MI NOVELA 2

– Es hora de descansar. ¿Quieres?  Es que no se que planes puedas tener mañana y si debes o planeas estar témpano en algún lugar… por eso pregunto. Dijo José Jaime, cuando vió en su reloj, que era media noche.

– Bueno mi único plan es ser feliz. ¡No sé a qué hora se despierta uno pa’ eso!  respondió Vitoria, con ese desparpajo que tanto agradaba a José Jaime

– jajajaja Bueno, yo estoy bien… Pero escojo ser considerado, ¡por eso te pregunto!

– Eso me gusta de ti, aunque a veces lo odié. Espetó Victoria, recordando la muchas veces que, por considerado, por preguntar, la dejó ir.

– Cuantas más cosas odias de mi?  Se arriesgó a preguntar José Jaime sabiendo que recibiría verdades de vuelta.

– Odio que dores la píldora, odio que quieras planear hasta la felicidad, odio que seas tan orgulloso, odio que no me hayas secuestrado, obligado, empujado hacia ti; odio que hayas venido con las manos llenas y sin embargo, me hayas dejado con las manos vacías, odio muchas cosas de ti, si sigo no termino. Pero, así Te Amo y contra este amor no hay odio, ni ley. Le espetó

– Gracias por la letanía… jajaja!  ¡Y por decir verdad siempre! Haber…” Dorar la píldora” es para mi importante porque creo que siempre hay una mejor manera de decir las cosas.  No intento planear la felicidad…pero si creo que planear ayuda a que la felicidad se dé más fácilmente y no fortuitamente.  Orgulloso porque soy negro.  También odio el no haberte secuestrado… sin consentimientos ni permisos. Pero ese soy yo…me molesta el pensar que puedo estar obligando a alguien a hacer algo que no quiera o esté totalmente convencida, y le doy demasiadas vueltas.  No me gusta pensar que me puedo estar aprovechando de alguien o tomando ventaja de una situación.

– Pero es demasiado peso en la vida, uno no puede controlarlo todo, hay cosas que hay que dejar fluir. ¡De hecho, la felicidad no es algo que se da es algo que se vive y punto, es tu decisión diaria, por lo tanto, no necesita plan, necesita valorar todo lo que recibes de la vida cada día! ¿O acaso tú has sido feliz con tu vida planeada, hasta el día de hoy? ¡No!!  Dijo Victoria en tono regañón imaginando las veces que se quedó esperando que José Jaime se atreviera.

– Tienes mucha razón…ni muy muy ni tan tan…porque todos los extremos son malos y casi nunca se gana!  Yo, aunque lo entiendo y estoy de acuerdo…debo recordármelo a menudo porque la programación es a veces más fuerte!

– Desprográmate!!! Le dijo mirándole a los ojos y en un intento por sacudir las cuadrículas de su mente se le ocurrió hacerle decir su verdad.   José? …. Dime, ¿Qué?

– Que?

– Tu me amas? No lo pienses, solo escucha tu corazón y respóndeme…

Unos segundos de silencio y Victoria escuchó, lo que ahelabaa con todo su corazón, pero jamás creyó que escucharía.

– Te amo…! Dijo José Jaime con esa expresión, de quién suelta un peso que carga por muchos años.

– Te Costó?? Preguntó Victoria levantando la ceja derecha.

– Nunca me ha costado. ¡Lo sabes Vic!  Era todo lo que anhelaba decir hace algún tiempo.

La respuesta rasgó las entrañas de Victoria, al preguntar no imaginó que escuchar la verdad de José Jaime le causaría tanto dolor. Todos los “hechos” de los que siempre hablaba José Jaime vinieron a su mente, cómo demonios atormentadores.

