EXPRESA EL DOLOR

Todos tenemos más de una historia dolorosa qué contar; seguramente has superado muchas de ellas, quizás el corazón hoy esté sano o quizás estás pasando por un dolor que no sabes cómo sobrellevar, si este es el caso, entonces este mensaje es para ti.

Del dolor no se huye, no se ignora, este debe expresarse, solo que hay que saber delante de quién. Job, en el Capítulo 7, Versículo 11 dijo: “Por lo que a mí me toca, no guardaré silencio; la angustia de mi alma me lleva a hablar, la amargura en que vivo me lleva a protestar”. Este personaje que todos conocemos, había perdido sus bienes, su familia y a su cuerpo lo cubrían las llagas, era apenas lógico que de sus labios no salieran alabanzas y gritos de felicidad ¡Estaba adolorido! De hecho, llegó a culpar a Dios de su circunstancia (16:12-13).

A Job no se le dieron respuestas a su sufrimiento e incluso fue reprendido, finalmente se arrepiente de sus palabras (42:5-6) por lo que fue restaurando por el Padre, quien le dio una doble porción de todo lo que había perdido (42:10-12)

A veces tenemos cargas en nuestra vida que parecen difíciles de llevar, de hecho hemos pensado que estas son más de lo que podemos resistir. Como Job, no sientas temor de decirle a Dios cómo te sientes.

La Biblia nos dice que debemos procurar presentarnos delante del Padre aprobados, pero eso no traduce de ninguna manera que seamos hipócritas, mucho menos que no nos acerquemos si estamos enojados, angustiados o adoloridos, Él no rechaza un corazón honesto, si somos sinceros en cuento a lo que sentimos, nos revela nuestras imperfecciones y, como lo hizo con Job, también revela la belleza de su corazón, aunque en principio sea necesario que seamos reprendidos.

¿Cómo presentar nuestro dolor delante del Padre? Podemos hacerlo a través de su Hijo Jesús, quien es capaz de comprender y compadecerse de nuestras debilidades, porque también conoció el dolor, así que acerquémonos confiadamente al trono de la gracia para recibir misericordia y hallar la gracia que nos ayude en el momento que más lo precisamos.

Permítele a Dios conocer tu sufrimiento, porque Él sana a los que tienen roto el corazón y les venda las heridas (Salmo 147.3), porque Él es refugio para los oprimidos, una fortaleza en tiempos de dificultad (Salmo 9:9), porque si clamas al Señor en tu angustia, Él te librará (Salmo 107:6).

Por qué caminar solo (a), si tienes quien sostenga tu mano, Dios es el mismo de ayer, el mismo hoy y será el mismo por siempre. Si restauró a Job, también puede y quiere restaurarte a ti.

Jennifer Caicedo

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