LA GRACIA Y EL PERDÓN DE DIOS

En el libro de Jonás, leemos la historia de este profeta, a quien Dios mandó a emitir juicio contra Nínive, pero tuvo temor, así que en lugar de ir a Nínive partió a Tarsis. En medio del mar hubo una tormenta y los marineros le cuestionaron sabiendo que él estaba huyendo de Dios, así que lo lanzaron al mar donde fue tragado por un gran pez. Estando dentro del pez, hace una oración de arrepentimiento, entonces el Señor ordena al pez escupir a Jonás en una playa donde le es dada nuevamente la orden de ir a Nínive a emitir el juicio.

La razón por la que Jonás desobedece a Dios es porque Nínive era un pueblo de crímenes y mentiras, eran idólatras, había prostitución y no existía temor de Dios, por lo que es fácil entender por qué el profeta no quería ir.

Jonás termina obedeciendo el mandato divino, así que el pueblo entra en ayuno, se vestían de luto y oraban por decreto emitido por el mismo rey. Cuando Dios vio lo que hicieron y que abandonaron sus malos caminos, optó por no destruirlos y perdonarlos.

No importa cuánto hayamos pecado, cuando nos arrepentimos de corazón, obtenemos la gracia y el perdón. Pero para Jonás no fue fácil entenderlo, de hecho, a muchas personas les cuesta entender la piedad que el Señor le extiende a los demás, a aquellos a quienes creemos más pecadores que nosotros.

La falta de conocimiento de Jonás acerca del amor de Dios por los perdidos, mismo amor que cubre multitud de faltas y que perdona, lo llenó de amargura, pues aquella destrucción que profetizó, no se cumplió, se olvidó de la bondad de Dios y antepuso su ego.

La raíz de la molestia de Jonás era su orgullo, solo pensó que su profecía no se cumplió y poco o nada le importó el arrepentimiento sincero del pueblo. Es increíble que hubiera preferido la destrucción de Nínive antes que quedar mal. Mientras Jonás pensaba en el juicio, Dios pensaba en extenderle su gracia a un pueblo que tanto lo necesitaba.

A veces somos como Jonás, creemos que los pecados ajenos son tan graves que no merecen perdón, pero 2 de Pedro 3:9 dice que Dios es paciente por amor, que no quiere que nadie sea destruido, sino que todos se arrepientan.

Así pues, no tenemos por qué molestarnos si el Señor decide extenderle el perdón a alguien por sus pecados, porque es el mismo perdón que quiere regalarnos cuando somos nosotros quienes pecamos.

Tampoco debemos enojarnos si Dios demanda algo de nosotros y de repente cambia los planes, obedecer a Dios debe ser un acto de amor a él, no es para creer que estamos sumando puntos hasta finalmente obtener un premio. Si nos detenemos a meditar sobre esta historia, si Jonás no hubiera profetizado la destrucción, posiblemente Nínive no habría buscado el perdón de Dios y hubiera sido destruido, pero en lugar de eso, se salvó y eso es justo lo que anhela nuestro Padre, que todos seamos salvos.

Jennifer Caicedo

DESCARGAR COLUMNA

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Abrir chat
💬 ¿ Necesitas ayuda?
Hola 👋 ¿En qué podemos ayudarte?