ENTRE JESÚS Y LA TORMENTA

En Mateo, versículos 22-33, encontramos la historia de los discípulos, cuando atravesaban por una tormenta tan fuerte que parecía que la barca en la que iban podía hundirse en cualquier momento, azotados por las olas y el viento en contra, era apenas humano sentir temor. Aún no amanecía cuando Jesús fue hacia ellos caminando sobre las aguas, los discípulos, al verlo se asustaron y gritaron: “¡Un fantasma!”

Jesús los invitó a calmarse. Pedro, al ver que se trataba del Maestro, le pidió caminar hacia Él sobre las aguas, pero al sentir la fuerza del viento tuvo miedo y comenzó a hundirse. Pedro gritó pidiendo salvación, Jesús extendió su mano y a pesar de su poca fe, lo salvó.

Esta historia nos alienta, pese a que no es fácil estar en medio de una tormenta, podemos tener certeza que es mejor ser azotados por aguas turbias dentro de la voluntad de Dios, que estar en tierra firme, lejos de ella.

El estar con Dios no significa que jamás vayamos a atravesar circunstancias que amenacen con hundirnos, en Juan 16:33, nos dice que en el mundo tendremos aflicciones; pero que debemos confiar porque Dios ha vencido al mundo.

Aunque Jesús llamó a Pedro “hombre de poca fe”, creo que fue un acto de mucha fe, haberle pedido que le permitiera ir hacia Él en medio de la tormenta, en lugar de quedarse en la mediana seguridad que le ofrecía estar dentro de la barca, el problema que hizo que esta se quebrantara, fue el haber dudado. ¿Por qué dudó? Porque en lugar de seguir viendo a aquel en quien confió para caminar sobre las aguas, vio los fuertes vientos.

Aunque en la historia vemos que aún con su poca fe Pedro fue salvado y que eventualmente esto es una buena noticia, pues nos dice que aún con poca fe, Jesús extiende su mano, lo cierto es que Dios sí demanda de nosotros tener fe y creer que Él puede salvarnos, que nuestra seguridad no es que Jesús esté en contra de las tormentas, sino que es nuestra seguridad en medio de ellas.

La fe y la duda no pueden convivir juntas porque, la duda, siempre ahogará la fe, por eso debemos aferrarnos a esa hermosa promesa que Dios nos regala en Isaías 43:2, que dice: “Cuando pases por aguas profundas, yo estaré contigo. Cuando pases por ríos de dificultad, no te ahogarás…”

Así pues, quita los ojos del viento y de las olas y enfócate en el Señor, no importa cuán fuerte golpeen las aguas, no vas a ahogarte. Cuando te enfocas en tus problemas y quitas los ojos de tu Salvador, tu fe se quebranta, llegará la duda y comenzaras a hundirte; ahora, si eso llegara a pasar, regresa nuevamente tu mirada a Cristo, solicita su ayuda, Él te ama tanto que extenderá su mano y te rescatará.

Oración: Señor, perdóname por todas las veces que el golpe de las dificultades me ha hecho dudar, hoy te pido que aumentes mi fe, para que no haya circunstancia alguna que me permita quitar los ojos de ti. Quisiera estar siempre en tierra firme, pero si tu voluntad es que esté en una barca en medio de la tormenta, yo estaré confiado (a), que tú estás conmigo en medio de ella, que me salvarás y en tu tiempo la calmarás. Amén

Jennifer Caicedo

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