ENCUENTRO CON AMIGOS, 40 AÑOS DESPUÉS

Un grupo de Amigos se propuso la terea nada fácil de reunir a los bachilleres cervantinos egresados en 1975.  Y cuando eso ocurrió, en 2015, en tono alegre y relajado les dije lo siguiente:

Muchachos, CUARENTA años después de aquel ímpetu juvenil que exhibíamos entonces, el tiempo se ha encargado de bajar la velocidad de nuestro andar y de poner en nuestra mente una mayor dosis de reflexión. Para ponerlo en términos más entendibles, creo que todos hemos dejado de ser tan CULIPRONTOS como entonces. Pero antes de seguirle dando estos pellizcos a la nostalgia, una definición de esta palabra, sin duda, contribuirá a redondear mejor la idea.

CULIPRONTO: “Individuo fogoso y promiscuo que se involucra rápidamente en dinámicas copulatorias. Por extensión; quien, por dar demasiada celeridad a sus acciones, tiende a obrar de manera poco razonable”.

En esencia Muchachos, yo sigo siendo el mismo Provinciano que llego a Barranquilla en 1971 a estudiar en un Colegio de Curas donde estaban matriculados mis primos Abraham Jose y Javier Romero Ariza. La diferencia es que hoy me rio de mis propias experiencias sin sentir ni un milímetro de verecundia y me siento más orgulloso de mi origen y de mi estirpe. Estoy seguro que, si al azar compilamos la experiencia de vida, de trabajo, de aventuras, de amores, de logros, de infortunios y de ilusiones de cualquiera de nosotros, es muy probable que sintamos la palpitante coincidencia de su trayectoria vital con la nuestra.

Aquí en Barranquilla aprendí a escuchar Baladas, pues en San Juan del Cesar solo oíamos Boleros, Rancheras y Vallenatos. Estaban de moda Roberto Carlos, Nelson Ned, Raphael y Nino Bravo, entre otros. Cuando estaba recién llegado me impacto ir al Teatro Metro y después ver películas en el majestuoso Capri, especialmente los domingos en la función de las 11 de la mañana, cuando salíamos directo desde el frio interior hacia el sol candente del medio día barranquillero. Aquí comí por primera vez Hamburguesas y Perros Calientes, que en San Juan no conocíamos. Aquí me bañe por primera vez en una piscina, cuando ALEJANDRO FERRARI-TABOADA nos invitó a su casa a mí y a GONZALO MARTINEZ. Fue una experiencia alucinante, pues hasta ese momento solo me había bañado en los pozos del Rio Cesar. Aquí escuché la salsa de “Fruco y sus Tesos”, vi que los mangos no los regalaban como en San Juan, sino que los vendían semipelados, segmentados y espolvoreados con sal. Aquí conocí la Bola de Trapo, el juego de Chequita y el arroz de lisa como almuerzo en el “Romelio Martínez”. Mi primo Javier Romero me llevo a conocer una farmacia que nunca la cerraban. Y para corroborarlo, me mostro que no tenía puertas. Era la Droguería Nueva York de la K-46 con Calle 74. En mi primer año como Cervantino, me pasaba los fines de semana en casa de mi Tía Delfina Ariza donde había un closet abarrotado de Paquitos y en cuyo balcón me instalaba a contemplar incrédulo el caudaloso arroyo de la Calle 84, el cual en cada aguacero se convertía para mí en un atractivo turístico totalmente novedoso. Ella vivía en toda la Calle 84 con Carrera 57.

Entonces, toda esa colección de experiencias aparentemente intrascendentes, fueron dándole forma a mi identidad Caribe y fueron tallando mi personalidad y mi etología con las particularidades de la idiosincrasia de un costeño de agua dulce, porque me crie a la orilla del rio Cesar, y también como un costeño de agua salada, porque me empecé a bañar con frecuencia en el mar Caribe, a comer ostras, camarones frescos, guandules y comida árabe. Rutinas que me fueron volviendo barranquillero y que me alcanzaron hasta para reclamarle airado a los que pusieron en duda mi amor cívico por la ciudad donde me hice hombre.

