ESTANCIA INERCIAL

Si hubiéramos de definir el estado actual de la configuración política y social de nuestra región caribeña, quizás debamos recurrir a la física, no a la folclórica que acostumbramos, sino a aquella que explica el comportamiento de los cuerpos en el espacio. Se dice que la inercia es la resistencia de la materia a modificar su estado de reposo o movimiento. Bajo esta premisa, lo que hoy vivimos en el Caribe colombiano no es una simple pausa en el desarrollo, ni un retraso circunstancial; es una estancia inercial, una inmovilidad que se ha institucionalizado como forma de gobierno y amenaza con convertirse en nuestra única ideología.

Esta inercia no es absoluta; es selectiva y, en su selectividad, profundamente cínica. Existe un fenómeno paradójico que desgarra la realidad de nuestros pueblos, particularmente visible en el accionar de la maquinaria burocrática. Me refiero al contraste escandaloso entre el vigor desplegado durante las campañas políticas y la modorra subsiguiente que se apodera de las administraciones públicas. Una dualidad que tiene en los contratistas de las alcaldías a sus actores más fervientes.

Observemos, con la lupa de la razón, el comportamiento de ese ejército de «trabajadores». En épocas de campaña, el contratista de la función pública —o el aspirante a serlo— sufre una transmutación sorprendente. Despierta en él una vocación de trabajo, una resistencia física y una capacidad logística que raya en lo heroico. No hay recorrido largo, no hay sol canicular, ni tormenta que detenga su paso. El pulso de la calle, la persuasión en la esquina, el viaje nocturno a la ranchería remota; todo se ejecuta con una precisión y un vigor encomiables. El elector común ve en ese ímpetu la promesa de una gestión dinámica, creyendo que quien trabaja con tal fiereza para ganar un curul o un cargo, trabajará con la misma fiereza para servir al pueblo.

Nada más lejano a la realidad. La tragedia de nuestra región se materializa en el instante mismo en que se firma el acta de posesión. Es allí donde se activa la «estancia inercial». Ese mismo ciudadano que durante meses demostró una capacidad laboral inagotable, que conocía cada rincón del municipio y cada necesidad del vecino, una vez asegurado su contrato de prestación de servicios, adopta el reposo como su estado preferido. La energía cinética de la campaña se disipa, y surge, cual fantasma burocrático, la ausencia.

¿Qué pasa con el contratista del área de obras, el asesor de despacho o el coordinador de cultura cuando la etapa electoral termina? Se vuelven sombras. El teléfono institucional deja de sonar, la oficina se convierte en un sitio de paso esporádico y la gestión se reduce al trámite mínimo indispensable para justificar una nómina. Esa vitalidad demostrada para conquistar el voto se transmuta en una inacción pasiva, protegiendo su posición como si el cargo fuera un merecido descanso tras la batalla, y no una responsabilidad activa con la ciudadanía.

Este es el nudo gordiano de nuestro subdesarrollo. Si esa fuerza de trabajo, esa disciplina, esa capacidad de convocatoria y movilización que despliegan los contratistas-y en elector común-en campañas políticas, se aplicara con la misma rigurosidad a la ejecución de sus contratos, el Caribe colombiano sería, sin duda, el territorio más competitivo de la nación. Imaginemos por un instante ese vigor puesto al servicio de la infraestructura, la salud o la educación pública. Tendríamos funcionarios que no esperan a que los problemas lleguen a su escritorio, sino que salen a buscarlos con la misma tenacidad con la que buscan el voto.

Pero nos enfrentamos a una cultura donde el trabajo se concibe como un sacrificio solo válido para la consecución del poder, nunca para su ejercicio. La administración pública se ha convertido en una «estancia inercial», un lugar donde el cuerpo político se acomoda en el reposo, amortiguado por una red de contratistas que confunden la estabilidad laboral con la inactividad. Por esa razón, si no exigimos que la ética del trabajo electoral sea la norma de la gestión diaria, seguiremos pagando por una energía que solo existe cuando hay un voto en juego, dejando que el resto del tiempo nuestra región se pierda en el limbo de la inacción.

 

Arcesio Romero Pérez

Escritor afrocaribeño

Miembro de la organización de base NARP ASOMALAWI

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Un comentario de “ESTANCIA INERCIAL

  1. Félix Enrique Frías Iguarán dice:

    Totalmente de acuerdo.
    Además no conocen al amigo que caminó con ellos.
    Se eligen pa busca salir ni una acción comunal.

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