– No. No lo sé José, hace 8 años enloquecí, me confundí.  Te rogué que no te fueras, te rogué que no volvieras a equivocarte y solo corriste a hacerlo de nuevo, por ese bendito orgullo que te ha robado la felicidad que tanto planeas, una y otra vez.  No me pidas que tenga esa certeza, cuando tú sembraste la duda. Así que ¡No, lo sé! Victoria hizo silencio, hablaba con Dios en su interior y le preguntaba ¿Qué es esto? ¿Maldad? ¿Perversión? ¿Crueldad? Dime que es esto Dios, tu qué todo lo sabes, ¡¿dime??!! porque duele el alma!! ¡Duele mucho!!  Victoria sostenía su rostro entre las dos manos, trataba en vano de contener las lágrimas mirando hacia el cielo.  Sentía que se derretían sus mejillas rojas, por el fuego de la ira, frustración, impotencia y dolor. Lloraba con coraje.

José Jaime no entendía muy bien lo que pasaba dentro del alma de Victoria, para el había sido como entregarle a su dueña una verdad que le pertenecía, de que otra manera lo podía haber dicho para no causarle el dolor que ahora sentía. Se preguntaba.

Nada parecía satisfacer a Victoria.  Sentía esa sensación de abandono total, cómo si nada importara.  El alma se le había desprendido, una desazón hacia latir más lento su corazón, sentía marchitarse, como planta sin agua.  Saber que José Jaime la amaba, dolía hasta los tuetanos. ¿De que servía saberlo ahora que ambos llevaban una vida con alguien más y otra vez era imposible este amor!? Pensó

-Maldita sea!! ¿¡Cómo es posible que estés diciendo está verdad ahora!? Le gritó con una mirada que congeló el corazón de José Jaime.

– Vic, me lo preguntaste y te respondí, te dije una verdad que te pertenece, y además tú lo sabías!! ¡Yo creo que es solo el amor pidiendo se le reconozca para que podamos finalmente permitirle descansar y descansemos también nosotros!  Tal vez estas charlas son solo la culminación de un proceso que no ha sido fácil concluir…y ahora finalmente parece tener una oportunidad. Dijo José Jaime intentando calmar a Victoria. Pero nada podía quitarle el desconsuelo, ni la sabiduría de las palabras de José Jaime, tan apreciadas por ella, le eran agradables ahora.

– Ahora ni llorar sirve, pero lloro.  Lloro, porque este amor merece ser llorado, como cuando muere alguien muy amado, ¡aunque este bendito amor no muere!! ¡Cuántas veces he pedido ayuda al cielo y este amor no muere!!  Aprendí a vivir sin ti, aprendí a valorar lo que, si tenía, aprendí a decidir a quién amar, porque pensé que no me amabas, que no me querías contigo, que solo yo te amaba. ¡Eso no se hace José Jaime!!

– Tenemos diferentes maneras de lidiar con nuestro dolor.  Yo lo entierro e intento hacer desaparecer…  cansado también de intentar entender porqué siempre te ibas y me quedaba sin ti, sin encontrar una respuesta satisfactoria.  Tú, en cambio, llevas tu sentimiento mas a flor de piel… talvez así es mejor, creo que también has aprendido y madurado más rápido. Has sido más inteligente emocional.  Yo creía que gobernar los sentimientos tenía que ver con esconderlos, dominarlos, ahora entiendo que gobernar es liberar.  Y tal como dices…el sentimiento se niega a morir…a pesar que los dos hemos decidido ser felices con lo que nos hace falta…como dijiste.

– Si decidí vivir sin ti, teniendo que haber hecho todo lo contrario.

– Acordamos jugar al amor con otros…sabiendo que no jugaríamos con todas las cartas…y aceptamos reír e intentar ser felices con otros sabiendo que no reiríamos todas nuestras risas, ni experimentaríamos toda la felicidad.  ¡Así es la vida que elegimos…!!! Dijo Visiblemente conmovido José Jaime.

– Que elegimos no! Tu la elegiste y a mí no me quedo otra que entender, que no me amabas.  Cómo se ven de absurdas nuestras elecciones hoy a la luz de la verdad. ¡No entiendo!  No entiendo que te necesite tanto. No entiendo que te ame tanto.  No entiendo que, a ti, te pase lo mismo. No entiendo que no hayamos hecho lo suficiente. No entiendo porqué no lo dijiste y menos entiendo por qué lo dices ahora. No entiendo una &$#$&@!!   Dijo Victoria, escondiendo la dulzura de su rostro detrás del enfado que la consumía.

– Tal vez deberíamos dejar de intentar entender…! Atinó a decir José Jaime, intentando decir algo que calmara la ira de Victoria

– Y que? Si somos dos mentes brillantes e idiotas. ¡Que pensaron tanto que se nos nublo el corazón! ¡Bendita sea! ¿Porque no me abrazaste? ¿Por qué no hablaste? ¿Por qué no me secuestraste, el día que volviste? Inquirió Victoria. ¿Porque ahora entiendo que a eso viniste hace 8 años, a qué yo te secuestrara, o no?

– Si! ¡Pero, pensé que estaba actuando bien a pesar de que no era así…! Porque pensé que no querías escuchar lo que tenía que decir y tampoco te pregunté. Respondió José Jaime con lágrimas en sus ojos, viendo ahora claramente lo que el orgullo no le dejo ver todo el tiempo. Amaba sin remedio a Victoria y sabía que así sería para siempre.

– Por qué lo dimos todo por hecho? Si pudimos ser tan felices juntos, Reclamó Victoria.

– Eso es totalmente cierto!  Tú tenías que haber estado siempre conmigo cuidándome y siendo mi compañera. Es lo que Anhelé, esperé, idealicé. ¡Tú eres la hembra!!

A Victoria se le vino a la mente una canción para ese momento, pero no estaba de humor para su juego de hablar con canciones, en su lugar reclamó:

-No me puedo conformar!!  Si eres tan, pero tan mío, ¿por qué no puedo tenerte? ¿Me puedes explicar? Tu me perteneces. ¿Qué carajo haces al lado de otra mujer? ¿Por qué me dejaste creer que mi lugar no era a tu lado?  Victoria no podía esconder lo que sentía, tenía rabia, celos y un dolor que parecía ser del mismo tamaño de su amor. Tu eres mi negro precioso, ¡mío!! Susurró casi inaudible está última frase, el llanto ahogaba sus palabras.

– Y tú eres mi hembra hermosa mía! ¡Por siempre! Vic, tu lugar en mi vida, no ha sido, ni será ocupado por nadie, te volviste irremplazable, tines el lugar de la persona más especial en mi corazón!  Musitó José Jaime, con esa ternura infinita que desarmaba el corazón de Victoria. Otra vez le vino una canción para lo que decía José Jaime, Pero no era momento de cantar

– De que me sirve ese lugar? ¿De qué me sirve que me ames? ¿De qué? ¿Dime? Creo que preguntar si me amas fue un error.  Quizá era mejor quedarme con la duda. Tú en cambio sabías que yo te amaba.  ¡Era y es mi verdad y la hice tuya, porque te pertenecía!  Tu solo decías “los hechos hablan más que las palabras”. Tus “hechos”, gritaban ¡te amo!, pero tu actitud me alejaba. ¡Si tan solo yo hubiese sabido está verdad ese día que te fuiste, sin quererte ir! ¡Se lamentó Victoria, dejando escapar una lágrima más!

– No. No fue un error preguntar Vic… fue una clarificación. Tal vez no ayuda de la manera esperada… Pero creo que era importante hablarlo, decirlo ha sido liberador para mí. Me ahogaba este sentimiento, necesitaba ubicarlo en el lugar que le corresponde y ese lugar en tu corazón.  Yo esperaba entregarte un tesoro y solo he colocado una brasa caliente. Perdóname!!.

– Si creo que si, es importante que lo hayas dicho, también merecía saberlo, es una verdad que me pertenece.  Pero que hago con esta verdad, ¿ahora? Preguntó Victoria, sin poder esconder la profunda tristeza que se había apoderado de su alma.

– No hay mucho que se podamos hacer…solo aprender!  ¿Recuerdas cuando dije que deseaba verte a los ojos nuevamente para reconocerte en la próxima vida? Preguntó José Jaime.

