UNA OPORTUNIDAD DE CAMBIO

¿Para qué sirve la asistencia técnica si no transforma una finca en una explotación productiva y rentable? La pregunta importa porque el Gobierno formula el Plan Nacional de Desarrollo 2026-2030. Es la oportunidad de cambiar los instrumentos agropecuarios; repetir lo mismo prolongará los mediocres resultados del desarrollo rural.

Colombia tiene más de 584.000 pequeños ganaderos, con unos 21 animales en promedio. Tienen tierra y experiencia, pero les falta capital y acompañamiento. Igual ocurre con millones de agricultores poco tecnificados y sin crédito. No basta financiar una cosecha: necesitan orientación para producir con eficiencia, reducir riesgos y vender mejor.

El Informe Nacional de Competitividad 2025-2026 recuerda que apenas el 16,5 % de las unidades productivas recibe asistencia técnica. Sin conocimiento y financiación la tierra difícilmente se convierte en progreso. En 2025 el Fondo Agropecuario de Garantías pagó $646.165 millones por siniestros. Inciden el clima y los mercados, pero debemos preguntar cuánto podría prevenirse con asistencia y seguimiento. Una garantía pública no sustituye un negocio viable: financiar conocimiento con capital protege al productor y al Estado.

La propuesta es concreta: cada intervención técnica debe identificar mejoras y, cuando haya viabilidad, traducirse en un proyecto productivo con crédito apropiado. El desembolso debe iniciar el control de la inversión y el acompañamiento para que el proyecto produzca, el productor pague y mejore su vida.

El PND debe fijar una línea de base y metas verificables. En ganadería pueden medirse natalidad, mortalidad, leche, ganancia de peso, carga animal, costos e ingresos; en agricultura, rendimientos, calidad, pérdidas poscosecha y comercialización. No basta contar visitas, talleres o créditos: importa cuánto mejoró la vida del productor.

FEDEGÁN no improvisa. ASISTEGÁN tiene experiencia y trabajamos con el Banco Agrario para articular asistencia, proyectos y financiación. Desde 2020 pedimos a Finagro incorporar ese apoyo al crédito. La ADR puede articular pilotos regionales con el Ministerio, Finagro, el Banco Agrario y los gremios.

No hace falta otra burocracia, sino coordinar instrumentos y evaluar resultados. Así se podría producir más con la misma tierra, mejorar los ingresos familiares y reducir riesgos para los fondos públicos y los bancos. El desafío es construir una clase media rural: si el 82 % de los productores son pequeños, la política debe permitirles acumular activos y dinamizar sus municipios.

Hay que mirar al pequeño productor como empresario rural. Necesita crédito y proyecto; asistencia orientada a resultados; mercados, infraestructura, conectividad y reglas para planear. Es un deber inaplazable. La transformación rural no consiste en administrar la pobreza, sino en crear las condiciones para generar riqueza, prosperidad y desarrollo.

 

José Félix Lafaurie Rivera

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