EVOLUCION DEL MANEJO DE LA PANDEMIA EN COLOMBIA

PREAMBULO

Otro mito que se derrumba. En los preludios de la epidemia el uribismo nos vendió la idea del manejo gubernamental exitoso. Concepción retroalimentada con la caja de resonancia del cotidiano espectáculo televisivo, el autobombo gubernamental. Nada más lejos de la cruda y dolorosa realidad. Las cifras y evolución de la pandemia han dado un rotundo mentís a esa falaz y costosa estrategia propagandista financiada con recursos oficiales, inútilmente dilapidados. Al momento de escribir este artículo el mundo redondea la cifra de 100 millones de infectados y 2,100,000 fallecidos.  Colombia entre 206 países, con 2,207,746 contagiados ocupa el décimo lugar e idéntica posición en número de fallecidos con 51,746. Para agravar el asunto, el reciente Rankin de resiliencia elaborado por Bloomberg ubica a Colombia después de México y Suráfrica como el tercer peor país en el manejo de la pandemia. Los parámetros de Bloomberg incluyen 11 variables, mencionamos algunas: dosis de vacunación, tasa de mortalidad por covid, tasa de pruebas positivas, porcentaje de poblacion cubierta por acuerdos de suministro, infraestructura de salud.  Fracaso absoluto en lo sanitario.

Las primeras maniobras: cuarentenas y cierres, a las que acudió el gobierno nacional para atenuar el impacto fueron tardías, erráticas e insuficientes. La adecuación y preparación del sistema hospitalario durante los picos evidenció vulnerabilidad, y simultáneamente ineficacia del modelo de salud criollo. Las EPS no fueron tocadas ni con el pétalo de una rosa, salieron indemnes y si se quiere gananciosas en medio de la tragedia. Posteriores medidas: créditos con garantías, trasferencias mínimas a los hogares, hipotecas inversas, acuerdos de pagos entre arrendadores y arrendatarios, diferimiento del pago de servicios públicos, de créditos y deudas privadas fungieron como paños de agua tibia ante la magnitud de la crisis. 

 

ASPECTOS ECONOMICOS

Se pronostica una caída aproximada del PIB del 8% durante el 2020. El gobierno a su vez prevé alegremente un “rebote” positivo de la economía para el 2021 – como pintan las cosas, son las cuentas de la lechera- el déficit fiscal vaticinado por los expertos para el 2020 es cercano al 9% y en el 2021 estará por el orden del 5% del PIB. Los niveles de endeudamiento absolutamente preocupantes ya que el servicio de la deuda y las amortizaciones del año 2021 bordearán la astronómica suma de 76 billones de pesos. Un significativo porcentaje del Presupuesto General de la Nación será financiado en el 2021 con 124 billones provenientes de deuda pública. Además, se otorgaron facultades adicionales al gobierno para que se endeude en 14 mil millones de dólares más. La deuda constituirá un 65% del PIB.  Con ese cúmulo de recursos de crédito cabría esperar que Colombia estuviese a la vanguardia en Latinoamérica en atención y apoyo a sus connacionales en el periodo pandémico, no ha sido así. Un estudio realizado por la CEPAL coloca a Colombia en el puesto 13 entre 16 países según volumen de recursos destinados a sufragar la pandemia.    

La tasa de inflación del 2%; la tasa de interés interbancaria fue del 1, 75%. La pobreza extrema aumentará en el año 2020 del 10,9% al 14,3% y la pobreza acrecentará del 29% al 34,1%.  La desigualdad social medida por el Coeficiente de Gini mostró un preocupante aumento. Mas del 64% de la población ocupada gana menos de un salario mínimo; solo el 11% de la población empleada gana más de dos salarios mínimos. Los empresarios tampoco han colaborado para amortiguar los demoledores efectos de la pandemia. Persisten en la tesis según la cual un incremento “exagerado” de los salarios impide crear nuevas plazas laborales; treinta años diciendo lo mismo; el salario mínimo está amarrado y nada que aumentan la oferta laboral. Los cultores del neoliberalismo han sostenido desde tiempos inmemoriales que el alza salarial afecta las posibilidades de generar nuevos empleos. Nada más mentiroso. Lo que aumenta es la informalidad. Se considera que está llegando al 70%, y en el sector formal de la economía se perdieron más de 1,100,000 empleos.   El gobierno dio un portazo a la creación de una Renta Básica Universal, asumida en cambio por otros países de la región; hasta el recién elegido Presidente de Estados Unidos anunció un incremento salarial del 15% para estimular la economía.

 El extemporáneo, insuficiente e indiscriminado subsidio a la nómina debió haberse concentrado en la pequeña y mediana empresa, las más vulnerables y particularmente afectadas como consecuencia de la crisis sanitaria. Cabe resaltar que, en Colombia el 80% del empleo lo generan las micro, pequeñas y medianas empresas. Por lo tanto, era fundamental priorizarlas. Se liquidaron alrededor de 400.000 pequeñas unidades productivas como consecuencia de la pandemia. El aludido apoyo no impidió la “mortalidad” empresarial. El ejecutivo optó por atender y darle prelación a grandes empresarios y a banqueros.

