EL PILÓN DE RIOHACHA: CUANDO LA MEMORIA BAILA Y LA CIUDAD RECUERDA QUIÉN ES

Hay tradiciones que no se explican, se sienten. El Pilón de Riohacha es una de ellas. No es solo música, ni vestuario, ni coreografía. Es una manera de habitar la historia con el cuerpo, de decirle al tiempo que aquí seguimos, que aquí estamos, que no nos hemos rendido.

Hoy caminé las calles de mi ciudad con mis hijas y con mi tía Elis Moscote. Caminé como se camina cuando el corazón va adelante y los pasos lo siguen. Vi a Riohacha despertar en colores, en palmas que aplauden, en abuelos que sonríen con los ojos húmedos, en niños que preguntan por el origen de un ritmo que ya les pertenece. El Pilón no se hereda: se vive. Y al vivirlo, se vuelve herencia.

En medio de ese río humano que avanza al compás del tambor y la flauta, la memoria tiene nombre propio. Se llama Comay Pipi Nohelia Mejía Guerra. Reina vitalicia, sí; pero sobre todo guardiana. Su presencia no necesita estridencias. Basta verla para entender que hay mujeres que sostienen la cultura como se sostiene una casa antigua: con paciencia, con amor, con una dignidad.

La Comay Pipi no solo encarna el Pilón; lo protege. En su caminar hay siglos de resistencia cotidiana, de alegría sin artificio, de saberes que no caben en un archivo. Ella nos recuerda que las tradiciones sobreviven porque alguien decide cuidarlas todos los días, aun cuando no haya reflectores. Eso también es liderazgo.

Mientras avanzábamos, pensé en lo que significa desfilar hoy en Riohacha. No es escapar de nuestras dificultades; es mirarlas de frente y decirles que no nos van a robar el alma. El Pilón es una respuesta colectiva al olvido. Es un acto de afirmación: aquí está nuestra música, nuestra manera de celebrar, nuestro derecho a la alegría.

Ver a mis hijas bailar en estas calles fue entender que la cultura no es un discurso, es un puente. Un puente entre generaciones, entre la tía que enseña el paso y la niña que lo transforma, entre la ciudad que fue y la ciudad que puede ser. En ese puente, el Pilón nos iguala y nos convoca.

Hoy, Riohacha no desfiló, se reconoció. Y al reconocerse, volvió a creer. Creer que, pese a todo, seguimos siendo una ciudad capaz de celebrar sin perder la memoria, de honrar a sus reinas sin coronas prestadas, de caminar juntos cuando la música marca el rumbo.

Que el Pilón siga siendo eso: un latido compartido. Y que la Comay Pipi, con su paso firme y su sonrisa antigua, nos recuerde siempre que la cultura no se improvisa, se cuida. Porque cuando la memoria baila, la ciudad se salva un poquito más.

 

Juana Cordero Moscote 

DESCARGAR COLUMNA

Un comentario de “EL PILÓN DE RIOHACHA: CUANDO LA MEMORIA BAILA Y LA CIUDAD RECUERDA QUIÉN ES

  1. Elis moscote dice:

    El carnaval lo llevo en mis venas , desde niña conté con una madre alegre y disfrutaba los carnavales realizaba caseta en su pueblo Cotoprix.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *