que está en el corazón determina lo que se dice.

En este pasaje, Jesús nos recuerda que lo que hablamos y lo que hacemos dejan al descubierto nuestras verdaderas convicciones, creencias y motivaciones, así pues, las buenas intenciones que tratamos de dar no durarán mucho si no estamos siendo sinceros, lo que hay en nuestro corazón termina delatándonos y reflejándose en lo que decimos, en la manera en que lo decimos y en nuestra conducta.

¿Qué palabras salen de nuestra boca? Si lo que hay en nuestro corazón es basura, no se soluciona con el simple hecho de limpiar el vocabulario, porque llegará el momento en que no podemos fingir más, por eso, se hace necesario invitar al Espíritu Santo a nuestra vida, para que cambie las intenciones, coloque en nuestro corazón buenos motivos, así, lo que digamos y hagamos será limpio desde el interior, desde el corazón el cual es la fuente de lo que decimos y hacemos.

¿Por qué para Dios es tan importante el corazón?

En Proverbios 17:3, dice que el fuego prueba la pureza del oro y de la plata, pero que el Señor prueba el corazón. Se requiere mucho calor para purificar los metales de los que habla este versículo, así también es necesario el calor de las pruebas que es lo que indica cómo anda el corazón. Cuando pase por momentos difíciles, dese cuenta que lo que Dios quiere es refinar su fe y limpiar su corazón.

Uno va a las escrituras y lee cómo los fariseos cumplían al pie de la letra La Palabra, diezmaban, ayunaban, ayudaban; pero llegó Jesús y los puso al descubierto, pues esto no era suficiente, los fariseos actuaban en apariencia, no por un verdadero amor a Dios y a su prójimo. Por ello, el Isaías 29:13, se dijo que el pueblo honraba al Señor de labios, pero su corazón estaba lejos de Él y que su adoración no eran más que reglas humanas aprendidas de memoria.

PERO… ¿QUÉ TIENE QUE VER ESTO CON DESMOVILIARSE Y ENTREGAR LAS ARMAS?

Cada cosa que nos sucede, un despido injusto, un insulto recibido, la traición de la pareja, el abandono de un padre o una madre, una enfermedad, entre otros, son dardos que nos lanza el enemigo diariamente, que tomamos y los convertimos en municiones que vamos guardando en el corazón, cuando ya estamos cargados, como ráfaga, insultamos, peleamos, cometemos actos deshonestos, mentimos, fingimos, nos amargamos, descargando esos sentimientos negativos que nacen de las malas experiencias y dejamos crecer en el corazón.

Frente a esas malas acciones y reacciones, que no son nada aprobadas por el Señor, porque descubren lo que hay en nuestro interior, acostumbramos a culpar a los demás: “él/ella me hizo”, “él/ella me dijo”. Cabe resaltar que muchas veces no reaccionamos mal, pero sí maquillamos nuestras palabras pretendiendo quedar como mejores personas ante los demás; pero de nada sirven los adornos del exterior si el corazón está sucio. Hacer y decir cosas buenas, que no vienen de lo profundo del corazón nos hace fariseos.

Con lo anterior, para nada estoy afirmando que como mis motivaciones no son buenas, entonces se debe optar por la pasividad, no, para nada, como dije al principio podemos acercarnos al Espíritu Santo, quien nos ayuda a limpiarnos y purificarnos. Si, por ejemplo, una persona te hace algo que no te agrada, tienes solo tres opciones:

  1. Lanzarle una munición como venganza.
  2. Hacerle el bien con él único fin de demostrar que eres mejor persona.
  3. Decirle al Espíritu Santo cómo te sientes, perdonar lo que te hicieron y si se presenta la oportunidad de hacer el bien, hacerlo con un corazón limpio, quizás aún dolido, pero con la alegría, no de saberte mejor persona, sí de tener claro el llamado que todos tenemos de pagar bien por mal.

¿Cómo descargar esas armas llenas de municiones?