– No me consta que haya o no otra vida. Es una esperanza contra esperanza. Supongamos que sí, ¡pero supongamos que no!  Fuimos unos irresponsables con nosotros mismos y echamos a perder el plan perfecto. ¡Esto me sobrepasa! ¡No lo asimilo! Dijo Victoria enfadada.

–  Escojo esa opción para cerrar un poco el hueco que tengo en el alma! hemos pagado un alto precio por errores inocentes que cometimos hace muchos años y hasta ahora exigen su recompensa.   La vida no perdona. Quiso justificar José Jaime.

– Listo, ya tu arreglaste tu asunto con otra vida, el problema es que yo siento que mi cuenta con esta vida, se hizo impagable, ¡estúpidamente!! Que pude haber vivido en esta que es la única que tengo, ¡lo que se me dio a vivir!!  Digamos que cuando éramos, tu un joven yo una adolescente, cometimos errores inocentes, ¡pero hace 8 años no debiste callar que me amabas!! ¡No!! ¡Esas cosas no se callan!! ¡El amor verdadero lo es TODO!!   Si otras fueran las circunstancias te obligaría a repetirme que me amas, ¡hasta que te convencieras que era lo único que tenías que decir en tu vida!! Enfatizó Victoria molesta

– Si estuviéramos en otras circunstancias…no quisiera oírte hablar…  quisiera verte actuar, hacer lo que he visto solo en mis sueños, en mi imaginación, lo que he sentido en mi cuerpo! ¡Si las circunstancias fueran otras… ahora mismo te demostraría con hechos lo que te debo demostrar hasta que entiendas que los hechos hablan! Te haría mía, ¡cómo ha debido ser toda la vida, porque tú me perteneces, tú eres mía!! Dijo José Jaime con la voz entrecortada. Sonaba de fondo Tu Amor Me Hace Bien, de Marck Antony

– Que cruel!! ¡Tú tenías qué! Dijo Victoria mientras bajaba la mirada, un poco avergonzada, de reconocer el mismo sentimiento y la misma sensación en su piel.

– No me lo pediste… le susurró José Jaime, tocando suavemente su mano.

– Soy de pueblo. ¡No lo voy a hacer nunca! ¡Ese siempre fue nuestro problema, tu esperabas que yo dijera, para que tú hicieras!!  ¡No hacía falta!! Tu solo tenías que tomar lo que te pertenecía… refunfuñó Victoria

– Hace muchos años cuando lo planeamos…te echabas para atrás por la señora de la que hablábamos ayer…Dignidad creo dijiste que se llamaba… Bromeó José Jaime.

– Desgraciada esa!! ¡La detesto!! Exclamó Victoria con una ligera sonrisa, al recordar la conversación del día anterior.

– Somos dos!!  Dijo José Jaime riendo al recordar a la señora Dignidad y el Señor Orgullo que había descrito Victoria como los acecinos del amor.  Y me hubiera fascinado deleitarme en ti. Eres mi fantasía, mi delirio, dijo con esa mirada que derretía a Victoria.

– Tú te imaginai?   Eso habría sido el cielo. Dejo salir sus pensamientos Victoria

-iEstoy de acuerdo!  Ese cielo debió haber pasado hace 8 años.  Estaba en tu cueva…y no me  abusaste, bromeó José Jaime.

– Cállate!!  ¿Y si echamos el tiempo atrás, 8 años? Siguió bromeando Victoria

– Suena bien… Yo te sigo pa’onde me jalei!! Dijo José Jaime riendo

– Ojalá pudiéramos!! ¡Qué ciegos estábamos! Se lamentó Victoria.

–  Lo tuvimos todo…y por segunda o tercera vez lo desaprovechamos. Lamentó José Jaime.

– Idiotas consagrados!! ¡Deberían darnos el título!! Afirmó Victoria

– Nos lo ganamos!! Rió Jose Jaime.   ¡Esa es nuestra historia!! ¡Dos idiotas segados por tanto amor!! …  ¿Solo una última pregunta final… Aún guardas esos mismos deseos que me confesabas en aquellos tiempos, que se desahogaba en tus sueños?

Victoria sentía vergüenza admitir delante de José Jaime, los deseos guardados junto con los aretes que le faltan a la luna, así que para evadir una respuesta que José Jaime conocía, le preguntó.

