El pasado miércoles 25 de febrero, en la Casa del Libro Total de Riohacha, ocurrió algo que podría parecer pequeño para el resto del país, pero que para esta ciudad tiene un significado distinto.
Se lanzó Prospera Riohacha.
En apariencia fue un encuentro de emprendedores, líderes y ciudadanos. Pero en el fondo fue algo más importante: una conversación sobre el futuro de la ciudad.
Durante décadas, Riohacha ha vivido con una paradoja difícil de ignorar. Tiene mar, identidad cultural, una historia ligada al comercio caribeño y una ubicación estratégica en el norte de Colombia. Sin embargo, muchas de sus oportunidades han permanecido dormidas, atrapadas entre el centralismo del país y la falta de articulación local.
Por eso el nacimiento de Prospera no debe leerse únicamente como la creación de una iniciativa de emprendimiento. Es, más bien, un intento por cambiar la manera en que la ciudad piensa su propio desarrollo.
La iniciativa ha sido impulsada por Arcesio Romero y Ornella Mengual, quienes decidieron abrir un espacio para conectar empresarios, emprendedores, academia y ciudadanía alrededor de una idea simple pero poderosa: que el progreso de una ciudad empieza cuando sus propios habitantes deciden organizarse.
Al encuentro también llegaron voces externas que aportan experiencia a esta conversación. María del Coral Pérez, desde Prospera Santander, compartió el aprendizaje de otros territorios donde la articulación entre empresarios, universidades y sociedad civil ha permitido fortalecer ecosistemas regionales.
De la misma manera, Boris Akerman, de la Fundación Otro País Posible, recordó una idea que cada vez cobra más fuerza en Colombia: el futuro del país dependerá de la capacidad de sus regiones para construir sus propias soluciones.
Entre los invitados estuvo también el emprendedor guajiro Víctor Mario Sierra, cuya trayectoria empresarial representa algo fundamental para cualquier ciudad que aspire a crecer: la decisión de apostar por el territorio.
Las ciudades no cambian solo con planes de desarrollo ni con discursos oficiales. Cambian cuando aparecen redes. Cuando el talento se encuentra. Cuando la gente decide colaborar.
Eso fue, en esencia, lo que ocurrió en ese salón de la Casa del Libro Total: una ciudad empezando a mirarse de otra manera.
No fue una revolución.
Pero los cambios importantes rara vez comienzan de forma espectacular. Empiezan con conversaciones, con alianzas incipientes y con una nueva narrativa sobre lo que una ciudad puede llegar a ser.
Riohacha tiene algo que muchas ciudades del mundo buscan desesperadamente: identidad, cultura, territorio y una comunidad con ganas de salir adelante.
Lo que ha faltado durante años no es talento.
Ha sido conexión.
Prospera intenta precisamente eso: construir una red.
Si esa red logra crecer, sostenerse y convocar a más ciudadanos, entonces el evento del 25 de febrero podría recordarse en el futuro como algo más que un lanzamiento.
Podría recordarse como el día en que Riohacha decidió empezar a creerse su propio futuro.
Juana Cordero Moscote

