NI TAN MAL, QUE ESTÉS MAL

¿Por qué me pasa esto a mí? ¿Qué mal hice? ¿Qué es lo que estoy pagando? ¡Esto no es justo! ¡Yo no merezco esto!… Creo que todos en algún momento de la vida hemos dicho alguna de estas frases y más cuando sentimos que somos ciudadanos de bien, de esos que no le hacen mal a nadie, o que tal vez reconocemos que no siempre actuamos bien, pero tampoco tan mal como para que nos pasen cosas que creemos no podemos soportar.

Si nos vamos a Las Escrituras, podemos darnos cuenta que muchos de los personajes de la fe, si bien pasaron por situaciones difíciles a causa de sus pecados, también es cierto que muchos de ellos vivieron experiencias que tal vez no merecían, que quemaron sus almas y desgastaron sus fuerzas. David perseguido a causa de los Celos de Saúl; Job arruinado y enfermo; Pablo, encarcelado; a Abram parecía que Dios le iba a cumplir la promesa de tener descendientes; Marta y María lloraron la muerte de su hermano Lázaro, a pesar de ser amigos de Jesús y muchos personajes más, cuya fe fue puesta a prueba, no una, sino muchas veces.

Una de las historias más conocidas es la de José, un joven vendido como esclavo por sus propios hermanos; acusado falsamente de acoso por la esposa del rey y encarcelado. El jefe de los coperos del rey, quien también fue llevado a la cárcel, tuvo un sueño, el cual interpretó José. Aquél, agradecido, le prometió que lo ayudaría a salir de la cárcel una vez recobrara su libertad, llegada esta, el jefe de los coperos no cumplió su promesa.

José sí que la pasó muy mal por muchos años; sin embargo, Dios produjo algo bueno de toda esa maldad, José llegó a ser Gobernador de Egipto y a administrar sabiamente los 7 años de hambruna por los que pasó la nación.

José, pese a su sufrimiento, mantuvo una relación personal con Dios, no solo sobrevivió, sino que superó cada prueba, donde quizás otros hubieran fracasado; agregando humildad y sabiduría a la confianza que tenía en él mismo, logró ganarse el corazón del rey, el carcelero y otras personas, años más tarde también ganó el corazón de sus hermanos al alimentarlos durante los años de hambruna y perdonarles el dolor que le causaron al separarlo de su padre, venderlo y haber vivido muchos infortunios antes de ser Gobernador.

José no conocía los planes maravillosos de Dios detrás de cada humillación y dolor que vivió, pero su confianza estaba puesta en Él, y es que Dios es como un arquitecto que no te muestra los planos que puedan darte la idea de cómo terminará una obra.

Si te acercas a una construcción desde su inicio, podrás ver desorden, barro, varillas, tubos, máquinas y un montón de cosas necesarias para una edificación, algo que no se ve nada bonito; pueden pasar días, meses o años si se trata de una extraordinaria construcción, pero algún día todo ese caos, será una obra maravillosa, es cuestión de tener paciencia y dejar que el arquitecto y su personal haga su trabajo.

Cuando los hermanos de José se dieron cuenta de quién era el Gobernador, tuvieron miedo de él, pero José les dijo: “No tengan miedo. ¿Acaso soy Dios para castigarlos? Ustedes se propusieron hacerme mal, pero Dios dispuso todo para bien (Génesis 50:19 – 20).

Nunca olvides Romanos 8:28:

“Para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien, esto es, para los que son llamados conforme a su propósito”

Jenny era empleada de una prestigiosa casa de empeño en la ciudad, Diego, su jefe, estaba cautivado por su belleza y su forma de desenvolverse en el trabajo. Jenny no solo era de una agradable apariencia, era realmente buena empleada. Diego comenzó a pretender a Jenny, pero ella, a pesar de ser soltera y no tener una buena posición económica, no solo no le llamaba la atención Diego, sino que se opuso a aceptar los galanteos de su jefe, quien estaba casado.

Diego, molesto por el rechazo de Jenny, la denuncia, acusándola de robarse unas joyas de la casa de empeño, así que Jenny fue procesada por hurto.

Sin tener cómo pagar un abogado de confianza, el Estado le proporcionó un Defensor Público, quien asumió su defensa y, creyendo en la inocencia de su cliente logró que en juicio así fuera declarada.

Para el defensor era imposible no fijarse en la belleza de Jenny y lejos de aprovecharse de su cargo, la trató como la dama que era durante los meses que tardó el proceso, hasta llegar a juicio; ella, embelesada y enamorada de su lindo trato, dijo “SÍ”, cuando su defensor le preguntó “¿Quieres ser mi esposa?” (La historia contada es real, los nombres fueron alterados para proteger la intimidad de los protagonistas)

Oración: Señor, muchas veces no entiendo las cosas que me pasan, he sufrido, llorado, angustiado por (menciona la situación), pero no quiero quejarme ni cuestionar por qué lo permites, hoy quiero ser como José y confiar plenamente en ti, sé que esta situación será de bendición para mi vida, porque te amo y todo cuanto me sucede tú lo usas para bien. Al igual que José dame un corazón dispuesto a perdonar, si él logró perdonar a sus propios hermanos, yo también puedo perdonar a (menciona la (s) persona (s)), no permitas que tome venganza por mi propia mano, aunque el momento y el dolor me inviten a hacerlo, te entrego mi corazón y mis intenciones, enséñame a esperar pacientemente tu buena, perfecta y agradable voluntad. Amén

Jennifer Caicedo

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