En el Salmo 109, vemos una oración de David, donde pide a Dios declarar culpable a sus enemigos, que las oraciones de los enemigos sean tomadas por pecado, que sus años sean pocos, que se mueran, que los hijos vaguen como mendigos, que sus hogares sean destruidos, que los acreedores se queden con sus propiedades y una cantidad de cosas espantosas; sin embargo, las mismas Escrituras señalan que David era un hombre conforme al corazón de Dios. Uno se pregunta ¿Cómo un hombre puede ser conforme al corazón de Dios con esta cantidad de malos deseos para aquellos que le han hecho mal? Pues bien, ello es así porque sus oraciones no se trataban sólo de una lista de quejas y odio por los demás, sus cargas más bien las entregaba para que Él tomara el control, así, antes de lanzar bombas y granadas de insultos, malos tratos, engaños, mentiras, traiciones, venganza sobre los demás, entreguémoselas al Señor, que sea Él quien las lance, si quiere, pero tú no cargues estas municiones en el corazón.

Tampoco descargues las municiones con familiares o amigos, de tal manera que tampoco los cargues a ellos con los malos sentimientos que te abruman, no dejes que te venzan las circunstancias, sino sométete al Señor que tiene control de ellas.

Josefa (QEPD) tuvo tres hijas, Camila, Alicia y Diana; las dos primeras, concebidas en su primer matrimonio, Diana, la menor, nació del segundo matrimonio. Camila y Alicia, aunque muy amadas por su madre quien siempre tuvo cuidado de ellas, sintieron celos desde el nacimiento de su hermana menor; desde adolescentes y aun siendo adultas, Camila y Alicia, hacían cosas incorrectas y culpaban a Diana de haberlas hecho. Alguna vez Camila le dijo a Josefa, su madre, que había acompañado a Diana, quien en aquel momento contaba con solo 13 años de edad, a hacerse una prueba de embarazo, que por fortuna no estaba embarazada pues sus planes eran abortar si la prueba daba positivo.

En otra oportunidad Alicia le comentó a su madre que Diana sufría de depresión, que en cualquier momento se suicidaría, así pasaron los años, Camila y Alicia empeñadas en hacer quedar mal a Diana a costa de lo que fuera, nunca pensaron en el dolor que podía sentir Josefa, quien conocía las intenciones de sus hijas mayores, pero el comportamiento de Diana no se prestaba para despertar sospechas o siquiera pensar que sus hermanas tenían razón en algo, esa fue la razón por la que Diana nunca fue reprendida por lo que dijeran Camila o Alicia.

Unos pocos años, antes de que Josefa falleciera, le contó a Diana el dolor que sentía por las malas intenciones de sus hijas mayores, y ni hablar del dolor de Diana al saber todo lo que decían sus hermanas, sumado al dolor que le producía ver como su madre cargó con eso por tanto tiempo y en silencio, con tal de no despertar discordia entre sus hijas. En su momento Diana se llenó de rencor, pero calló y le entregó todo al Señor, Diana visita y llama con frecuencia a sus hermanas como si no supiera nada, ellas de vez en cuando hacen comentarios y tienen acciones hirientes, pero Diana se llena de valor y ora con frecuencia para no reaccionar de mala manera, por respeto a la memoria de su madre, por respeto a sus hermanas quienes hoy están en edad avanzada y por respeto a su propia convicción de dejarlo todo en manos de Dios.

Oración: Señor he cargado municiones por mucho tiempo, algunas las he lanzado causando las mismas heridas que una vez me causaron a mí, algunas las he estado guardando para lanzarlas en el momento apropiado y otras tantas que ni siquiera sé que tengo. Hoy te pido perdón por aquellas que lancé y te entrego las que he estado atesorando en mi corazón. Límpiame, purifícame y enséñame a guardar mi corazón, me desmovilizo, te entrego las armas, abro paso a la paz en mi alma y dejo que tú tomes el control de todo. Amén.

 

Jennifer Paola Caicedo Cantillo

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