Yo por mi parte, me siento afortunado de haber elegido a Barranquilla como mi segunda patria chica, pues en la comunidad pluri-cultural a la que hoy pertenezco, con frecuencia me preguntan, después de saber mi origen colombiano, de que ciudad soy oriundo. Y mi respuesta, invariablemente, incluye a Barranquilla, al Junior, la butifarra y Joe Arroyo. Y si me dan chance, entonces les hablo de Valledupar, de San Juan del Cesar y de la música que se ha vuelto el sello característico de Colombia en el mundo:  LA MUSICA VALLENATA.  Esa misma a la que JOSE VICTOR CHAHIN le hacía mofa por ser demasiado vernácula, cuando le hacíamos antesala a la jornada de la tarde y yo ponía a sonar mi grabadora en el andén de alguna casa del vecindario y salía el sonido del Acordeón de Alfredo Gutiérrez y de los Hnos. López. En mi defensa, yo alegaba la autenticidad poética de su letra y el pristino sonido de su acordeón melodioso. Los anos pasaron y hoy Jose Víctor muestra una positiva evolución en su gusto musical y en sus aficiones por las actividades campesinas.

Cada vez que un condiscípulo obtiene un triunfo, uno tiene la sensación que ese triunfo también nos pertenece, aunque sea en una mínima proporción. Por eso quiero que cuando tengan que saborear una victoria personal, la compartan con quienes somos la extensión de su familia. Así mismo ocurre con los momentos difíciles, pues esta cofradía se puede convertir en una poderosa fuerza invisible con la capacidad de inyectar en nosotros una inesperada repotenciación emocional.

La Parábola de la Vida es un péndulo en constante movimiento. Aunque el destino no me hizo dueño de herencias materiales, tuve la fortuna de estar presente en el momento propicio para convertirme en gestor de empresas que generaron empleo y beneficios para mi núcleo familiar y mi entorno comunitario. Sin duda, esa circunstancia se convirtió en un colchón emocional lo suficientemente fuerte para aguantar los embates implacables de la Parábola cuando el péndulo bajo y se estancó allí durante largo tiempo sin ninguna misericordia. Cuando los malos tiempos le llegan al hombre, en mi Provincia usan un término certero para describir esta situación: ¡LLEVAO…!!!  Alguna vez usé este adjetivo al conversar con un amigo español y, entonces, me vi precisado a definirle la expresión.

LLEVAO: “Dícese del individuo que evidencia un notorio desvencijamiento corporal originado por una severa escasez de salud y/o dinero”.

Como pueden ver, la parábola de la vida no se detiene. Y con esta reflexión ahora viene a mi recuerdo la anécdota que viví en una conversación de las tantas que tuve con mi amigo y maestro, el Ing. Ezequiel Pinsky Saragovia, cuando esperaba una jugosa indemnización económica, la cual invertiría en una Fundación de ayuda a los pequeños empresarios que se había empeñado en crear. En el ocaso de su vida, el dinero ya no lo quería para darse lujos, sino para ayudar a los demás. Recuerdo que me dijo: “Ya yo toqué el cielo con las manos. Ahora solo quiero vivir con tranquilidad dando consejos de sensatez”

Aunque nosotros todavía tenemos algún kilometraje importante por andar en la vida, hay que tener en cuenta que estamos llegando al minuto 15 del Segundo Tiempo del partido de futbol de nuestras vidas, para usar la analogía que utiliza el medico peruano, Dr. ELMER HUERTAS.  O sea, que nos queda más de MEDIA HORA de partido, muchachos. Y aunque a cualquiera lo pueden expulsar, bien sea por tarjeta roja o por acumulación de amarillas, también es posible que haya tiempo extra y que algunos hasta puedan llegar a los penaltis.

Orlando Cuello Gámez 

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