UNA MIRADA EN PERSPECTIVA HOY DE SAN JUAN DEL CESAR

Si como buen proyectista quisiéramos dibujar en perspectiva el municipio de San Juan del cesar, a ligeros pincelazos nos encontramos con la dura realidad de la violencia que azota al país. Este municipio que fuera un remanso de paz y emporio de dulces canciones, hoy vive una ola de inseguridad ciudadana que pone en angustias y tribulaciones a sus habitantes. Hay muchos temores en la ciudadanía que diariamente sale a ganarse el sustento con el sudor honrado de su frente para levantar a su familia y sobrevivir con dignidad. Nuevamente la violencia se toma sus calles y se manchan con sangre las piedras y la arena de este pueblo. Se ha interrumpido la paz del pueblo de compositores en esta coyuntura social que vive nuestro país, hoy no se escuchan serenatas, ni canciones nocturnas, ni guitarras ni acordeones. Sus calles están desoladas, las fiestas carnestolenticas fueron canceladas por la inseguridad y alteración del orden público al no existir las garantías para las tradicionales fiestas del rey Momo.

Mucho temor y desconcierto rodea a las familias raizales y tradicionales, que no saben lo que ocurre, y con escepticismo se ponen las manos en la cabeza con el ceño fruncido de desconsuelo, ante la impotencia por el trago amargo que estamos viviendo como sociedad. Muchos de nuestros jóvenes cayeron en enfermedades mentales, depresión, drogadicción, alcoholismo, y hasta engrosaron las filas del bajo mundo. Otros, los estamos viendo caer como racimos del árbol de la vida, cegada su luz por la violencia que hace carrera ante la mirada inerme de la sociedad. Estamos perdiendo el divino tesoro de la juventud sanjuanera. Jóvenes que debieran estar ejecutando magistralmente un acordeón o una guitarra o cantando una serenata en un viejo ventanal, hoy se los lleva a la eternidad esta violencia que vive nuestro pueblo. Atrás queda en el recuerdo aquel pueblo al que le cantaron los maestros Diomedes Díaz, Máximo Movil, Hernando Marín, Luis Egurrola y Juancho Roís. Ese pueblo que alzo con el cetro y la corona en el reinado nacional de la belleza a María Teresa Egurrolla, nuestra insigne y orgullosa reina hasta la eternidad. Hoy solamente el recuerdo del ayer perdura, de aquel pueblo culto y de porte señorial que hicieran célebres sus hijos beneméritos como José y Eduardo Lacouture, El Mister Brito, Práxedes Bolaño, José Eduardo Guerra y Zenobia Orozco.

No todos los ciudadanos entienden lo que ocurre en el diario acontecer de nuestro pueblo, donde cada mañana al levantarse hay gente esperando saber quién será el próximo en esta procesión de difuntos. La lengua sanjuanera especula, dice y desdice, pero no hay claridad meridiana sobre los hechos de violencia que azotan al municipio. La autorregulación del territorio y el control del orden público por parte de las autoridades y la fuerza pública se viene desbordando y saliendo de las manos. Muchos opinan en medio del temor y el miedo y exigen explicación a las autoridades por las lágrimas derramadas por las familias afectadas. Otros ciudadanos plantean soluciones en los programas de opinión con las líneas abiertas para que se tracen caminos de orden y seguridad para que cese la violencia, pero sin ningún planteamiento estratégico ni direccionamiento coherente.

San Juan vive unas de sus noches más oscuras y tenebrosas esperando que pronto cese este horrible panorama que transitoriamente se ha tomado el municipio y viene enlutando muchos hogares. Se espera que vuelvan a sonar las guitarras y acordeones y sus más fieles exponentes musicales vuelvan a cantarle a su musa y su celestina para seguir engrandeciendo el nombre de este pueblo. El sueño de que regrese la costumbre sanjuanera de entregar el corazón y la demostración del amor mediante una serenata sigue latente. Reemplazar el canto de las detonaciones por la voz del cacique de la junta, el jilguero de américa o el pulmón de oro, sigue como ayer a la luz del día.

San Juan es un pueblo alegre y entusiasta, de gente amable y hacendosa, con espíritu solidario, cívico y altruista, que esperan hacer de este un atractivo destino turístico y de inversionistas. Pero indudablemente, que hoy esta tierra de promisión, que le rinde culto a la familia como a la amistad, ven en riesgo su paz y tranquilidad con los recurrentes escenarios de muertes violentas que rompen el diario acontecer de la población. Hoy San Juan ahoga en su garganta un grito sordo y amortiguado de paz y sosiego en su territorio. 

  

Rafael Humberto Frías

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