EL OTRO LADO DE LA MONEDA

Aún entre oscuro y claro, llegaron los paramilitares a la cancha, justo al frente de la casa de “La Cosi”; discutían con “El Cojo” y entre ellos.

“La Cosi” estaba en la cocina, al ver los hombres uniformados y escuchar la discusión empezó a rezar “Ay San Martin de Loba aplaca esa gente, atájalos con tu caballo, aplaca señor tu irá, tu justicia y tú rigor, “Calin” asómate pa’ ve que pasa; San Martin de Loba aplácalos.   “Calin” regresó y le dijo “ahí están tía, lo tienen rodea’o como quince “paraco”, el que es, no se salva”.  Con los nervios aún más alterados “La Cosi” seguía rezando con gran fervor “Ay San Martin de Loba mete tu mano, aplaca esa gente, ven con tu caballo y haz que se vayan o llévate en tu caballo al pobre hombre que tienen rodea’o.  “Calin”, asómate hijo, ay San Martin de Loba aplacalos”. “Calin” regresó desesperanzado “Ay tía, ahí vienen como 50 “paracos” más armaos hasta los dientes, oiga el trote.  “No me lo digai!! Ay San Martin de Loba mete tu mano, tu con tu caballo ven y atájalos”, decía “La Cosi” “No, no tía ese no es el caballo que va a ataja esa gente, ahí hay más de 50 hombres tía, ese caballo de San Martin de Loba puede se muy brioso, pero ese no es el caballo que ataja a esas fieras tía.

La moneda tiene dos caras; en las crónicas de terror y miedo mostré el sufrimiento de los tiempos oscuros, en los que en La Peña perdimos cuatro de los nuestros.  Conocimos una forma de angustia nunca experimentada.  Habíamos sentido angustia porque no lloviera para que se salvaran los cultivo o porque hubo una buena cosecha y no había quien la comprara y hasta por las requisas repentinas de la policía en épocas de la “Bonanza”, nos daba miedo que descubrieran las caletas full de cajas de Marlboro, llenas con “Marimba”, pero jamás el terror de la muerte.

El terror y el miedo sacaron a relucir condiciones del Peñero que hoy entendemos como resiliencia.  No nos hizo resilientes la adversidad, descubrimos en medio de ella, que lo éramos.  Descubrimos que teníamos una forma de enfrentar la vida diferente al resto; los pueblos vecinos se desplazaron, los peñeros nos quedamos, llorando y riendo, con “Pajarito” o con Kevin, pero en nuestro Poblado.

Aún en las peores circunstancias, la genialidad, la inteligencia, la perspicacia y el verbo fácil del peñero hacen que haya risa permanente.  No hacen chiste, solo hablan y lo que dicen es genial.

“El Cojo” (QPD) y “Chepe” son los dos peñeros que nacieron con una malformación en los pies que se llama pie zambo. “Chepe” de un pie y “El Cojo” de los dos.  El pie zambo consiste en que los pies no crecen derechos sino hacia volteados hacia dentro, causando dificultad para caminar y calzar; por lo que debían usar abarcas u otro tipo de calzado abierto.

En los tiempos en que los paramilitares incursionaron en La Peña, los que simpatizaban con la guerrilla andaban asustados, y cuando sabían que los “para” estaban en el pueblo, por la alarma biológica: Los 217 perros de “El Machín” ladrando; salían a esconderse.

Un día venían entrando al pueblo y lo más cerca que tenía “El Cojo” para esconderse era “La Pecho Piao” una máquina multifuncional de arar, rastrillar y sembrar, de Albertico Daza; allí se metió de cabeza. En ese momento iba “Masa” montado en su burro para El Campanario, Tierras de su propiedad, famoso por su genialidad e hipérboles hermosas le dice: “Cojo” dale gracias a La virgen del Carmen, te sálvate por un pelito, si te escondite y déjate la cédula afuera, no metite los pies”.

En uno de esos días que Kevin, (así se refieren los peñeros cuando hablan del comandante de los paramilitares que estuvo en la zona para comienzos de siglo) hizo reunir al pueblo en la plaza, les decía: “Se tiene que acabar el robo de animales, aquí nadie tiene porqué tocar un animal que no sea suyo, lo ajeno se respeta. Así mismo los dueños deben asegurar sus animales todo propietario de burro, cerdo, chivo, vacas, caballos, o cualquier tipo de semoviente, debe asegurar sus crías, no quiero verlos en las calles del pueblo.  El día que veamos un animal en las calles, picamos al animal y picamos al dueño”.  La ley de Murphy se cumplió, en plena reunión aparecieron como seis burros.  Kevin preguntó: “De quien son esos burros, el dueño identifíquese por favor” un silencio se apoderó de la reunión. Ante la insistencia de Kevin, “Ñoño” levantó la mano. “¿Son de usted, señor?” preguntó Kevin. “No señor, esos animales no son míos, ni de nadie en el pueblo, esos burros son desplazados, y como bien ha dicho usted aquí nadie le pone las manos encima, porque no son de nadie”

Cualquiera diría que son inventos de la gente de los peñeros, pero son anécdotas reales que hablan de la esencia de una raza valerosa y de gran estima, que sabe disfrutar con valentía lo que la vida presenta, afortunado o desafortunado y después, hacer uso de ello para vivir sabiendo que si hemos superado los momentos de mayor dolor, sin dejar la tierra, sin dejar la familia, sin dejar de ser pueblo, sin dejar de reír;  confiando siempre en Dios, sosteniéndonos unos a otros,  unidos por amor a lo que juntos somos: imparables. Entonces nada nos puede detener; esa es la grandeza de ser peñero.

Mis agradecimientos Sinceros a Mary Mendoza y Pedro Saúl Armenta por relatar las anécdotas, quedan muchas en el tintero, les abriremos espacio.

Noralma Peralta Mendoza

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