El esfuerzo fiscal para atender la crisis fue avaro; mientras el promedio de los recursos públicos destinados por países de la OCDE a la pandemia fue del 6,3 % del PIB; en Colombia este guarismo no superó el 2, 7% del PIB, con el agravante de que debido a la fuente de esos recursos (créditos contingentes), un porcentaje importante aún se encuentra represado, no se ha podido ejecutar. La política monetaria tampoco ha sido la más apropiada durante la crisis; los miembros de la Eurozona vienen operando con tasas de interés negativa; algunos países de la región como Perú redujeron la tasa de interés al 0%; el Banco de la Republica en Colombia consideró un hito establecer una tasa de interés interbancaria del 1,75%. La tasa de interés estimula o desestimula la actividad económica, una tasa inferior es un acicate para desarrollar emprendimientos y viceversa.

Duque carece de argumentos para apelar en su favor; la excepcionalidad impuesta por la pandemia le permitió gobernar un buen tramo con todas las herramientas institucionales a su disposición. Expidió multitud de Decretos, hizo y deshizo. Su incompetencia y la proclividad para gobernar en favor de los poderosos, practica usual de los presidentes colombianos recientes, acentuó su ineptitud. Como acertadamente bautizó Álvaro Moreno profesor de economía de la Universidad Nacional: el duquismo como fase inferior y ultima del uribismo desnudó las falencias de un modelo económico y social de gobernanza. Estamos asistiendo a la sumatoria de pequeñas crisis que están implosionando, crisis sanitaria, económica, ecológica y política. Esta última -la crisis política- se acelera por el sesgo autoritario implementado a partir del uribato, que ha cooptado los órganos de control, reprime la protesta social, y en contraposición promueve un pacto corporativista entre grandes bancos, grandes empresarios nacionales y multinacionales extranjeras.

La combinación de una política fiscal mezquina y una tasa de interés interbancaria timorata se traduce en un Índice de Miseria Macroeconómica resultante de la combinación de tasa de inflación y tasa de desempleo. Colombia sobresale como uno de los coleros en el Índice de Miseria Macroeconómica. Para desaliento de los economistas neoliberales y de los uribistas acérrimos, enemigos de la intervención estatal, está comprobada empíricamente una relación inversa entre el Índice de Miseria Macroeconómica y el Gasto Publico. La pandemia ha evidenciado la perentoriedad de equilibrar y hacer consistentes el modelo económico y la agenda social. El modelo económico basado en el mercado como egida del desarrollo y el crecimiento, está haciendo agua. Países asiáticos como Corea del Sur que se caracteriza por políticas regulatorias, amén de tasas de crecimiento sostenidas durante los últimos años, ha sorteado con relativo éxito la crisis sanitaria. Ese modelo económico regulador con fuerte participación estatal ha permitido paliar con mejores instrumentos macroeconómicos los efectos pandémicos.

Obviamente, el gobierno no tiene por qué atribuirle a la pandemia las inauditas cifras económicas y sociales a la que nos encontramos abocados, el colapso del sistema es corolario del modelo económico enseñoreado en Colombia en las últimas décadas. La epidemia desnudó con mayor vigor desigualdades, injusticias e inequidades, agravó y acentuó lo evidente a finales del 2019 y principios del año pasado. La economía patentizaba una tendencia decreciente antes de que la pandemia desatara su impacto en el contexto nacional.

La crisis del modelo crisis fue acelerada vertiginosamente por los pilares del mito uribista, uno de sus tres famosos huevitos, nos referimos a la falacia de la confianza inversionista que no es más que la expansión del extractivismo en Colombia. Concesiones mineras a tutiplén, con sus implicaciones ambientalistas. Como resultado de esa hazaña tenemos dos consecuencias nefastas a) economía facilista derivada del extractivismo y b) simultáneamente una magna depredación ambiental. Uno de los grandes engaños que aún perdura en el imaginario uribista. La economía sustentada en el extractivismo agudizó la perdida de dinámica económica. Por culpa de los gobernantes de las cuatro últimas décadas estamos en el peor de los mundos posibles. Imposible contener, atenuar y combatir la crisis climática sin una decidida intervención estatal. Los particulares no tienen ni la capacidad, ni mucho menos la intención de hacerlo. Una de las enseñanzas que deja la crisis sanitaria es la restauración de la importancia de la participación estatal como morigerador de desigualdades sociales. Un estudio empírico del economista chileno Gabriel Palma demuestra como el neoliberalismo económico ha llevado a que se propicie una paradójica convergencia de la desigualdad entre países en vías de desarrollo y países del llamado primer mundo, algo imposible de predecir en cualquier periodo previo. Palma demuestra que en Alemania y otros países de la zona euro las desigualdades entre ingresos y clases sociales está dando lugar a brechas impensables, similares a los latinoamericanos.

 

LA NOVELA DE LA VACUNA

Quedaba la posibilidad de reivindicarse con el proceso de vacunación, y ha sido la gota que rebosó la copa. Ha aflorado además de consabidas improvisaciones y chambonadas, un enorme tufillo clientelista y corrupto. Vergonzoso y aberrante espectáculo. Trafico electoral con recursos de la pandemia, ratificando la indolencia y perfidia gubernamental. Un contraste entre la presteza del gobierno para facilitarle US 370 millones a Avianca, en buena hora negados por decisión judicial, y la apatía para adquirir las vacunas que pueden reducir la mortalidad por razones de Covid-19 que ya está circundando las 400 personas y alrededor de 23,000 contagios por día.

Como colofón, Caracol Radio informó que “Miles de dosis de vacunas, como las ya recibidas en otros países, no habrían llegado a Colombia” porque las personas enviadas por el gobierno a la negociación con la farmacéutica Pfizer no hablaban inglés. Como para Ripley.

 

Jose Luis Arredondo Mejía

 

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