Desde hace muchos años he tenido el privilegio de caminar La Guajira, un territorio valiente que me adoptó como su hijo, me formó y me enseñó lo que significa luchar por oportunidades. He visto sus sueños crecer y he sentido su dolor cuando faltan respuestas estructurales, oportunidades de desarrollo o soluciones reales a problemas esenciales. Hoy quiero compartir con claridad por qué creo que, si fuimos capaces de ejecutar, también somos capaces de legislar con impacto para todos los guajiros desde el Congreso de la República.
Mi historia no empieza en un escritorio ni en una oficina en el centro de una ciudad; empieza en la calle, entre comunidades, junto a familias que me contaron sus aspiraciones y sus desafíos. Nací en un hogar humilde, y mi primera labor pública fue como agente de Policía Nacional. En esa condición tuve la oportunidad de recorrer diferentes municipios, de acercarme a las comunidades, de conocer sus realidades y sus contextos más complejos.
La labor policial me enseñó que la seguridad no es solo presencia física, sino prevención, oportunidades y tejido social. Entendí que las mejores estrategias para salvar vidas y mantener la convivencia son aquellas que se construyen con la gente, que escuchan su voz y que generan alternativas que alejen a nuestros jóvenes de los caminos de la violencia. Es por eso que, desde el inicio, aposté por el deporte como herramienta real de transformación social; porque sé por experiencia que cuando los jóvenes tienen espacios seguros para formarse, competir y crecer, la delincuencia no encuentra terreno fértil para arraigarse.
Pero esta columna no es un recuento personal; es una reflexión sobre lo que hemos logrado juntos y lo que aún podemos construir como departamento cuando tenemos la experiencia de la gestión, el conocimiento de la dinámica territorial y la capacidad de interlocución con el Gobierno Nacional y las instituciones del Estado.
Como alcalde del municipio de Albania, tuve la enorme responsabilidad de tomar decisiones difíciles pero necesarias para mejorar la calidad de vida de mi gente. Allí consolidamos acciones concretas que hoy son realidad, no promesas: la vía de acceso a Ware Ware, en zona indígena, una obra que transformó la movilidad y la conectividad de esa comunidad; la nueva estación de Policía de Albania, con herramientas y condiciones que aún hoy permiten una mejor protección para la ciudadanía; la vía de Porciosa, conectando más de 76 parcelas con oportunidades de producción y comercio; la vía Nueva América, con inversiones cercanas a los 14 mil millones de pesos, generando desarrollo rural y nuevas posibilidades económicas.
No nos quedamos ahí. comprendimos que La Guajira requiere condiciones básicas para crecer con dignidad: por eso impulsamos el alcantarillado de Cuestecitas y Porciosa, obras de infraestructura que significan salud pública, bienestar y calidad de vida. Apostamos por espacios para la convivencia y el encuentro: la cancha de Cuestecitas se convirtió en un punto de formación deportiva para cientos de jóvenes; la Casa del Adulto Mayor en Los Remedios hoy es un lugar de cariño, compañía y dignidad para quienes nos dieron su sabiduría.
Y en educación, una de las herramientas más poderosas para romper ciclos de pobreza y abrir puertas al futuro, dejamos obras que hoy marcan la diferencia: 12 colegios en las zonas indígenas de Nuevo Amanecer y Topoyomana, espacios donde miles de niños y niñas hoy reciben educación formal en condiciones más dignas. Cada una de estas acciones fue un paso hacia adelante, construido con esfuerzo, coherencia y con la participación de las mismas comunidades.
Si uno revisa estas obras desde una perspectiva fría, puede percibir que son líneas de inversión; pero si las miro desde el corazón, sé que representan dignidad, oportunidades, esperanza y solidaridad con quienes más lo necesitan. Y esa misma lógica — la de transformar recursos públicos en bienestar real — es la que quiero trasladar al ejercicio legislativo desde la Cámara de Representantes.
