MÁS QUE UN GALARDÓN A LA EXCELENCIA, UN RECONOCIMIENTO AL PERIODISMO COMO SERVICIO Y HERRAMIENTA DE TRANSFORMACIÓN SOCIAL 

El ejercicio del periodismo, cuando se desprende del ego y se sumerge en las raíces de la comunidad, deja de ser un oficio para convertirse en un apostolado. Recibir el Galardón a la Excelencia 2025, otorgado por la Corporación Universitaria Minuto de Dios (Uniminuto) en la categoría de Desarrollo Social, no es solo un triunfo individual; es el reconocimiento a una forma de narrar que no busca el aplauso, sino la justicia social en todos sus sentidos. 

Hay una gratitud inmensa en ser reconocida por quienes no conocen tu rostro, pero han leído tu alma a través de tu trabajo. Este galardón nacional se logró bajo una premisa que hoy es escasa: “sin competencia”. Fue otorgado desde la observación silenciosa de quienes, desde lejos, vieron en mi labor una verdadera herramienta de transformación social y una entrega incansable que a veces es invisible a los ojos de muchos. Este logro es un orgullo que hoy lleva impreso el nombre de mi Guajira, demostrando que desde la autenticidad y sin tintes políticos, pero sí de la mano de las comunidades, se pueden escalar las cimas más altas.

Estoy convencida de que este proceso tuvo como único abogado y jurado a un Dios que no se equivoca, Él no erra al premiar lo que ante sus ojos es digno, y ha permitido que este reconocimiento llegue para confirmar que nada de lo que se hace de manera desinteresada quedará sin recompensa. Sin embargo, este premio no me pertenece solo a mí; es un beneficio colectivo, porque estoy convencida que una comunidad lo comprende TODO: sus dolores, sus luchas y ahora, sus victorias, porque solos no llegamos a ninguna parte. 

Como decía nuestro Nobel, Gabriel García Márquez: “La mejor noticia no es siempre la que se da primero, sino muchas veces la que se da mejor”. Y darla «mejor» en el periodismo comunitario significa darla con humanidad, porque no podemos desligar la profesión de la sensibilidad; un periodista sin empatía es solo un repetidor de datos, pero un periodista humano es un arquitecto de cambios.

Siguiendo el legado de Jaime Garzón, quien nos enseñó que la pasión es el motor de la verdad, reafirmo mi compromiso de seguir siendo luz, porque la luz que proyectamos es la que recogemos de cada historia que contamos, de cada barrio caminado y de cada mano estrechada. Mi mayor satisfacción es saber que el periodismo es la manera más noble de impulsar los sueños de otros, entendiendo que en la colectividad reside el verdadero sentido de sociedad.

Y recuerden: No dejemos de hacer el bien y de inspirar, porque miles de ojos que desconocemos nos están viendo y aplaudiendo. No subimos a la cima para que el mundo nos vea, sino para que nosotros podamos ver mejor las necesidades del mundo. 

“Papá, tu hija “La periodista” te sigue honrando aún en el cielo.” 

 

Jaimelys Fonseca Sierra

DESCARGAR COLUMNA

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *