La visita del presidente de la República a La Guajira dejó anuncios, compromisos y expectativas, pero dejó también algo que, desde la perspectiva del departamento, puede ser todavía más importante: una fecha, el compromiso de regresar en quince días convierte esta visita en algo diferente a tantas otras jornadas presidenciales que llegan, anuncian inversiones, escuchan necesidades, se toman fotografías y luego se marchan dejando a los guajiros esperando que las promesas comiencen algún día a convertirse en realidad, quince días no son suficientes para solucionar los problemas históricos de La Guajira, pero sí pueden ser suficientes para demostrar si existe voluntad política, capacidad institucional y, sobre todo, disposición de nuestros gobernantes para trabajar juntos.
El presidente llegó a un departamento que conoce de sobra sus necesidades, la Guajira no necesita que le expliquen nuevamente que tiene problemas de agua, dificultades en infraestructura, necesidades en salud, educación, vivienda, vías, energía, seguridad, empleo y desarrollo productivo, estas necesidades han sido diagnosticadas durante años, lo que ha faltado muchas veces no ha sido conocimiento del problema, sino capacidad para convertir las decisiones en resultados, por eso, el verdadero valor de los anuncios realizados durante esta visita no estará en la cantidad de recursos mencionados ni en la extensión de la lista de compromisos, sino en lo que ocurra después de que el presidente abandone el territorio.
Y ahí comienza el verdadero desafío.
Si el presidente regresa dentro de quince días, no debería encontrar a La Guajira exactamente como la dejó, no sería razonable esperar que en dos semanas estén terminadas las obras que durante años han permanecido pendientes, pero sí sería razonable esperar que exista una hoja de ruta clara, que cada compromiso tenga un responsable, que cada proyecto tenga documentación, que se conozcan las fuentes de financiación, que estén identificados los obstáculos que existan cronogramas, que Gobernación y alcaldías sepan qué deben hacer y qué corresponde hacer a la Nación, en otras palabras, que los anuncios hayan comenzado a convertirse en gestión.
Y aquí aparece la palabra que, quizás más que cualquier otra, debería definir este nuevo momento: UNIDAD.
Pero no una unidad entendida como unanimidad política, porque eso no sería ni posible ni deseable en una democracia, la Guajira puede y debe tener dirigentes con distintas posiciones, diferentes partidos, distintas maneras de entender la política y diferentes aspiraciones, lo que no puede permitirse es que esas diferencias terminen convirtiéndose en obstáculos para resolver los problemas de la gente, la unidad que necesita el departamento es institucional; la capacidad del gobernador y los alcaldes de trabajar conjuntamente cuando estén en juego los intereses generales de La Guajira.
Durante demasiado tiempo hemos visto cómo cada municipio defiende sus propias prioridades, cada administración intenta gestionar sus propios proyectos y cada dirigente busca mostrar sus propios resultados, es comprensible desde la lógica política, pero insuficiente desde la lógica del desarrollo.
La Guajira necesita comenzar a pensar como departamento, necesita identificar cuáles son sus grandes prioridades y defenderlas conjuntamente ante el Gobierno Nacional, independientemente de quién gobierne en Bogotá, de quien ocupe la Gobernación o de quién tenga el poder en cada municipio, porque un departamento dividido institucionalmente pierde fuerza y un departamento que logra ponerse de acuerdo puede multiplicar su capacidad de gestión.
La visita presidencial puede servir precisamente para iniciar ese cambio. Si el gobernador y los alcaldes entienden que no tienen que renunciar a sus diferencias políticas para ponerse de acuerdo sobre el agua, las vías, la seguridad, la salud, la educación, la vivienda, la energía, el campo y el empleo, entonces la visita habrá dejado algo mucho más valioso que una serie de anuncios, habrá dejado una metodología de trabajo.
Pero esa responsabilidad no corresponde solamente a nuestros gobernantes, también corresponde a la sociedad guajira, tenemos que aprender a exigir resultados sin importar el color político de quien gobierne, no podemos celebrar un anuncio simplemente porque lo hace un gobierno que nos simpatiza, ni rechazarlo solamente porque lo hace un gobierno que no compartimos, los proyectos deben ser evaluados por sus resultados y por los beneficios que produzcan para la población, ese debería ser el verdadero espíritu de los quince días, no se trata de esperar milagros, se trata de exigir gestión, no se trata de preguntar cuántas promesas se hicieron, se trata de preguntar cuántas comenzaron a cumplirse, no se trata de saber quién se lleva el mérito político, se trata de saber qué gana La Guajira.
Porque uno de los grandes problemas del departamento ha sido precisamente es;: demasiadas veces los intereses políticos terminan ocupando el espacio que deberían ocupar los intereses colectivos y mientras discutimos quién tiene la razón, quién tiene el poder, quién consiguió el proyecto o quién puede atribuirse la obra, las comunidades siguen esperando soluciones.
La Guajira necesita cambiar esa lógica, el presidente ha puesto sobre la mesa una oportunidad, ahora corresponde a nuestros gobernantes demostrar qué pueden hacer con ella, la Gobernación deberá coordinar, los alcaldes deberán aportar, los funcionarios deberán agilizar, los equipos técnicos deberán trabajar y la Nación deberá cumplir los compromisos que le corresponden, cada nivel de gobierno tiene responsabilidades distintas, pero todos tienen una responsabilidad común; que los recursos y las decisiones lleguen finalmente a donde tienen que llegar, que es a las comunidades.
También será necesario superar una dificultad que no podemos esconder, la relación entre municipios y Gobernación no siempre ha sido la que necesita un departamento que pretende avanzar, existen diferencias políticas, administrativas y de gestión que, en ocasiones, dificultan la articulación de proyectos, si queremos hablar seriamente de unidad, tendremos que empezar por reconocer esas dificultades y superarlas.
Un alcalde no puede mirar a la Gobernación como un adversario por el simple hecho de pertenecer a un sector político diferente, ni la Gobernación puede mirar a los municipios como simples ejecutores de sus decisiones, cada uno tiene competencias y responsabilidades, pero todos forman parte de una misma institucionalidad departamental.
Por eso, cuando el presidente regrese, sería importante que encuentre algo más que una reunión de mandatarios, sería deseable que encuentre una agenda común de La Guajira, una agenda en la que estén claramente definidos los proyectos prioritarios, los responsables, los recursos y los tiempos de ejecución, una agenda que pueda ser consultada por cualquier ciudadano y que permita saber, dentro de algunos meses, cuáles compromisos avanzaron y cuáles no.
Esa sería una verdadera transformación, porque La Guajira no puede seguir viviendo de anuncio en anuncio, no puede continuar esperando que cada nuevo gobierno descubra sus necesidades, las diagnostique nuevamente y prometa solucionarlas, necesitamos pasar de la etapa de los diagnósticos repetidos a la etapa de las soluciones verificables.
La promesa de regresar en quince días puede ser, entonces, una oportunidad para comenzar ese tránsito, no esperemos que en quince días cambie La Guajira, esperemos algo más realista y al mismo tiempo, más exigente: que en quince días podamos comprobar que La Guajira comenzó a cambiar su manera de trabajar, si cuando el presidente regrese encuentra a la Gobernación y a los alcaldes coordinados, con proyectos definidos, documentos listos, responsabilidades asignadas y avances concretos, habrá razones para pensar que algo diferente está comenzando, si por el contrario, encuentra nuevamente una larga lista de necesidades, solicitudes y explicaciones sobre por qué no se pudo avanzar, entonces habremos desperdiciado una oportunidad.
Porque el desarrollo de La Guajira no puede depender únicamente de quién llegue a la Casa de Nariño, también depende de nuestra capacidad para construir acuerdos, superar diferencias, formular buenos proyectos, administrar correctamente los recursos y exigir que cada compromiso se cumpla.
Dentro de quince días tendremos una primera respuesta , una etapa en la que las diferencias políticas sigan existiendo, porque son parte de la democracia, pero en la que los intereses de La Guajira estén por encima de ellas.
Porque La Guajira no necesita que todos pensemos igual, necesita que, cuando se trate del futuro de nuestro departamento, aprendamos a trabajar juntos ,logremos UNIDAD!!!
Salustio Solano Cerchiaro

