¡OH SAN JUAN… ERES CUNA INCOMPARABLE!

La era contemporánea y el modernismo acabaron con las sanas costumbres en San Juan del Cesar ante la indiferencia de sus habitantes.

Disculpen la osadía de tomar una de las frases que hacen de nuestro himno municipal una de las más bellas melodías (letra y música del doctor Darío Lacouture Acosta) para contarles, sobre todo a los sanjuaneros ausentes, lo poco que está quedando de esa “cuna incomparable”.

No sé si el boom de la minería nos esté trayendo progreso. Da verdaderamente dolor de patria observar cómo derrumban nuestras bellas arquitecturas coloniales de paredes altas e imponentes, San Juan del Cesar está progresando, pero al tierno que dejaron nuestros ancestros construidas en adobe con bellos y finos acabados, pero lamentablemente el afán de adquirir unos pesos está acabando con nuestro bello y señorial pueblo de gente amante de lo bueno.

Hoy ya no encontramos esos bellos jardines, patios y traspatios que servían para reunirse en familia alrededor de un sancocho, de unos pasteles, de un asado y donde los niños jugábamos peregrina, bailaban trompo los muchachos, peleábamos a los gallitos con los tocos.

Eso es historia, porque hoy construyen apartamento tras apartamento, y a las casas ya no les quedan patios ni traspatios, muchos se han quedado embargados y se construyen apartamentos, el fin es arrendarles a los mineros de CCX que aún no llegan. Los arriendos se han encarecido, hoy una humilde mujer que trabaja de manicurista debe cancelar por una piecita hasta 100.000 y 160.000 pesos mensuales.

San Juan del Cesar está progresando, pero al tiempo se va perdiendo la belleza colonial y las costumbres de compartir con los vecinos.

El espacio público no existe, fue cambiado por andenes repletos de mercancía para poder caminar por la carrera sexta  se debe hacer como si se saltaran los charcos del municipio de Maicao, saltamos la yuca, el cebollín, los bultos de frijol, y ni que hablar de las feas casuchas que colocan al frente de las coloniales casas, tal es el caso de la casa propiedad de la familia Ariza y del desaparecido Albertico en el marco de la Plaza Santander, donde el poder del dinero vale más que la fachada colonial de nuestros ancestros.

Hoy ya no se ven esos bellos jardines, patios y traspatios que servían para reunirse en familia.

¡Oh San Juan! … eres cuna incomparable, ojalá que los hijos adoptivos que están llegando de otras regiones del país nos traigan progreso. pero que también te quieran como tierra que los acogió en su seno para que nos enseñen la cultura del buen ciudadano. e que barre el frente. el que saca la basura solo cuando llega el carro recolector, el que paga los impuestos el que vela porque San Juan luzca limpio, el que ofrece una sonrisa en su negocio al cliente que llega para comprar sus productos, el que le ofrece oportunidad laboral al sanjuanero en su microempresa, el que no vende los productos con fechas vencidas.

Esto no es más que una querella retomada del sanjuanero raizal, el que mira con indiferencia cómo estamos progresando, pero al tiempo estamos perdiendo nuestra belleza colonial, nuestras costumbres de sentarse a la puerta a degustar un tinto, dialogar con el vecino, porque ya no quedan vecinos estos se cambiaron por la tienda, el restaurante, la oficina en arriendo, que muchas veces ni conocemos a los que lo habitan. Si fallece un vecino ya ni nos enteramos, y si es el caso, ya no se guardan los nuevos días del duelo; aquí está el velorio, y al lado la cantina con altos decibeles en la música.

Son otros tiempos, la era contemporánea y el modernismo acabaron con las sanas costumbres, pero nos preguntamos ¿Qué tan beneficioso es este progreso o deterioro de las costumbres. De manera acelerada estamos borrando el pasado de un pueblo apacible y sano donde todos nos conocíamos y nos apreciábamos. Hoy hasta el núcleo familiar se afecta y se destruye.

Ana Cecilia Fuentes

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