– No quieres que te una canción? – sin esperar respuesta empezó a cantar.

Pero una tarde de arrebol surgieron (interrumpió para decir: ¡Cómo hoy!)

Sabias palabras que a cualquiera erizan

También lloré, aunque me hubiera gustado escuchar

Su viva voz, mirar sus ojos, verlos parpadear

Las cabañuelas pintan,

Muchas gracias, cuñada

Con esa confidencia me descansa el alma.

Jose Jaime pidió para cantar la siguiente frase.

Tanto que la quiero, los hombres que adoran saben esperar

Hablándose con la mirada cantaron al unisono el resto de la canción.

Se desbordó el silencio.  Y se escucha un eco de felicidad

Dice que volverá, dice que volverá. Torbellinos de quimeras, que a pulso yo he librado

Quisiera que mis ojos sólo vieran, sus ojos, pero a veces cómo hago//

Cabañuelas de amor.  Adiós dolor y que llueva///

Como haces para tener siempre la canción preciosa, ¿ahí? Preguntó José Jaime.

– Bohemia! ¡Bohemia!  dijo Victoria con un nuevo rostro, con esa calma que le ha producido siempre cantar!

-Vámonos! Dijo José Jaime, advirtiendo que los rayos del sol despedían las últimas sombras de la noche. ¡Amanecía!  cómo le cantó Victoria, cuando lo observó mirar el reloj.  Rieron a carcajadas, “volvió a ser Victoria, la mujer alegre, con esa rara costumbre de encontrar una canción para cada momento”. pensó José Jaime tomándola de la mano, la levantó del sillón abullonado que daba frente a una pared de espejos.  En el restaurante, solo estaba el mesero, que había accedido a la petición de José Jaime de cerrar y dejarlos hablar con una buena recompensa. Al mirarse en el espejo dijo Victoria.

–  Voy a ver si es verdad que el amor es ciego, mira tu la cara que me gasto después del llanto, el dolor y el trasnocho! ¿Me amas, José?

– Cómo el primer día! ¡Cómo si no hubiesen pasado 31 años 4 meses y conto con los dedos 11 días!

– Otro Florentino!! Exclamó Victoria. ¡Con sus días y sus noches!!? Preguntó.

– Con sus días y sus noches, menos esta noche, ¡porque esta noche no se cuenta!!  Suspiró profundo.

– Cuántos Florentinos y Ferminas vagaran por en el mundo? Si los suspiros de Amores Contrariados fueran flores de Corazón fino, reconoceríamos a las Ferminas y florentinos, por la alfombra amarilla que encontraríamos, debajo de sus sillas mecedoras vino tinto, en los patios de sus casas o al pasar.

José Jaime, la escuchaba extasiado, recordaba muy bien, esa mirada curiosa de Victoria, cuando empezaba a Crear.  Tomo el rostro de Victoria entre sus manos, la miró a los ojos y le dijo casi suplicante:

-La palabra es tu don, tu regalo más preciado. ¡Escribe!! Le dio unos besos suaves rosado sus labios. Sabiendo que era lo único permitido.  Tomó su cabeza la recostó sobre su hombro, ella se acomodó colgándose de su cuello, en la asió por su cintura y pasaron unos segundos para que recobrarán la cordura. Otra vez se encontraron con la mirada y dijeron lo que sus labios no se atrevieron a pronunciar.

– Vámonos! Dijo otra vez José Jaime

-Donde nadie nos juzgue! ¡Donde nadie nos diga que hacemos mal! Canto Victoria, mientras caminaban hacia la puerta del restaurante que ya estaba abierta.

PD:  Son solo los diálogos, aún no está recreado este fragmento de mi novela, que quise compartirles hoy.

Noralma Peralta Mendoza

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3 comentarios de “MI NOVELA 2

  1. Victoria Peralta dice:

    Esa novela debe escribirse sin demoras … al leerte llore ame suspire … y finalmente sentí un orgullo enorme por ser tu hermana por cómo escribes pero también por cómo amas

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