Legislar no es solo crear normas, es traducir necesidades palpables en políticas públicas con efectos sostenibles. Y como alguien que ha estado en el terreno, que ha conversado con líderes tradicionales, con campesinos, con jóvenes deportistas, con indígenas wayuu y afrodescendientes, sé que La Guajira requiere más que discursos: requiere leyes que brinden herramientas, acompañamiento institucional y mecanismos eficientes de ejecución.
Un reto que tenemos como país es fortalecer la seguridad. Muchos pueden dar discursos sobre cifras, pero pocos han estado del otro lado, caminando con la comunidad, entendiendo sus miedos y sus necesidades. Desde mis años en la Policía, supe que no podíamos seguir pensando en seguridad como un concepto aislado; hay que construir estrategias integrales que articulen prevención, oportunidades económicas, acceso a educación, deporte y fortalecimiento institucional. Por eso propongo leyes claras que otorguen las herramientas necesarias para que nuestros cuerpos de seguridad no solo tengan respaldo legal, sino también capacidad operativa y condiciones dignas para proteger a los ciudadanos.
La experiencia que he acumulado en gestión se traduce hoy en la convicción de que sí es posible legislar con eficacia. Conozco al Gobierno Nacional, procesos, ritmos, limitaciones y posibilidades. Tenemos el don de saber interlocutar con alcaldes, gobernadores, líderes comunitarios, organizaciones civiles, instituciones educativas y organismos estatales para apalancar recursos y articularlos con eficiencia. Esa experiencia política, social y administrativa no se improvisa en un discurso de campaña; se construye con años de entrega, diálogo y resultados.
En el Congreso quiero trabajar desde una lógica de puertas abiertas, de resultados visibles y de responsabilidad con cada corregimiento, cada municipio, cada familia y cada joven guajiro que hoy clama por oportunidades. La Guajira tiene vocación para el desarrollo, la innovación social y para la construcción de un futuro digno. Pero ese futuro no llega solo, se debe legislar, se debe construir desde la representación con conocimiento de causa.
Desde el Congreso, trabajaré por políticas públicas incluyentes que reconozcan sus saberes, protejan sus derechos territoriales, garanticen acceso a servicios básicos y creen condiciones reales para que cada comunidad pueda avanzar con su identidad intacta. Pero legislar también significa trabajar por la infraestructura que impulsa la economía y genera empleo.
El acceso al agua no puede seguir siendo una promesa, debe convertirse en una política pública con inversión sostenida. Igual sucede con las vías rurales, que son las arterias que permiten la comercialización de productos locales, el acceso a mercados y la integración territorial. La Guajira tiene riquezas, pero necesita infraestructura que la conecte con oportunidades.
Y no menos importante es la educación. Hemos demostrado que la inversión en colegios, en condiciones dignas de aprendizaje, abre puertas a futuros profesionales, técnicos y líderes comunitarios. Desde el Congreso, trabajaré por ampliar la cobertura, mejorar la calidad educativa y crear mecanismos que acerquen la educación superior a quienes hoy tienen barreras geográficas o económicas para acceder a ella.
La gestión que pude liderar en Albania y en otras instancias no fue resultado de esfuerzos aislados; fue fruto de la escucha, de la articulación con la comunidad, del trabajo conjunto con instituciones y del compromiso con cada ciudadano. Por eso creo, sin titubeos, que esa misma experiencia nos da la autoridad moral para legislar con responsabilidad y seguir transformando La Guajira desde el Congreso de la República.
Legislar con los pies en la tierra significa proponer soluciones con sensibilidad social, con empatía por quienes más lo necesitan y con una visión estratégica que trascienda coyunturas y construya bienestar duradero. Las decisiones que tomemos hoy como representantes impactarán generaciones.
La Guajira no está sola. Si fuimos capaces de ejecutar, somos capaces de legislar. Y con esa convicción profunda en mi corazón, asumo este compromiso con todos los guajiros para llevar la voz de este departamento al corazón del país.
Pablo Parra Córdoba

