PORTADORES DE ESPERANZA

José y Arturo son amigos hace algunos años, han ido fortaleciendo su amistad gracias a que comparten sueños y propósitos similares, ambos son leales, se respetan y aprecian, se tienen confianza, programan tiempo para todo, para salir a divertirse, incluso se reúnen para orar el uno por el otro cuando están pasando por situaciones adversas; aunque ambos han vivido tiempos difíciles, parece que a José la vida le ha dejado de sonreír por más tiempo, mientras Arturo tiene estabilidad económica y un hogar sólido, José esta ahogado en deudas, desempleado, situación que le ha hecho complicada la tarea de encontrar una compañera; primero porque siente que no tiene tanto que ofrecer y segundo porque, aunque estabilice sus finanzas, por mucho tiempo no ha sido muy sabio al escoger; es apuesto, fiel, detallista y amoroso, pero las mujeres le han pagado con infidelidad o abandono. Aun así, la amistad de Arturo no ha tambaleado y siempre tiene una palabra de aliento y ánimo para decirle a José.

La historia contada es real, y sí que es de admirar una amistad así, pues estas cada día son más escasas, pero si nos detenemos y lo vemos desde otro punto de vista, también se puede decir que estar en la posición de Arturo, quien parece tenerlo todo, le facilita la labor de animar a su amigo; no digo que esté mal, todos queremos un amigo así, digo que, al no tener mucho por preocuparse, puede resultarle fácil la misión de dar esperanzas a José.

Lo anterior me hace meditar en ese instante en que Jesús fue crucificado junto a dos ladrones, a diferencia de Arturo, Jesús sí que la estaba pasando mal, en el Evangelio de Marcos, capítulo 15, versículo 24, en adelante, cuenta que los soldados que lo clavaron en la cruz le quitaron su ropa y le colocaron un manto, quienes pasaban por el lugar lo insultaban y se burlaban, los líderes religiosos se mofaban diciendo “salvó a otros, pero no puede salvarse a sí mismo”.

A Jesús también le dieron vino agrio, quien luego de rechazarlo, soltó un grito fuerte y dio su último suspiro; pero antes de eso, en Mateo 27, también se cuenta que le pusieron una corona de espinas, lo golpearon con un junco o vara en la cabeza y, hasta los ladrones, quienes no estaban en mejor posición que él, se burlaban. Qué triste que haya personas así, están mal, muchas veces peor que los demás y aun así critican y ridiculizan a otros.

En efecto, vemos que Jesús no la estaba pasando nada bien, su dolor tanto físico como interno fue tan grande que parecía haber perdido las esperanzas, pues se sintió abandonado por su propio Padre (Mateo 27:46).

A pesar de todo lo anterior y aun después de haberse burlado, uno de los ladrones protestó, diciéndole al otro ladrón que ellos merecían morir, pero que Jesús no había hecho nada malo, luego dijo:

“Jesús, acuérdate de mí cuando vengas en tu reino”, a lo que Jesús respondió:

“Te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso”

¡Qué maravilloso! Jesús atravesaba el peor momento de su vida, a pesar de ello, no solo le perdonó los pecados a quien no era su amigo, sino que también perdonó su burla de apenas unos segundos atrás, dándole la firme esperanza de estar con él en el Paraíso; esperanza de salvación que se extiende a todos los seres humanos. Así, el dar esperanza a los demás no es algo propio de quienes están bien, tampoco se limita solo a darla a nuestros amigos o todo aquel que sea cercano y apreciamos.

Dar esperanza incluye darla cuando no estamos bien, como a aquellos que, a nuestro juicio, parecen no merecerla y ¿Quiénes somos nosotros para emitir tal juicio? Ni Jesús, siendo Rey de reyes y Señor de Señores, lo hizo con aquel ladrón, ni siquiera lo hace con nosotros.

ORACIÓN: Amado Dios, hoy me comprometo a ser portador(a) de esperanza, sin importar si yo estoy o no estoy pasando por un buen momento; enséñame a ser como Jesús, quien en su tiempo de gran dolor dio a aquel ladrón y a toda la humanidad la esperanza de salvación aun cuando muchas veces no somos buenas personas. Dame la oportunidad de dar esperanzas, aunque parezca que yo no las tenga, porque eso me hace ser más como tu hijo, me hace ser tu amigo, un instrumento que usas para animar a aquellos que lo necesitan, teniendo la certeza que esas esperanzas que yo doy, tú me las regresas multiplicadas, te lo pido en el nombre de Jesús. Amén.

Jennifer Caicedo 

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