SIN HIPOTECAS MENTALES

“Hay una línea muy fina entre la persistencia heroica y la testarudez estúpida”. Nos dice esto Adam Grant, cuando nos pone a la tarea de pensar de nuevo muchas de las cosas que hemos dado por ciertas en la vida personal, en la profesional y, ahora para mi referencia, en la política. Nada es inmodificable; por el contrario, la reconsideración debe volverse parte de la vida cotidiana.

¿A dónde nos llevaría la persistencia estúpida en las condiciones colombianas actuales? Hay dos aspectos más destacados para considerar.

El primero, es el análisis que hemos visto hacer a varios de quienes optaron por respaldar la candidatura de Gustavo Petro a la presidencia, sobre el supuesto de que las troneras generadas por los manejos irresponsables de los líderes del establecimiento en las estructuras del país desbordan la paciencia en dejarles “otra oportunidad” para resarcir los pecados del atraso social. Algunos, sesudos, inteligentes, se desmarcaron cuando las evidencias de agendas ocultas del candidato rebosaron los límites que cualquier sensato se pone en abrazar una causa de cambio, esto es, cuando ya lo antiético es la norma no la excepción en su proceder. No se trata de decirles que debieron haberlo previsto desde el principio y de que estoy se sabía que iba a ocurrir. No. Entiendo que le dieron un beneplácito para que actuara, encarnara la rectificación radical de los rumbos podridos del sistema y pensara en las soluciones efectivas para los problemas eternos sin resolver.  Los admiro al haber tenido el carácter que resalta Grant, de no ser testarudos hasta la estupidez. No quiero nombrarlos. Desde la caricatura, el arte, la actividad profesional, la cátedra, poco a poco van desfilando para recuperar la independencia hipotecada en la visión del megalómano. Eso es madurez personal y responsabilidad social.

Invito, sin apasionamientos, a muchos otros vinculados a la causa petrista a que piensen otra vez sus votos, como lo están haciendo cada día más personas con criterio. Ha sido manifiesta la manera como ahonda sus contradicciones cuando contacta actores que han sido objeto de su crítica fundamental al ejercicio del poder en Colombia. Fue su decisión de considerar que tenía apoyos cautivos, esclavizados a su ser y su movimiento, que no harían reparos a cualquier forma de adicionar votos desde los pabellones más pestilentes de las cárceles colombianas. Le salió el tiro por la culata. No somos tan ingenuos, ni devoramos sin masticar esas estrategias reprochables. Piensen de nuevo, para no caer en la terquedad irreflexiva.

Pero hay otro lado de los acontecimientos que igual demanda aplicar la sentencia de Grant que motiva esta opinión, y es la de exigir con énfasis a todos los aspirantes que nos muestren sus expresiones reformistas indispensables para que el carro en el que avanza la sociedad colombiana pase por unas reparaciones inaplazables. Su motor, con pistones desgastados, requiere atención; pero no es ninguna entrada a mantenimiento preventivo. Es una revisión de los engranajes del poder político que le devuelva la potencia para emprender este ascenso en la carretera destapada que tenemos por delante. No son vías expeditas las que enfrentará cualquiera que llegue a la presidencia. Como conductor de la nave, deberá pasar al tablero a cada una de las ramas del poder público, sobre las cuales se desplaza la vida nacional. Los vicios superan las virtudes en extremo. Y la sincronización con la senda de progreso con justicia social debe plasmarse desde ya en sus compromisos con la gente.

¿Cómo podemos avanzar en medio de una justicia que dilata selectivamente sus decisiones? ¿Cómo haremos para que la política recupere la senda de los hombres sabios en las curules y las ambiciones sean por servir y no por servirse del erario público? ¿Cuándo recuperaremos la credibilidad perdida en tantas instituciones que atrasan los programas a su cargo por motivos que ni siquiera la peor burocracia comunista imaginaría?

¡Es la reconstrucción, estúpido!, para parafrasear el lema de campaña de Clinton. Para ella, los candidatos deben partir de la base de que no queremos que haya hipotecas mentales. Que debemos evitar como personas racionales entregar nuestros procesos de análisis a unas caudas desbordadas o no comprometidas con la reconstrucción del país.

Nelson R. Amaya

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