EL CURA PREDICA, PERO NO APLICA

La primera vez que escuché esta frase, vino de una amiga quien pretendía justificar su mal proceder, mucho hablaba de las personas que se metían en su vida, lo que le parece y le sigue pareciendo imperdonable; pero una vez que la vi metiéndose en la vida de alguien más, la miré y le dije: “¿Tú no eres la que tanto predica el no entrometerse en la vida ajena?”, ella sonrió y sacando pecho me dijo: “El cura predica, pero no aplica”, y es que nos resulta muy fácil criticar el actuar de los demás, hasta cuando estamos ahí, haciendo exactamente lo mismo.

En otras circunstancias usamos esta frase para juzgar, sobre todo a aquellos que son líderes, autoridades civiles o religiosas, o personas que pregonan alguna fe, son moralistas o espirituales; nuestros ojos están sobre sus acciones esperando a ver cuándo se equivocan para atacar.

Enfoquémonos en éste último caso. Es cierto que hay personas soberbias que se sienten expertas en decirles a otros lo que tienen que hacer, las cuales resultan bastante molestas, ni qué decir de los que practican la doble moral, sin la más mínima vergüenza; pero juzgarlos no nos hace mejores personas que ellos, tengamos claro que, cuando estemos ante Dios para rendir cuentas de nuestra vida, no lo tendremos que hacer por lo que haya hecho el otro, sino por lo que hemos hecho nosotros (2 Corintios 5:10).

También existen otro tipo de personas que, en efecto, instruyen y nos enseñan con amor el camino correcto, pero recordemos que son exactamente eso, personas como tú y como yo que fácilmente pueden equivocarse, por más nobles que sus actos sean, por más impecables que sean sus enseñanzas y por más puro que sea su corazón, claramente nos dice Las Escrituras que bueno hay solo uno: Dios (Marcos 10:18) y que no hay hombre justo en la tierra, que haga el bien y nunca peque (Eclesiastés 7:20). No podemos demandar de los demás la perfección que nosotros mismos no tenemos, que alguien falle justo en aquello que ha enseñado no lo hace precisamente un hipócrita, lo hace humano, todos, absolutamente todos, estamos expuestos a las caídas y qué bueno sería que, en lugar pisotearle, le extendamos la mano y le ayudemos a levantarse.

Sofía es una fiel creyente en Dios, el saberse perdonada y limpiada de todos sus pecados, hizo que el perdón fuera de sus mensajes favoritos, con mucha alegría les hablaba a todos acerca del perdonar a los demás y no desperdiciaba oportunidad para predicar lo liberador y la paz que traía al corazón, el perdonar y el pedir perdón.

Sofía comenzó una relación con José, era un noviazgo estable, su suegra la adoraba y su admiración por José, quien era buen hijo y un profesional apasionado, hizo que lo viera como el hombre con quien quería casarse, soñaba con una vida a su lado. Un día descubrió que José sostenía, al mismo tiempo, una relación con otra mujer, eso la derribó, el rencor invadió cada célula de su cuerpo, el sentirse burlada, ofendida, engañada abrió una puerta al odio en su corazón. Nadie tuvo que decírselo, ella misma cayó en cuenta y se dijo “mucho he predicado acerca del perdón y hoy que debo perdonar no logro hacerlo”, leía todos sus mensajes, recordaba cada consejo dado a otros acerca del perdón, pero no lograba experimentarlo, sobretodo que José jamás le pidió perdón, lo que hacía la tarea más difícil.

Fueron casi 24 meses que Sofía repetía casi diario que perdonaba a José, oraba constantemente pidiendo sanidad, no recuerda cuando le dejó de doler, pero hoy, Sofía ya no guarda rencor, de vez en cuando se tropieza con José a quien le brinda un saludo cordial.

No condenemos a las personas, no conocemos las razones por las que actúan como actúan, puede ser que obren mal sin darse cuenta, o dándose cuenta ni siquiera les importe y se excusen diciendo “el cura predica, pero no aplica”, pero también hay personas como Sofía, quienes parecen no ser coherentes con lo que dicen y hacen; pero que en intimidad con Dios luchan por aplicar lo predicado, cuando las circunstancias así lo demandan.

Oración: Señor, enséñame a ser coherente con las cosas que digo y hago, también enséñame a no juzgar lo que hacen los demás, pues puedo estar criticando cosas que yo mismo (a) hago o que quizás en algún momento haré. No conozco las intenciones de las personas y el juzgar es una labor que solo te corresponde a ti. Si en mis manos está mostrar el camino correcto a los demás, dime cómo hacerlo sin acusaciones, enséñame también a ser prudente si es algo en lo que no debo involucrarme. Amén

 

Jennifer Paola Caicedo Cantillo

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